Unos días en Burgos y Atapuerca

¡Bonita ciudad, Burgos! No la conocía y estuve allí unos días, sobre todo para visitar el Museo de la Evolución y los yacimientos de Atapuerca, pero encontré otros tesoros. Me llevé el ordenador, claro, y un poco de trabajo; siempre se pueden dedicar unas horas a traducir, por la mañana temprano o por la noche. Viajar y traducir me encanta y además tengo la sensación de que lo que hago durante el viaje me está pagando los gastos… ¡Y viajar me parece muy importante para el traductor, sobre todo si se hace en transporte público! Viajar nos permite cambiar de aires, oír cómo habla y qué dice la gente, ver lugares interesantes que nos pueden aportar información a la hora de traducir y, por qué no, airearnos, disfrutar, pasear… Los autónomos tenemos esa ventaja, podemos trabajar donde sea, siempre que tengamos las herramientas adecuadas, básicamente un ordenador portátil y una conexión a Internet también portátil, si no nos fiamos de los wifis.
Pero volvamos a Burgos. Desde Barcelona, es fácil llegar en tren; es el que va a Vigo, pasando por Tarragona, Lérida, Zaragoza, Pamplona y Vitoria, un recorrido de lo más variado en cuanto a paisajes. Hay un tren que sale a las 9:20 h y llega a las 15:19 h, un buen tren, con mesita para poder trabajar un poco. Desde Madrid también es fácil, claro, se llega en unas dos horas y media cortas. La estación de Burgos está a más de cinco kilómetros de la ciudad, pero se puede coger un bus o un taxi sin problemas. Por Burgos, pasa el Camino de Santiago, por lo tanto, la oferta de alojamientos es de lo más variada y están muy bien de precio. Para buscar alojamiento, he descubierto Kayak, un portal de esos que te buscan avión, hotel, etc.
Cuando llegué, me topé con algo que no conocía, la Noche Blanca, que celebran una vez al año en primavera y en la que se puede entrar gratis a los edificios históricos, desde las nueve hasta las doce de la noche. También hay música y espectáculos de luces por las calles. Bueno, no sé yo si esto es muy adecuado en la época de crisis por la que estamos pasando, pero en fin… yo la aproveché para visitar la catedral, una verdadera maravilla, Patrimonio de la Humanidad, y otros edificios históricos. Callejear por los barrios antiguos vale la pena, tanto de día como de noche, y también pasear por las orillas del río Arlanzón. Burgos se encuentra a casi mil metros de altitud, o sea que, en primavera, hace fresquito por la noche y por la mañana, pero el resto del día la temperatura es de lo más agradable y la luz muy intensa.
Una visita obligada es el Museo de la Evolución, que se encuentra en un edificio horrible, para mi gusto, pero que por dentro es de lo más interesante. La base de su contenido son los yacimientos de Atapuerca cercanos, donde se han encontrado restos de una especie bautizada como Homo antecessor (el hombre explorador), muy antiguos (unos 800.000 años), los más antiguos del género Homo en Europa, si no tenemos en cuenta la nueva especie que descubrieron allí en la campaña de excavaciones del año pasado, que todavía no tiene ni nombre y es más antigua aún. También hay restos de Homo heidelbergensis, no tan antiguos, y de Homo sapiens, nuestra especie. Pero el museo no sólo nos permite conocer los hallazgos y todo lo relacionado con los yacimientos de Atapuerca, también presenta la evolución general de los homínidos, de una forma agradable y didáctica, con restos reales o reproducciones, así como otros aspectos de la evolución animal, la evolución del cerebro y la de las herramientas, con nombres tan poco comunes para los profanos como bifaz, raedera, núcleo, lasca, etc. Me pareció muy interesante una pequeña sección destinada a las diferentes teorías sobre la evolución de las especies. En la planta superior, hay una librería bastante grande, ¡en la que no tuve tiempo de entretenerme, por cierto! ¡Otra vez será!
Los yacimientos de Atapuerca pueden visitarse, aunque hay que reservar la visita antes, porque no es posible entrar por cuenta propia, hay que hacerlo con un guía y en grupo; te llevan en autocar desde el museo. Estos yacimientos se encuentran a lo largo de la vía de un ferrocarril que construyeron los ingleses para extraer minerales; la excavación para las vías puso al descubierto una serie de cuevas, donde se encontraron estos importantes restos. El camino por el que transcurre la visita es esta antigua vía y a ambos lados se observan las excavaciones, con todo su tinglado de andamios, cartelitos, etc., tal como lo dejan los arqueólogos cuando se marchan después de cada campaña veraniega. Aparte de las explicaciones del guía, es muy interesante ver cómo es en realidad el lugar de trabajo de los especialistas que trabajan en estos yacimientos, las cuadrículas de un metro cuadrado que señalan en el suelo para analizar los restos y los letreritos con bolsita de plástico que colocan en los estratos verticales para guardar los restos. Los descubrimientos de estos yacimientos han cambiado en gran medida las ideas sobre los primeros pobladores de Europa, la especie a la que pertenecían y su procedencia, tanto es así que la UNESCO ha declarado el conjunto de los yacimientos Patrimonio de la Humanidad.
Burgos tiene otra pequeña joya que descubrimos por pura casualidad, callejeando. Se trata del Museo del Libro, nada menos, un museo privado que pertenece a una editorial, Siloé, que se dedica a la edición de facsímiles. El museo tiene cuatro plantas y muestra la historia del libro. Se empieza por la planta superior y se va bajando. En la cuarta planta, están los antecedentes del libro, con sus soportes en piedra o arcilla; preside la sala una reproducción de la piedra Rosetta, ¡un homenaje a la traducción! La tercera planta se dedica a la Edad Media, con sus Beatos, sus bestiarios, sus libros de horas, sus libros sobre plantas, etc., siempre copiados a mano por los monjes. En la segunda planta, Guttemberg ya ha inventado la imprenta y los libros se pueden reproducir sin tantos problemas, en mayores cantidades. La primera planta se dedica a la época moderna, con el libro digital incluido. Algunos documentales cortos en las diferentes plantas explican diferentes aspectos del tema. ¡Me gustó!
No hay que irse de Burgos sin subir al castillo que preside la ciudad y contemplarla desde lo alto, ¡todo un espectáculo! También vale la pena pasar unas horas tranquilamente sentados en una terraza de la plaza Mayor, una plaza ni cuadrada ni redonda ni rectangular, sino todo lo contrario, muy divertida y alegre. Y vuelvo a casa, en el mismo tren, desde el que contemplo el paisaje mientras pienso en el próximo viaje y tecleo algunas frases de una traducción.

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