El Laboratorio Subterráneo de Canfranc y la materia oscura

En el corazón de la montaña del Tobazo, en el norte de Huesca, se esconde una joya, un diamante, y no precisamente en bruto, sino pulido y bien pulido por un grupo de científicos e investigadores: el Laboratorio Subterráneo de Canfranc. Os preguntaréis por qué poner un laboratorio bajo 800 metros de montaña, en medio de un túnel ferroviario que ya no funciona y que comunica España con Francia. Para colmo, no es el único, sino que hay un centenar en el mundo, aunque el de Canfranc se cuenta entre los más importantes, el segundo de Europa, después del Laboratorio Nacional Gran Sasso, bajo los Apeninos, en Italia, también aprovechando un túnel.

¿Se han vuelto locos los científicos o es que quieren esconderse en lo más profundo de la tierra? Algo de esto último hay, porque lo que estudian estos laboratorios es la radiación procedente del espacio, sobre todo los neutrinos y la materia oscura. Estas radiaciones son muy escasas, por eso su búsqueda necesita eliminar al máximo los «contaminantes», que en este caso son, sobre todo, otras radiaciones mucho más abundantes que también proceden del espacio. Parece muy interesante, ¿verdad? ¡La búsqueda de la materia oscura! Una materia que parece que debería existir, pero que nadie ha encontrado por ahora.

Vamos a hablar del LSC (Laboratorio Subterráneo de Canfranc). Lo descubrimos por casualidad en una estancia en este maravilloso rincón del Pirineo aragonés, que pretendía ser exclusivamente para hacer excursiones por la montaña, leer y descansar, además de traducir, en mi caso, claro. Un día, al regresar de una excursión, pasamos por delante de un edificio moderno. El rótulo sobre la puerta decía simplemente: LSC. Lo miramos por delante y por detrás, ¿qué será? Somos primates, así que, muy curiosos. Buscamos en Internet y, ¡menuda sorpresa! ¡Es un laboratorio subterráneo de los más importantes de Europa! ¡Y encima hacen visitas guiadas! ¡Y estudian cosas que nos servirán para comprender el universo!

La visita guiada fue una auténtica maravilla. Primero entramos en una sala de conferencias, en la sede exterior del laboratorio, junto con un pequeño grupo de visitantes, donde nos explicaron qué es y qué se hace en el laboratorio subterráneo, cómo funciona, cómo es, algunos de sus proyectos actuales… Después, nos metieron en varios coches y nos llevaron hasta allí, por el túnel carretero de Somport. Entramos en coche por una puerta en mitad del túnel y pasamos otra puerta a pie, después de quitarnos todo el polvo que pudiera contaminar, al interior del laboratorio. Nos lo enseñaron todo, nos explicaron para qué se utiliza cada sala, las medidas estrictas de higiene que se necesitan para evitar que las partículas introducidas por el personal interfieran en las investigaciones y salimos por el antiguo túnel ferroviario.

En resumen, el laboratorio cuenta con un personal científico fijo que se encarga de cuidar y mantener en funcionamiento todo el material y las salas. Paralelamente, diferentes grupos de investigadores de todo el mundo utilizan todo su equipamiento para sus investigaciones. Estos grupos no necesariamente están allí siempre. Digamos que ponen en marcha las detecciones que necesitan para sus proyectos y aparecen por allí cuando es necesario. Son proyectos muy largos, todos con el objetivo de buscar partículas muy escasas que proceden del espacio. Si alguien descubre por fin ese misterio que es la materia oscura, seguramente será en uno de estos laboratorios.

Canfranc reserva otras sorpresas, además de las maravillas de su naturaleza. La estación internacional del ferrocarril es una maravilla y tiene una historia muy interesante, que se remonta a 1928, año en que se inauguró. Une España y Francia, así que nos podemos imaginar el tipo de problemas que tuvo en la primera mitad del siglo xx. El bando franquista la cerró durante la guerra civil. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, con los nazis a un lado y Franco en el otro, la estación fue clave. La aduana de la estación estaba controlada por las SS y la Gestapo, por aquí pasaba el wolframio gallego hacia Alemania, para las fábricas de tanques, y circulaba en sentido contrario el oro nazi. También entraron en España judíos que huían y se forjó una red de espías con el objetivo de debilitar el poder nazi, una red que todavía recuerdan los ancianos del pueblo. La visita guiada por la antigua estación nos cuenta todo esto y más.

Otra sorpresa es la red de búnkeres que se encuentran por los alrededores. ¡Vaya! ¿Qué es esto?, se pregunta el inocente paseante, que pensaba hacer un corto recorrido por los alrededores para observar aves y plantas. Pues una serie de refugios subterráneos que construyó el régimen franquista para protegerse de un eventual invasor extranjero. ¡Impresionante! ¡Inquietante también, la verdad!

Ya veis, Canfranc es un lugar excelente para pasar unos días. Es un pueblo pequeño (menos de 600 habitantes), muy bonito, con increíbles sorpresas, a más de mil metros de altitud (fresquito), desde el que se pueden hacer innumerables excursiones por la montaña y algunas visitas culturales muy interesantes. Y seguro que tiene otros tesoros ocultos que vamos a descubrir en una próxima visita. Dispone de hoteles, restaurantes y apartamentos para alquilar, pero lo mejor de Canfranc es su gente, sencilla y amable. ¡Me encanta Aragón y los aragoneses! ¡En cuanto pueda, me voy una semanita a Canfranc! ¡O a Candanchú!

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