Dos libros encantadores de Elisée Reclus

Una amiga geógrafa y profesora recién jubilada de la Universidad de Salamanca, Teresa Vicente Mosquete, me los regaló y estoy encantada, así que os lo cuento y os los recomiendo. Se trata de La montaña y La historia de un arroyo, del Elisée Reclus, un geógrafo y anarquista de la segunda mitad del siglo XIX, un siglo fascinante en muchos sentidos; Reclus fue un geógrafo que contribuyó categóricamente al desarrollo de la geografía como ciencia. Teresa dedicó su tesina a Reclus, así que lo conoce bien. De su tesina, salió un libro, Eliseo Reclus: la geografía de un anarquista, imprescindible para los interesados en la vida y la obra de este interesante geógrafo.

La montaña es un libro encantador, de esos que quisieras que no se acabaran nunca; describe las zonas montañosas, con todos sus elementos geográficos, pero también con todas sus relaciones con otros elementos, seres humanos, mitos, dioses, geniecillos, etc. Lo bueno del libro es que no se trata de una descripción fría y científica del tema, sino muy entrañable, casi poética, que refleja la fascinación que el autor sentía por los espacios naturales y su estudio, como espacios de libertad y reflexión, en contraposición a la ciudad. Es un libro sencillamente maravilloso. Dice cosas como esta:

«Hay que tener mucha intimidad con la naturaleza para no sentir inquietud al verse cautivo de la niebla; el objeto más chico adquiere proporciones inmensas, infinitas. Algo vago y obscuro parece venir a nuestro encuentro para apoderarse de nosotros. Parece una rama y hasta un árbol lo que no es más que un tallo de hierba. Creemos que un círculo de cuerdas nos cierra el camino, y luego es una mísera tela de araña. Un día que la niebla tenía poco espesor, me detuve lleno de admiración ante un árbol gigantesco, que se retorcía los brazos como un atleta en lo más alto de un promontorio. Nunca había yo tenido el gusto de ver árbol más fuerte y mejor colocado para luchar heroicamente con la borrasca: largo tiempo lo estuve contemplando, pero poco a poco lo vi acercarse a mí y achicarse al propio tiempo. Cuando el sol vencedor disipó la niebla, el soberbio tronco quedó reducido a débil arbolillo nacido en una cercana hendidura de roca».

Es muy interesante el capítulo que dedica a los cretinos, es decir, a las personas que padecen cretinismo (hipotiroidismo por falta de ingesta de yodo o por otras causas). Hoy no usamos esta palabra, por sus connotaciones peyorativas, que seguramente no tenía en su época. Esta enfermedad congénita produce alteraciones en el desarrollo físico y psíquico del niño. Veamos lo que dice:

«Pero sean cuales fueren los privilegios e inmunidades del cretino, aunque el desdichado no tenga que temer los cuidados y las decepciones del hombre que tiene que abrirse camino en el mundo por sí mismo, hay que intentar que el cretino sea arrancado a su inocencia y a sus asquerosas enfermedades para darle, al mismo tiempo que la salud del cuerpo, el sentimiento de su propia responsabilidad moral. Es necesario que penetre en la sociedad de los hombres libres, y, para curarle y dignificarle, lo primero es conocer las causas de su degeneración. Sabios hay que, inclinados sobre sus retortas y sus libros, exponen diversos pareceres: dicen unos que la deformidad de la papera procede sobre todo de la falta de iodo en el agua potable, y que por el cruzamiento, la deformidad moral acaba por juntarse a la del cuerpo. Otros creen que papera y cretinismo nacen de que el agua procedente de la nieve no ha tenido tiempo para agitarse y airearse lo suficiente cuando llega al pueblo, o de que ha pasado por rocas que contienen magnesia. Cierto es que el agua mala puede contribuir muchas veces a que nazcan y se desarrollen enfermedades; pero ¿será ese sólo el origen?».

Dedica un capítulo a las montañas morada de dioses o con un significado religioso, como el monte Olimpo, el Parnaso, el monte Meru o el Ararat, entre otros muchos. En fin, todos los capítulos son interesantes y entrañables, poéticos. A lo largo de la lectura, te sientes más cerca de la naturaleza, te entran ganas de pasar más momentos en ella, sobre todo en soledad, para disfrutar de sus sonidos, sus aromas y sus formas, y de la libertad que desprenden.

El segundo libro es La historia de un arroyo. A través del recorrido de un arroyo, desde su nacimiento en el manantial, repasa todos los fenómenos grandes y pequeños con los que nos vamos encontrando, así como las relaciones que tiene el agua con el ser humano. Es una auténtica delicia y, además, muy instructivo en el aspecto geográfico. Gracias, Teresa.

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