Un día en la vida de una traductora autónoma

Riiiing, riiiiing, riiiiing… El despertador es muy ruidoso, suena a las seis y media de la mañana, eso cuando no hay mucho trabajo, porque también puede sonar a las seis. Mi media naranja duerme, ¡angelito! En zapatillas y pijama, paso por el cuarto de baño para hacer pis. Pongo en marcha el ordenador y, mientras se despereza y hace sus abluciones matutinas, me tomo un vaso de leche de soja tranquilamente sentada en el comedor. ¿Qué temperatura tenemos hoy? Tres grados, brrrrr, ¡no saldré hasta mediodía! En cinco minutos estoy delante de la pantalla, miro el correo y quizá contesto alguno, si es necesario. Echo un vistazo a los periódicos digitales. Bueno, empieza un nuevo día, ¿qué tengo que hacer hoy?

Miro la agenda, de papel. No he quedado con ningún editor, no tengo que presentar el IVA ni nada, así que adelante, vamos a trabajar. Todo está controlado, tengo tiempo y me pongo a teclear despacio; abro todos los diccionarios y bajo del estante los de papel; busco todo lo que me ofrece la más mínima duda y me entretengo aprendiendo cosas nuevas que no vienen a cuento pero están en la misma página del diccionario o en una página de Internet que me parece interesante. Para mí, eso es lo bueno de la traducción, que puedes aprender cosas continuamente, de ámbitos muy diferentes. El tiempo pasa, ¡eso siempre ha sido lo malo! Mi marido se ha levantado ya y se prepara el café. Huele bien. Le doy unos cariñosos buenos días y sigo. Ventilamos el dormitorio y hacemos la cama. Se va y me quedo sola. Sigo traduciendo. ¡Las nueve! He traducido cuatro páginas del libro, no está mal, es todo lo que quería hacer hoy con este libro. Es interesante, me gusta, lo ha escrito un paleontólogo. Me entero de cómo están las cosas en el tema de nuestros ancestros. ¡Ahora una pausa!

Hago unos estiramientos, gimnasia o yoga, un cuarto de hora. Hay que moverse de ver en cuando. Me preparo un té verde, abro las ventanas para ventilar la casa, riego las plantas, las únicas, aparte de mis colegas virtuales, que me acompañan durante todo el día. El té ya está listo, me lo bebo mientras termino de traducir un documento que tengo que entregar pasado mañana. Hoy lo acabaré y mañana lo corregiré, ¡genial! No es interesante, pero se aprenden palabras nuevas. Es un catálogo de productos que se venderán por correo o por Internet. Visito el cuarto de baño para lavarme la cara y los dientes. ¡Continuemos!

Son las diez de la mañana. A esta hora, las listas de traducción empiezan a activarse. Me leo algunos mensajes. ¡El día se presenta tranquilo! ¿Me atrevo a entrar un ratito en Twiter? Sí, siempre me entero de algo interesante. Los tuaregs de Mali están en pie de guerra, el cyberprofesor ha puesto unos ejercicios de francés muy interesantes, hago algunos, leo un informe sobre la situación del libro electrónico en España, Pablo Muñoz está twiteando en directo unas jornadas de traducción en algún lugar de España. Suena el teléfono. ¡Vaya, un trabajito urgente! Para mañana, bueno, vale, es corto. Cuelgo y suena de nuevo, pero esta vez con los de Jazztel, ¡qué pesadez! Les digo que vivo en un planeta lejano, de la estrella Sirio C. ¿Ofrecen servicio allí? Mis comunicaciones con la Tierra son caras con las compañías locales. ¡Consigo que me cuelguen! Sigo con mi catálogo. Me faltan dos frases para acabar cuando sueña de nuevo el teléfono. Es un editor. Me dice que ya tiene las correcciones del último libro que les traduje, que si las quiero ver. No son muchas. Sí, claro que las quiero ver. Vale, me las manda mañana por mensajero. Estupendo. ¿Cómo va todo? ¡Bien, bien, espero tener pronto otro libro para ti! ¡Genial! Acabo las dos frases del catálogo mientras charlamos un poco sobre la situación actual, tecleando con suavidad para que no se dé cuenta.

