Una semana de viaje por España, de León a Bilbao en el trenecito de Feve

Siempre me ha parecido que viajar es una manera de aprender y de vivir, ¡será porque me gusta! Lo encuentro importante en especial para los traductores, que estamos más o menos obligados a saber cuantas más cosas mejor, a estar al día, a conocer algo de historia, de geografía, de… Se puede hacer desde casa, claro, pero, si te gusta viajar, pues seguramente aprendes y a la vez lo pasas bien. ¡Con el ordenador a cuestas! ¡O sin ordenador! No hace falta irse muy lejos, España tiene lugares estupendos, pero tampoco me parece que haya que ver sólo los lugares estupendos, con grandes monumentos, grandes museos o grandes lo que sea. A mí, me gusta conocerlo todo, bonito o feo, con mucha historia o con poca. De todo se aprende y todo sirve para el trabajo y para la vida.

Os voy a contar una semana de viaje veraniego por el norte de España, de León a Bilbao, en un tren de Feve que hace este recorrido en unas siete horas, por unos 23 euros en total. No vamos a hacer el recorrido de una vez, sino con un par de paradas. El tren va despacio y pasa por unos lugares muy bonitos, por unos pueblos muy pequeños perdidos en medio del monte o del llano, por las alturas de la meseta castellana. Ni siquiera hace falta comprar el billete de este trenecito con antelación, se compra en la estación en una máquina o te lo vende directamente el revisor. Es un tren moderno, de gasoil, tipo tranvía. Incluso tiene lavabo. Existen itinerarios organizados de cuatro días (de jueves a domingo) en un tren de época que hace este mismo recorrido y se combina con alojamiento en pueblos del camino y visitas en autocar a lugares apartados, lo llaman el Expreso de La Robla. Nosotros vamos por libre.

Salimos de Barcelona en el tren Alvia que va hasta La Coruña, a las nueve y media de la mañana, y llegamos a León a eso de las cinco y cuarto de la tarde. Este tren tiene mesitas desplegables y algunos hasta enchufes para el ordenador debajo del asiento, así que se puede trabajar un rato, ¡tanto tiempo, unas ocho horas, da para eso y mucho más! A mí, me encanta traducir en el tren, la sensación de levantar la vista del texto y ver siempre un paisaje distinto por la ventana, que no tiene nada que ver con el que se ve desde mi cuarto de trabajo en casa, es increíble. También me gusta leer algo relacionado con el viaje, como una novela de un escritor de la zona, por ejemplo.

Pasaremos dos noches en León, una bonita ciudad de la comunidad de Castilla y León, que cuenta con unos 133.000 habitantes. Tiene muchas cosas interesantes para ver, entre ellas la catedral, una joya del gótico, con excelentes vidrieras multicolores. La ciudad está en el Camino de Santiago, por lo tanto, es fácil ver por sus calles a algunos peregrinos, con su mochilota, su bastón y su pechina. Pasear por el casco antiguo es un auténtico placer, con sus callejones, sus placitas y sobre todo la plaza Mayor, otra joya, en la que se encuentra un hotel con balcones que dan a la plaza, donde vale la pena alojarse; está bien de precio y las puertas del balcón no dejan pasar el ruido, ¡algo muy importante, sobre todo por la noche!

Además, León tiene algo muy interesante para los traductores, la lengua leonesa, que pertenece al ámbito lingüístico asturleonés y se habla en León y Zamora. No la habla mucha gente, de modo que está clasificada por la UNESCO como en peligro de extinción. Es una lengua no oficial, que no se enseña en las escuelas, no está normalizada y no goza de una consideración social demasiado buena, ¡aunque alguna pintada en esta lengua sí que se encuentra! Me gustaría mucho saber algo de todas las lenguas y dialectos que se hablan en España, pero será en otro viaje, en el que también tengo que enterarme de algo más sobre algunos de los escritores que ha dado el lugar, los escritores leoneses.

Después de dos noches en León, seguimos camino con el trenecito y llegamos en dos horas a Guardo, un pueblo de la provincia de Palencia que se encuentra a más de 1.100 metros de altitud y tiene algo más de 7.000 habitantes. El camino por la alta meseta española es una maravilla. ¡Incluso vemos dos o tres corzos a pocos metros del tren! Bosques de robles nos acompañan durante todo el recorrido, pueblecitos minúsculos y monte, mucho monte. En Guardo, nos espera un hotelito ideal para traductores, en la parte alta del pueblo, con un jardín estupendo y un trato genial por parte del matrimonio que lo lleva, además de un precio muy bueno y una comida excelente. Se llama Real Hotel y goza de una tranquilidad envidiable. ¡Muy recomendable! Pasar allí una semana traduciendo un libro interesante debe ser una gozada. ¡Anotado para cuando venga un libro, si viene, porque la cosa está fea, muy fea!

