Un día sin trabajo en la vida de una traductora autónoma

Riiing, riiing. El despertador suena hoy a las siete en lugar de a las seis y media o a las seis, porque hoy no tengo nada de nada para traducir, una situación cada vez más frecuente en los últimos años. Desayuno tranquilamente con mi pareja, después de poner en marcha el ordenador. Hojeo un National Geographic viejo y sueño un rato con un viaje a Madagascar. Cuando me quedo sola, me siento ante mi querida herramienta de trabajo, el ordenador, ¡a ver qué hacemos hoy!

Primero veamos los mensajes, no sea que tenga algún encargo. ¿A las ocho de la mañana? Bueno, quizá venga de Canadá… ¿Tengo algún cliente al otro lado del charco? ¡No, ya me gustaría! No hay nada interesante en el correo, solo los mensajes de los portales de ofertas de empleo, ¡sin empleos para mí!, las noticias, casi siempre malas, de la prensa, academias que me ofrecen diferentes cursos y poco más. Las listas de traducción están dormidas, por la hora y por la crisis. Miro por la ventana; el cielo es azul, parece que será un día magnífico de principios de primavera. Todavía no han llegado los vencejos ni las golondrinas, pero los árboles parece que ya quieren empezar a sacar sus hojitas, después de las últimas lluvias. ¡No voy a deprimirme, voy a ser positiva!

Entro en Linkedin y mando unas cuantas invitaciones; hago lo mismo en Viadeo. Entro en Twitter y me repaso los enlaces interesantes. Golpe de Estado de Malí, elecciones movidas en Senegal, los de la Fondeu dicen que no hay que decir «uso horario», sino «huso horario», ¡qué descubrimiento! El cyberprofesseur ha colgado unas preguntas interesantes sobre gramática francesa; les dedico unos minutos. Entre unas cosas y otras, son las nueve. Me preparo un té y, mientras se hace, riego y cuido un poco las plantas de mis ventanas. ¿Algún mensaje? No, nada de nada. Me tomo el té mientras pienso qué hago. Me voy a los favoritos, donde tengo la lista de portales de empleos, y los repaso de uno en uno. Algo hay, así que, una vez más, les mando mi CV, con una cartita de presentación. ¡Cruzo los dedos cuando sale el mensaje!

Ya son las diez de la mañana. Me pongo a limpiar el cuarto de baño y paso el aspirador. De vuelta ante el ordenador, me dedico a recordar a algunos editores y clientes que existo. ¿Algo para traducir? ¿Alguna perspectiva de libro interesante? Me contestan todos en pocos minutos. No, nada de nada por el momento, pero quizá en unas semanas habrá algo. Sigo con mi campaña de buscar clientes en el extranjero y mando algunos CV a Francia, Bélgica, Suiza o Canadá. Relleno un formulario de una agencia de traducción francesa, otro de una belga y otro de una canadiense. ¡Buf, eso de rellenar formularios es agotador! Suena el teléfono, ¡Oh!, ¿será una traducción? ¡No, es una mujer muy agradable que quiere venderme el vino de sus viñas! ¡Increíble! No soy maleducada con ella, al contrario, pero no quiero comprar vino.

Han llegado algunos mensajes de listas de traducción, me los leo. ¿Qué hago ahora? Voy a traducir un poco de ese libro maravilloso de Amin Zaoui. Nadie me lo ha pedido, claro, pero quizá algún día alguna editorial se decidirá a aceptarlo. ¿Por qué las editoriales dicen siempre que aquí a nadie le interesa la literatura africana? ¿Será verdad? Amin Zaoui es argelino y sus libros son muy buenos, al menos a mí me encantan. Pura poesía en prosa que te sumerge en la vida de este desconocido país del norte de África. Tendría que repasar la historia de Argelia; tengo un libro sobre el tema. ¡Esta tarde! No me doy cuenta y ya son las doce. ¿Correo? ¡Nada de nada! Miro por la ventana, ¡menudo solecito agradable! ¡Me voy a dar una vuelta!

Me preparo una ensalada de lentejas y la meto en una fiambrera, cojo una naranja y agua, un tenedor de plástico y un paquete de klinex. Zapatos adecuados, mochila, gorra ¡y nos vamos a caminar! Cojo el metro, luego los ferrocatas y me planto en la Carretera de les Aigues. Allí no hay coches ni ruido, solo algunas personas corriendo, en bicicleta o caminando tranquilamente. Se ve toda la ciudad, con el mar al fondo. Camino durante más de una hora hasta una fuente en medio del bosque y allí me como lo que llevo. Después, regreso a casa. ¡Me he oxigenado y veo la vida de otro color! No todo es trabajo, ¿verdad? Sí, pero…

Me tumbo unos minutos para descansar y me quedo roque un cuarto de hora. Son las cuatro. ¿Algún mensaje interesante? Sí, pero no de trabajo. Dedico el resto de la tarde a la lectura: Por el bien del Imperio, de Josep Fontana, una interesante historia mundial desde 1945,  Le poisson et le bananier. Une histoire fabuleuse de la traduction, de David bellos, superinteresante. No me doy cuenta y ya son las nueve. Llega mi media naranja, preparamos juntos la cena y charlamos un rato. Bueno, voy a apagar el ordenador, ahora ya no llegará nada. ¡Oh, alguien me pregunta si estoy disponible para una traduccioncita! ¿Quién será? ¿Qué tarifas aceptará? Y lo más importante, ¿pagará? ¡Es raro que trabajen a estas horas! Bueno, responderé, ¡nunca se sabe!