Pongo una lavadora y limpio un poco. ¡Ya son las doce! Todavía tengo que traducir uno de los tres artículos de la revista de neumología esta mañana. No me dará tiempo a terminarlo. ¡Y hoy me toca gimnasio! ¿No voy? ¡De eso nada, hay que hacer ejercicio! Sí, pero el trabajo es lo primero. Iré, iré. Me voy ya. Preparo rápidamente la bolsa, repaso la cocina para ver si falta algo que pueda comprar de regreso, meto en una bolsa algunas botellas para echar en el contenedor y salgo. Aprovecharé para pasar por la biblioteca, devolver un libro y coger otro que quiero leer para otro libro que empezaré a traducir pronto. El día se está volviendo un poco caótico, como siempre. ¡Y yo que quería tener tiempo para escribir una entradita en el blog! ¡Y para leerme otro capítulo de 60 problemas de gramática. ¡Y de ver el DVD La femme aux 5 éléphants! En el gimnasio, hago 20 minutos de bicicleta estática, 20 minutos de bicicleta elíptica y unas máquinas para reforzar la musculatura de brazos, piernas y espalda, acabo con unos estiramientos y a la ducha.

Cuando llego a casa, cargada con el libro y la bolsa de la compra, además de las cosas del gimnasio, ya son las dos menos cuarto. Me preparo rápidamente una ensalada, la espolvoreo con unas semillas de sésamo y le hecho ajo cortado muy pequeño (no tengo que ver a nadie hoy). De segundo, un trozo de salmón fresco. Un par de piezas de fruta y listo. Me voy al comedor con todo y pongo la tele para ver las notis. ¡Son las dos! Después de comer y lavar los platos, me tumbo en el sofá con un libro, me leo un par de páginas y me quedo frita diez minutos o un cuarto de hora. ¡La siestecita no me la quita nadie! A las tres, estoy lista para seguir. ¿Y ahora qué?

Tengo un mensaje de un posible cliente que me pide un presupuesto para la traducción de un documento. ¡Vaya, eso hay que hacerlo ya! Bueno, lo hago y se lo mando. Me pongo con la traducción del artículo de medicina. Es interesante y no me crea problemas, así que avanzo deprisa. Hasta que me llama un colega. ¡Vaya, me alegro de charlar un poco con alguien! Tiene una duda sobre tarifas y hablamos de ello. También hablamos de lo que estamos traduciendo y de cómo están las cosas. ¡Da gusto! Pero tenemos que seguir. A las seis, mi culo me dice que hace tres horas que no lo muevo. ¡Arriba! ¿Qué puedo hacer para moverme un poco? ¡Ostras, he olvidado tender la ropa! Bueno, eso me permitirá hacer unos movimientos. Aprovecho para limpiar un poco la galería. Me preparo una infusión y me como unos frutos secos. ¡Seguimos! El cliente que me ha pedido el presupuesto no dice nada, claro, ¡faltaría más! Decido olvidarme.

Termino el artículo de medicina, que mañana corregiré, y me pongo con el documento urgente. Es difícil, me obliga a buscar textos paralelos y a consultar muchos diccionarios especializados, pero lo termino. Mañana lo corregiré también. Me miro el correo y descubro un mensaje de una editora que me ofrece una novela. ¡Una novela! Le contesto al instante. ¡Ya lo creo que me interesa! Bueno, no le pongo tanto entusiasmo, vamos a ver primero las condiciones. Me ofrece un contrato decente y 10 euros por página. ¡Vaya, le diré que por lo menos 12! Me contestará mañana, porque ahora ya se habrá ido a su casa. ¡Que ilusión, una novela por fin! ¿De qué irá? ¿Quién será el autor? Son las ocho. Mi culo se vuelve a quejar justo cuando suena el móvil. Es mi media naranja. Dice que ya anda por el barrio y que se va un rato al gimnasio, a nadar. ¿Tiene que comprar algo? Sí, un poco de fruta y jabón para la ropa. Vale.