Guardo no es un pueblo muy turístico, pero tiene un par de cosas interesantes: un paseo ajardinado por las orillas del río que es una delicia y una excursión que requiere un poco más de ejercicio hasta las montañas, donde va la gente del pueblo a pasar un buen rato jugando al golf casero los fines de semana de verano. Al final de este recorrido entre robledos, el paisaje es magnífico y desde allí se pueden iniciar otras excursiones por una zona cárstica espléndida. Se regresa al pueblo por otro camino, en total unas dos horitas, que nos vendrán muy bien, sobre todo si hemos estado trabajando. Guardo era un pueblo minero (carbón) y todavía aguanta una mina a cielo abierto, cuya producción alimenta una central térmica cercana.

Al día siguiente por la tarde, salimos en el tren de Feve hacia Espinosa de los Monteros, la siguiente parada. Otras dos horas de tren, que serpentea lentamente por montes y llanos, nos llevan hasta este pueblecito de la provincia de Burgos, que se encuentra a poco más de 750 metros de altitud y tiene algo más de 2.000 habitantes. Aquí hay mucho que ver, sobre todo una buena cantidad de mansiones y palacetes medievales con escudos incluidos. En la plaza Mayor, hay un hostal sencillo pero muy recomendable, con una galería acristalada donde una mesa y una silla me dan la oportunidad de trabajar un poco y no perderme nada de lo que ocurre fuera. ¡Preparan las fiestas del pueblo!

El tren continúa hasta Bilbao, pero optamos por un autobús de Alsa, que pasa un par de horas antes, a eso de las cinco de la tarde, así no llegaremos de noche cerrada a la ciudad. En Bilbao, siempre hay cosas que ver, ¡y sobre todo que comer y beber! Damos un paseo por el barrio antiguo, otro por la ría, hacemos una visita al museo Guggenheim y otra a algún museo que todavía no conozcamos, como el museo Arqueológico, donde podremos aprender un montón de cosas sobre la historia de la ciudad, desde la Prehistoria hasta la Edad Media, de una manera amena y agradable. No está de más darse una vuelta por las librerías, para ver qué se vende por allí y quizá llevarse algún libro interesante.

¡Se acabó! Volvemos a Barcelona en el tren de Alvia, algo menos de siete horas de viaje, con un montón de imágenes, sensaciones y experiencias nuevas. Y también con un montón de ideas sobre otros lugares que visitar en otra ocasión. ¿Qué tal Logroño o Teruel? ¿Y Palencia? ¿Qué habrá allí? ¡Seguro que vale la pena! Mientras el paisaje corre a mi lado y el ordenador que tengo sobre la mesita del tren me muestra el texto que estoy traduciendo, mi mente vuela hacia nuevas posibilidades de viaje, aunque la cosa está cada vez más fea y no sé, no sé, sólo si la crisis lo permite…

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Una respuesta a Una semana de viaje por España, de León a Bilbao en el trenecito de Feve

  1. David dijo:

    Hola,
    aunque no soy de “letras” me intereso mucho por la traducción y tengo varios amigos que se dedican a ello. He encontrado interesante tu artículo sobre la diversidad en la traducción de Dostoyevsky, porque actualmente estoy leyendo sus obras, y a veces se me hace pesado el ritmo de las traducciones. Creo que muchas veces os dejais llevar más por la exactitud que por la dinámica de la expresión.

    Llegando al tema de este artículo te comentaré que soy originario de la zona de León y de Asturias y que conozco bastante bién las variantes lingüisticas.
    No se quién te habrá engañado al respecto de la lengua leonesa, pero siento decirte que con excepción de varios términos y palabras específicas asociadas al entorno rural, sería muy dificil extraer cualquier tipo de lengua diferenciada del español moderno.

    De igual manera, en Asturias, en las últimas dos décadas se ha tratado de normalizar el dialecto rural de los valles ( diferentes entre sí igualmente) con el nombre común de “bable”.
    Puede ser un tema interesante para un filólogo, pero realmente el intentar adaptar una lengua incompleta a una estructura social avanzada y moderna y convertirla en su lengua vehicular roza el heroismo y solo puede ser comparable a los intentos de la instauración del esperanto.

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