«Califa», una canción de La Trinca

El otro día, como fondo musical para una sesión de ejercicio en la bici de spinning, se me ocurrió buscar un CD entre los que hacía mucho que no escuchaba y encontré uno de La Trinca, un grupo que me gustaba mucho cuando era jovencita, por sus canciones divertidas y alegres. Pero sus canciones son algo más, sobre todo «Califa», muy adecuada para la situación que estamos viviendo actualmente, pero también para la situación en la que nos encontramos desde siempre los traductores autónomos. He hecho una traducción al castellano para los que no encienden el catalán, aunque sólo sirve para saber de qué va el texto, ¡no pretendáis cantarla!

CALIFA

 A un país oriental, una vegada, hi havia un califa,

que es va inventar un codi molt xulo. Digo!

I el poble, agraït, li va dedicar aquesta cançó:

 Segons l’article primer

el califa està obligat

a tractar l’administrat

com si fos home de bé.

I mana l’article set

que el qui faci tripijoc

se li fot cop de garrot

i a la garjola de pet.

El quinzè, oli en un llum,

diu que se l’empalmarà

el qui gosi adulterar

els articles de consum.

I hi ha articles molt bufons,

com el vint que deixa clar,

que tothom es pot queixar

si li apreten els cordons.

Però el califa sempre en pot fer cas omís,

per això s’ha inventat l’article vint-i-sis…

Califa! Si que ens ha tocat la rifa.

Califa! Ets el rei de l’enganyifa.

Califa! Tu sí que ho tens ben muntat.

No siguis bèstia califa,

no siguis bèstia califa,

que pots sortir-ne escaldat.

– Doncs, no està quedant xulo ni res aquest xotis, nano…

– Home, queda una mica de l’Empordà…

– Ei! I que diu l’article vint-i-sis?

– Vostè és tonto, oi?

Diu l’article vint-i-sis, diu l’article vint-i-sis,

que en un cas de compromís, que en un cas de compromís,

el califa pot si cal, refregar-se l’engonal

i passar-se pels dallonses totes les lleis del país.

– Ep! I el poble?

Al poble que el donin pel…

Shubi dubi uah!, uah!

que ja té les conferències

de Sant Vicenç de Paül

de Sant Vicenç de Paül

de Sant Vicenç de Paül

de Sant Vicenç de Paül.

A… mén…

CALIFA

 En un país oriental, había una vez un califa

que se inventó un código muy chulo. ¡Digo!

I el pueblo agradecido le dedicó esta canción:

 Según el artículo primero,

el califa está obligado

a tratar al administrado

como si fuera hombre de bien.

Y dice el artículo siete

que a quien haga tejemanejes

se le dé un garrotazo

y al trullo de cabeza.

El quince, oh maravilla,

dice que se las cargará

quien se atreva a adulterar

los productos de consumo.

Y hay artículos muy bonitos,

como el veinte que deja claro,

que todo el mundo se puede quejar

si le aprietan los cordones.

Pero el califa siempre puede hacer caso omiso,

para eso se ha inventado el artículo veintiséis…

¡Califa! Vaya si nos ha tocado la lotería.

¡Califa! Eres el rey del engaño.

¡Califa! Tú sí que lo tienes bien montado.

No seas animal, califa,

no seas animal, califa,

que puedes salir escaldado.

– Pues no está quedando chulo ni nada este chotis, chico…

– Hombre, queda un poco del Ampurdán…

– ¡Eh! ¿Y qué dice el artículo veintiséis?

– Usted es tonto, ¿no?

Dice el artículo veintiséis, dice el artículo veintiséis,

que en caso de compromiso, que en caso de compromiso,

el califa puede, si es necesario, rascarse la ingle

y pasarse por los cataplines todas las leyes del país.

– ¡Eh! ¿Y el pueblo?

Al pueblo que le den por…

¡Shubi dubi uah!, ¡uah!

que ya tiene las conferencias

de San Vicente de Paul

de San Vicente de Paul

de San Vicente de Paul

de San Vicente de Paul

A… mén…

Muy adecuada para la situación actual española, ¿verdad? Tenemos un montón de califas en este país, por lo que vamos viendo, que hacen lo que les da la gana a costa de lo que es de todos y que además se llevan lo que es de cada uno. Han aprendido a pasar de nosotros y ya casi no les hacen ningún efecto las manifestaciones y las quejas, simplemente las ignoran y siguen como si tal cosa. En el mundo de la traducción, también tenemos algunos califas, que nos imponen las tarifas que les convienen, los contratos que les van bien y los plazos que les placen, muchas veces no valoran como es debido nuestro trabajo, nuestros nombres no figuran en ninguna parte, en ocasiones intentan y consiguen incluso estafarnos y a veces organizan una especie de subasta para atribuir una traducción a lo que ellos llaman “tu mejor tarifa”, que en realidad no es nuestra mejor tarifa, sino la que a ellos les resulta más económica.

¿Qué podemos hacer? No lo sé. Lo que sí sé es que no podemos rendirnos, que tenemos que luchar y no aceptar lo inaceptable. También sé que hay que unirse, asociarse, estar al día sobre lo que ocurre en este mundo nuestro de la traducción, formar grupos de traductores que se ayuden, en lugar de hacerse la competencia. Las redes sociales son un buen medio de darse a conocer y exponer lo que ocurre en todos los ámbitos, también en el nuestro. Parece que siempre habrá califas en nuestro mundo, pero no debemos permitir que deje de haber personas que luchen contra ellos, ¡no deben ganar!

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