No he leído más que dos páginas antes de la siesta, no he escrito la entrada del blog… Muchas cosas que me había propuesto no he tenido tiempo de hacerlas, ¡pero me han ofrecido una novela! ¡Estoy contenta! A las nueve, la puerta me dice que mi marido ha llegado. Mientras preparamos la cena, charlamos sobre cómo nos ha ido el día. ¡Pero el ordenador sigue en marcha! Antes de cenar, le echo el último vistazo y contesto algún correo. ¡Y cierro! Una cena ligera y un poco de tele. Una serie de esas americanas tan previsibles que me eclipsan las neuronas y me sumergen en un dulce sueño relajante. Una vez en la cama, media hora de lectura hasta que se apaga la luz, a las doce. ¡Se acabó el día, mañana más!

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18 respuestas a Un día en la vida de una traductora autónoma

  1. Teo Gómez dijo:

    Mientras tanto, uno se pregunta qué será de nosotros en este mundo tan incierto a la vez que se unta una tostada con mermelada y mantequilla y hojea el National Geographic para ver si hay un reportaje sobre algún lugar todavía virgen y desconocido en el planeta sobre el que se pueda soñar. Gracias, Nuria, por tu generosidad.

  2. Gracias por el artículo, estoy en mi último semestre de traducción y ésto me ayuda mucho a cómo podría ser mi futuro laboral.
    Mil gracias.
    Saludos desde Chile

  3. Mercedes dijo:

    Esta es una entrada muy tierna y me ha gustado mucho 🙂 Aun así, sigo planteándome si yo serviría para una vida en la que no hay compañeros de trabajo, hay soledad continua y las novelas, en el caso de que aparezcan, lo hacen de guindas a brevas.
    ¿No llega a ser demasiado monótono? No el trabajo, pues cada traducción es diferente, sino la rutina de estar en casa, ir a la compra y al gimnasio… ¿no echas de menos unos pasillos bulliciosos (o no tanto), encontrarte con compañeros, enterarte de cotilleos, etc… todo esto en persona? Porque soy consciente de que las redes sociales permiten estar al día de todo, pero ¿y el cara a cara? ¿No te cuesta sacrificarlo?

    • Nuria Viver dijo:

      Para mí, lo bueno de los días de un traductor, al menos en mi caso, es que ninguno es igual al siguiente. He descrito un día bastante cargado de trabajo, pero los hay todavía más cargados, con trabajo hasta la madrugada, y también los hay completamente vacíos, sin nada que traducir. Otros están llenos de bullicio, no por los pasillos de una oficina, ¡qué horror!, sino en la sala de una librería donde se presenta un libro y una se encuentra con colegas de diferentes asociaciones o de la facultad, o durante un curso, o en unas jornadas. ¡Voy a escribir una entrada de uno de esos días! Cada uno puede montarse su vida como le guste, ¡algo que no puede hacer una persona que trabaja ocho horas fuera de casa! Puedo asegurarte que la vida de un traductor lo es todo menos monótona. ¡Y algunos no paran de traducir novelas!
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.

  4. Allyson dijo:

    Me encantó el artículo, soy estudiante de traducción y lo que más deseo es poder tener una vida así… por lo mismo decidí estudiar esta carrera, sé que me falta mucho por recorrer, pero espero lograrlo algún día.

    Saludos

    • Nuria Viver dijo:

      Te deseo mucha suerte, Allyson. La verdad es que me gusta esta vida. Trabajé como médico en un hospital y sé lo que es la presión que te cae encima un día tras otro. Ahora hago el trabajo a la hora que quiero, puedo irme de compras un martes por la mañana y traducir un domingo durante todo el día. ¡Es genial! Lo malo es que a veces no tienes todo el trabajo que te gustaría o tienes demasiado, pero se aprende a vivir con eso. Te deseo mucha suerte en tus inicios.
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario.

