Mosquitos transmisores de enfermedades

Es bien sabido que algunas especies de mosquitos (zancudos en América Latina) pueden transmitir enfermedades potencialmente graves e incluso mortales, como el paludismo, el dengue, la fiebre amarilla, la enfermedad por el virus de Zika, el chicungunya o la fiebre del Nilo Occidental, entre otras que veremos más adelante. Para que eso ocurra en un determinado lugar, deben reunirse dos condiciones básicas: que exista el vector y que exista el microorganismo (virus, protozoo o nematodo). Por supuesto, también es imprescindible que el vector se infecte (picando a una persona infectada) y transmita el microorganismo (picando a una persona sana).

Vamos a ver primero qué y cómo es un mosquito, ese animalito tan simpático que nos amarga los veranos, de día y de noche. Los mosquitos son insectos del orden de los dípteros. Las clasificaciones de los animales siempre son complicadas, pero podemos decir que el orden de los dípteros tiene dos subórdenes, los nematóceros y los braquíceros. Los mosquitos pertenecen al primero. El suborden de los nematóceros tiene más de treinta familias en todo el mundo, de las cuales cuatro son mosquitos (culícidos, psicódidos, quironómidos y tipúlidos). Las dos últimas familias, quironómidos y tipúlidos, no pican, así que los dejaremos tranquilos. Las otras dos, culícidos y psicódidos, sí que pican y pueden transmitir enfermedades.

¿Cómo es un mosquito? Para empezar, los dípteros se llaman así porque solo tienen dos alas, a diferencia de la mayoría de los insectos, que tienen cuatro. Las otras dos alas se han transformado en un órgano que se llama halterio, que sirve para estabilizarlos durante el vuelo. El cuerpo de un mosquito tiene tres partes: cabeza, tórax y abdomen. En la cabeza, se encuentran las dos antenas, los dos ojos compuestos, los palpos y la probóscide (la que nos pica). En el tórax, encontramos el halterio, las dos alas y las seis patas, cada par de las cuales sale de una parte de las tres en las que se divide el tórax: protórax, mesotórax y metatórax. El abdomen está segmentado y el principal elemento que contiene es la genitalia, es decir, los genitales. La anatomía de los dípteros es más complicada, como podéis ver en este interesante documento.

El mosquito sufre una metamorfosis que consta de cuatro fases: huevo, larva, pupa y adulto. El agua es imprescindible para las tres primeras fases: agua estancada más o menos limpia, charcos, recipientes o árboles que acumulan agua, pantanos, marismas, terrenos aluviales, campos o prados de regadío, etc. Los huevos pueden aguantar en terreno seco durante bastante tiempo (meses) y eclosionar cuando las condiciones son favorables. El tiempo que dura el ciclo y la vida de los adultos varía según las especies, pero generalmente es de unas semanas. Los machos se alimentan del néctar de flores y otros productos orgánicos, pero las hembras son hematófagas, necesitan sangre para el desarrollo de los huevos, por eso pican.

De las dos familias que pueden transmitir enfermedades a los seres humanos (también a los animales), la principal es la de los culícidos (Culicidae, en redonda, como muy bien explica Gonzalo A. Claros en su libro). Esta familia se divide en dos subfamilias: Culicinae y Anophelinae, con sus correspondientes especies, más de 3400 conocidas. Entre los Culicinae, destacan dos géneros muy importantes en cuanto a la transmisión de enfermedades: Aedes y Culex. La subfamilia Anophelinae tiene numerosas especies del género Anopheles, entre ellas los terribles mosquitos bien conocidos en todo el mundo porque transmiten el paludismo. La otra familia, la de los psicódidos (Psichodidae), tiene más pinta de mosca que de mosquito e incluye especies que pueden transmitir enfermedades, como veremos más adelante.

Vamos a empezar por el género Aedes, que tiene numerosas especies, pero del que nos interesan, sobre todo, dos: Aedes aegypti y Aedes albopictus, llamado mosquito tigre. Aedes aegypti vive en zonas tropicales y subtropicales, pero, debido al cambio climático, se prevé que se extienda a zonas como el sur de Europa; transmite enfermedades como el dengue, la fiebre amarilla, el chicungunya, la enfermedad por el virus de Zika y la enfermedad por el virus de Mayaro, algunas de las cuales pueden ser muy graves, incluso mortales, como las dos primeras. Aedes albopictus, el famoso mosquito tigre, puede transmitir el dengue, el chicungunya y la enfermedad por el virus de Zika; al menos eso es lo que se sabe por ahora. El género Aedes también puede transmitir la fiebre del valle del Rift, una zoonosis que puede afectar a los seres humanos, así como la filariasis linfática.

El género Anopheles (muchas de sus especies) es bien conocido sobre todo porque es el vector de las diferentes especies de plasmodios que producen el paludismo, un protozoo que causa muchas muertes, sobre todo en zonas tropicales africanas. Este género también puede transmitir la filariasis linfática, una enfermedad tropical producida por diferentes especies de nematodos (gusanos).

El género Culex puede transmitir principalmente la fiebre del Nilo Occidental; la fiebre del valle del Rift; la encefalitis japonesa, una enfermedad vírica que afecta a numerosos países de Asia y que puede dejar secuelas neurológicas importantes; la encefalitis de San Luis, que afecta a todo el continente americano, y la filariasis linfática.

Nos quedan los mosquitos de la familia de los psicódidos (Psychodidae), de los cuales solo una familia, Phlebotominae, puede transmitir enfermedades, en concreto las diferentes formas de leishmaniasis (visceral, cutánea y mucocutánea), una enfermedad que afecta sobre todo a las poblaciones más pobres del mundo; también puede afectar a perros y otros animales.

El tema es complicado y extenso, pero hemos visto algunos aspectos importantes. Lo esencial es recordar que la presencia del vector (mosquito) hace cada vez más probable que exista la enfermedad en un país hasta el momento libre de ella, ya que las personas nos movemos cada vez más de un lugar a otro del planeta y podemos traer con nosotros microorganismos que, si existe en vector, podrán iniciar su cadena de transmisión. El calentamiento global también favorece la expansión de los mosquitos en zonas donde no podían vivir debido a las condiciones climáticas. ¡Así que cuidado con los mosquitos!

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