Cristales y vidrios

¿Qué es un cristal y qué es un vidrio? ¿Son sinónimos? Si nos leemos las definiciones del DLE de vidrio y cristal, podemos sacar la idea de que se trata más o menos de la misma cosa, aunque quizá un cristal tiene mayor calidad, según alguna acepción, pero no queda nada claro. Ocurre algunas veces con palabras que tienen un uso en el lenguaje general y un uso en el lenguaje especializado. Por ejemplo, en el lenguaje general, hablamos de pájaros para referirnos a aves que los ornitólogos no clasifican entre los pájaros, como podéis ver en esta entrada. Lo mismo ocurre con los cristales y los vidrios.

En el lenguaje general, lavamos los cristales, se nos rompen objetos de cristal, las gafas tienen cristales, tenemos botellas y tarros de vidrio, copas de cristal…, pero a menudo usamos indistintamente estas dos palabras, sin ningún problema, aunque se considera, como dice la RAE, que las copas y los vasos de buena calidad, que contienen un porcentaje de óxido de plomo, son de cristal. Resulta bastante lioso, ¿verdad? ¿Cómo sé si el cristal de mis vasos es de buena calidad porque contiene óxido de plomo o no? ¿Los cristales de las ventanas tienen óxido de plomo? Nos dicen que no, o sea que se trata de vidrios, no de cristales…

¿Qué ocurre con el lenguaje especializado? Aquí, las cosas están mucho más claras, como suele suceder. Un cristal es un sólido que tiene una estructura química muy ordenadita, en forma de red tridimensional que se repite de la misma manera en todo el mineral. Un vidrio es todo lo contrario, un objeto sólido que tiene una estructura química desordenada, amorfa. En el primer caso, se habla de estado cristalino y, en el segundo caso, de estado amorfo. La sal, el rubí o el diamante son cristales, mientras que la obsidiana es un vidrio. Pues bien, los cristales de las ventanas, de los vasos, de las botellas, etc. son todos vidrios, desde el punto de vista científico. ¡Vaya!

Eso no me va a impedir lavar los cristales y tampoco va a evitar que se me rompa el cristal de un cuadro, aunque las dos cosas sean de vidrio. Es lo que tiene el lenguaje general, cotidiano; nos permite usar algunas palabras de manera aparentemente incorrecta, desde el punto de vista científico, aunque avalada por el uso. De todos modos, si queréis hablar con propiedad, hablad de vidrio para referiros a botellas, copas, ventanas, etc.

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