      • Allyson dijo:

        Muchas gracias Nuria, es agradable leer (ver) lo satisfactorio que se torma esta vida, ademas traducir una novela… un sueño dificil de lograr para mi, vivo en un país donde la traducción tecnica cientifica es lo que se usa y no la literaria que es lo que me gusta. Pero no me desanimo y sé que podré tener lo que deseoñ
        Saludos

  5. Nadia dijo:

    A mi también me ha gustado mucho el día que has descrito. Siempre he soñado con tener una vida como ésta: quedarte en casa trabajando; haciendo las pausas que necesitas, sin que nadie te diga lo que hay que hacer…
    Estoy estudiando traducción, pero todavía me quedan bastantes años para terminar la carrera. La verdad, empecé esta carrera por que me gustan mucho los idiomas y sin tener una idea fija de qué trabajar cuando salga. Pero cada vez me gusta más la traducción, creo que he nacido para eso 😉
    Tengo algunas dudas:
    1- Me gustaría saber, por ejemplo, por una novela cuánto dinero se cobra (más o menos). También otros tipos de documentos.
    2- ¿Tú trabajas por una empresa o es un trabajo que te lo montas sola? Por ejemplo, trabajando en casa, ¿cómo lo haces para que se pongan en contacto contigo?

    Espero que me puedas responder. De traductora a futura traductora 🙂

    Muchas gracias!

    • Nuria Viver dijo:

      Me alegro de que te guste traducir. Es un buen trabajo, pero no todo el mundo soporta la vida de autónomo, con sus altibajos y sus incertezas. Claro que puedes trabajar para una agencia, con un salario, y entonces tienes el dinero seguro. Te contesto las preguntas a tu mail, para no alargar mucho esto.
      Muchas gracias por tu comentario y mucha suerte.

  6. Nadina dijo:

    Muchas gracias Nuria por tu respuesta. Me has aclarado algunas dudas.
    Me gusta tu blog, lo iré siguiendo 🙂

    p.d: aprovecho para corregir el nombre que he puesto en mi primer comentario: mi nombre es Nadina 🙂

  7. No sé si la organización que describes en el artículo es real o licencia literaria, pero ¡felicidades en cualquier caso! 😉 Aquí uno que lleva no sé cuántos años intentando organizarse y fracasando miserablemente.

    • Nuria Viver dijo:

      La verdad es que unos días salen mejor que otros, ¡pero nunca salen como los planifico! El caso es seguir adelante y disfrutar con el trabajo en la medida de lo posible. ¡A lo mejor, si no intentas organizarte te va bien! Gracias por tu comentario.
      Abrazos.

  8. Bárbara dijo:

    Antes de dejar este comentario he leído hasta cuatro veces la entrada para poder saborear el día a día del traductor autónomo. Como decían por ahí arriba, siempre me he imaginado con una vida como la que describes, ¡y más todavía traduciendo novelas!

    No solo me has hecho soñar durante unos minutos sino que también me has recordado cómo y porqué llegué a estudiar TeI 🙂

    Saludos de una aún estudiante.

    • Nuria Viver dijo:

      Me alegro de que hayas disfrutado con el articulito, Bárbara. La verdad es que no hay dos días iguales para un traductor, quizá eso es lo bueno, sobre todo si no te gusta la monotonía. Unos días suena el teléfono continuamente y otros ni una sola vez, unos días tienes mucho trabajo y otros ninguno, unos días disfrutas con lo que traduces y otros te aburres. ¡Quizá eso es lo bueno! ¡O quizá lo bueno es que siempre aprendes algo!
      Mucha suerte con los estudos y los inicios.
      Nuria

  9. M. dijo:

    Perdón por plantear un comentario un tanto fuera del tenor del artículo, me gustaría saber dónde se puede conseguir el documental sobre la traductora Svetlana Geier. Estoy intentando comprarlo, pero no lo encuentro.

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