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12 respuestas a Un día sin trabajo en la vida de una traductora autónoma

  1. aejp dijo:

    Buenas noches:

    Si bien hace poco que te leo, debo afirmar que le estoy cogiendo el ‘gustillo’ a tu blog. Supongo que tendrá tu forma de escribir y lo meticulosa que eres con la puntuación.

    La entrada ha sido genial y no solo nos da una idea de cómo disfrutar de un día sin trabajo, sino como aprovecharlo para hacer otras cosas que también son importantes de cara a mejorar nuestras condiciones como profesionales.

    Es por todo esto que me animé a escribirte algo, para no dejar pasar la ocasión de felicitarte por tu blog.

    ¡Un saludo!

    • Nuria Viver dijo:

      Muchas gracias por animarte a escribir. Me alegro de que te guste el blog. Desde luego tienes razón, hay que intentar aprovechar los días sin trabajo para hacer las cosas que no tenemos tiempo de hacer cuando hay mucho que traducir o corregir, pero también para alejarnos un poco del trabajo, salir, leer, disfrutar de la vida, hacer planes. Lo malo es tener muchos días como este y dejarse vencer por el desánimo.
      Un abrazo.

  2. Alice dijo:

    Una entrada muy agradable, Núria. Todos los traductores autónomos hemos vivido (o estamos viviendo) muchos días así… Es importante (como bien haces) aprovecharlos para mandar currículums, mirar ofertas, informarse, leer, pasear… Una manera sana de aguantar los días sin trabajo, ¡y hasta sacarles provecho! Salir a dar una vuelta fuera es un recurso buenísimo para romper con la monotonía y llenarse de energía. ¡Un saludo!

    • Nuria Viver dijo:

      Cierto, parece que el trabajo ahora viene en oleadas, es más irregular si cabe que antes. ¡Hay que aprovechar para hacer lo que nunca tenemos tiempo de hacer! Sobre todo para buscar clientes mejores.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

  3. Un día sin trabajo de vez en cuando es lo mejor, da para hacer muchas cosas, ir al mercado, arreglar cosas en casa, leer… y ayuda a liberar la mente para el próximo día duro de trabajo, ¿no?
    ¡Un saludo!

  4. Mónica Sánchez dijo:

    Gracias, Nuria, por esta entrada. Me reconforta ver que los profesionales más asentados también tienen días de esos… (tampoco creo que nadie pueda sobrevivir al otro “día en la vida de una traductora” que describiste si todos fueran así).
    Me has dado ideas para hacer yo también, como registrarme en viadeo, que no la conocía.
    ¡Un saludo!

  5. Nuria, yo también te doy las gracias por la entrada. No soy autónoma y aún no tengo claro qué haré cuando acabe los estudios, pero leer cosas así me ayuda a imaginarme un poco qué tipo de vida se lleva.

    Yo opino que esos momentos en los que no llegan encargos hay que aprovecharlos al máximo, y hacer todo aquello que nos permite llevar una vida humana: salir, distraernos, leer, hacer ejercicio, y en definitiva, hacer todo lo que nos apetezca. También es recomendable aprovechar para llevar a cabo ciertas responsabilidades, pues eso también es presión que uno se quita de encima y mejor hacerlas sin plazos de entrega en medio. El caso es que no todo es pasarse el día encerrada frente al ordenador y trabajando, hay que disfrutar de esos momentos, pues más de uno querría poder tenerlos.

    Si este tiempo se excede, por supuesto, deja de ser algo relajante. Pero ahí lo único que podemos hacer es procurar ser optimistas, ver la vida como algo más alegre y como algo que te depara rachas buenas y rachas malas: yo creo que si uno se esfuerza durante una racha mala y persevera, los resultados se acabarán notando.

    Te felicito también por el blog, me lo apunto en la lista.

    ¡Saludos!

    • Nuria Viver dijo:

      Muchas gracias, Laura. Te deseo mucha suerte en tu carrera y un buen inicio en la actividad profesional, sea la que sea, ¡y pocos días sin trabajo, pero sí algunos! ¡Ay, el equilibrio, qué difícil!
      Un abrazo.

  6. Hola Nuria, enhorabuena por la entrada, me ha gustado mucho y como ya veo que no soy la única, nos hemos visto muchos identificados con este tipo de días.
    Por cierto ya te preguntaré sobre alguna recomendación literaria que vuelvo a España a finales de abril y me gustaría comprar algunos libros aquí en Francia, ok?
    Un saludo 🙂 (te difundiré)
    Loreto

    • Nuria Viver dijo:

      Me alegro de que te haya gustado, Loreto. La verdad es que los traductores siempre hemos tenido días de poco trabajo, pero ahora, con la crisis, yo diría que han aumentado, al menos para mí es así. ¡Solo espero que no sigan aumentando!
      Puedes escribirme al mail cuando quieras.
      Un abrazo.

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