Tolerancia y tolerabilidad de un medicamento

¿Es lo mismo? No, en absoluto. Son dos conceptos distintos que conviene tener claros, para no equivocarse al redactar o traducir. El Diccionario de términos médicosde acceso gratuito, lo explica muy bien y alerta sobre la confusión entre estos dos términos.

Hablamos de tolerancia con respecto a un medicamento cuando este disminuye gradualmente su efecto con el uso prolongado, de manera que hay que aumentar la dosis para obtener el mismo efecto. Ocurre con medicamentos como las benzodiacepinas, los opiáceos, los barbitúricos o los anfetamínicos, por ejemplo. Sustancias que no son medicamentos también la causan, como el alcohol y otras drogas.

La tolerabilidad, en cambio, es la capacidad que tiene un medicamento de ser tolerado sin causar efectos secundarios al que lo toma o producirle pocos. Decimos que un fármaco tiene gran tolerabilidad si se puede tomar sin sufrir grandes efectos secundarios. Podemos decir también que se tolera bien, pero no podemos hablar de tolerancia en este caso. Por ejemplo, los medicamentos que se usan en quimioterapia contra el cáncer suelen tolerarse mal, tienen una tolerabilidad baja, porque producen bastantes efectos secundarios.

Por supuesto, tanto la tolerancia como la tolerabilidad de un medicamento dependen de diversos factores, que tienen que ver con el propio medicamento y con la persona que los toma, así como con las circunstancias. Un medicamento puede tolerarse mejor (tener más tolerabilidad) si se toma con las comidas, por ejemplo.

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Planes saludables

Llega un nuevo año y con él aparecen los buenos propósitos, que después no se cumplen del todo, ¡o sí! Los planes pueden ser de muchos tipos, pero me voy a centrar en los que tienen relación con el ejercicio físico. En este sentido, lo más difícil es tomar la decisión de hacerlo y perseverar. ¿Cómo convencer a la mente de que cree el hábito del ejercicio regular? Si lo consiguiéramos, sería como una droga, necesitaríamos hacerlo. ¿Cómo se crea un hábito? Hay que hacer esfuerzos al principio, repetir, repetir y repetir, hasta que la repetición cree la necesidad. ¡Ánimo!

Ya sabemos lo importante que es el ejercicio físico para los traductores, que se pasan muchas horas sentados delante de un ordenador. La OMS recomienda practicar entre dos horas y media y cinco horas de ejercicio físico moderado a lo largo de la semana, aunque esto es lo mínimo, claro, podemos hacer más. Optemos por una hora al día, que queda más redondito. También podemos hacer ejercicio físico intenso; con menos tiempo será suficiente. ¿Cómo nos lo podemos montar? De muchas maneras, según nuestros gustos.

Caminar es un buen ejercicio. Podemos caminar una hora tres veces a la semana, por ejemplo, a un ritmo un poco alegre. Con eso ya tendremos tres días solucionados y tres horas de las cinco semanales. Podemos caminar por la ciudad (la mascarilla FFP2 nos protege también de la contaminación), por un parque grande o por una zona natural, la playa o el campo. Lo ideal es caminar por una zona natural, por supuesto; a las ventajas del ejercicio físico, se añadirá la calma mental gracias a la tranquilidad del lugar.

Nos quedan dos días, que también podemos dedicar a caminar, claro, pero, para variar, tenemos otras posibilidades: una sesión de estiramientos de quince minutos, que nos aportará flexibilidad y nos preparará para otros ejercicios; una sesión de quince minutos de ejercicios con bandas elásticas, fácil y eficaz; una sesión de quince minutos de ejercicios abdominales y lumbares, muy útiles para proteger y cuidar la zona lumbar; quince minutos de yoga, no tan sencillos como parece. Con esto, tenemos una hora, aunque nada impide hacer una sesión de media hora de dos de ellos, por ejemplo. A gusto del consumidor.

El fin de semana parece que tengamos que dedicarlo a descansar, ¿no? Bueno, sí, pero no estaría de más moverse un poco. ¿Qué tal una excursión tranquila con un objetivo cultural o social? Visitar un monumento o un parque, ir a un museo a pie, quedar con los amigos a pie…

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Tiempo climatérico, ¿qué será?

El adjetivo «climatérico» no me era desconocido, puesto que procede del sustantivo «climaterio», que indica una etapa de la vida en la que se producen grandes cambios fisiológicos y termina la función reproductiva; pero me lo he encontrado en una novela de Jules Verne en otro contexto y he decidido investigar. ¡Sorpresa!

Dice el texto de Jules Verne: «Cette modification dans les courants aériens faisait certainement pressentir que d’autres conditions climatériques se présenteraient au-delà des régions équinoxiales. Il faut, d’ailleurs, observer que le mois de juillet de l’hémisphère austral, c’est le mois de janvier de l’hémisphère boréal, c’est-à-dire le cœur de l’hiver. L’Albatros, s’il descendait plus au sud, allait bientôt en éprouver les effets».

Condiciones climatéricas referidas al tiempo, vaya. ¿Qué serán? ¿El tiempo se pone menopáusico? Dice el diccionario que climatérico, aplicado al tiempo, significa «peligroso por alguna circunstancia». ¡Ya lo tenemos! Por ejemplo, un año climatérico es un año nefasto desde el punto de vista climatológico. En caso de grandes inundaciones o tormentas, podemos hablar de «tiempo climatérico» o de «condiciones climatéricas», como en el texto de Jules Verne.

También veo que se utiliza este adjetivo para la fruta. Una fruta climatérica es aquella que madura después de su recolección inmadura, como el plátano, por ejemplo, o el tomate y muchos otros, siempre que se cosechen en un estado de maduración mínima. Los cítricos, los higos, las fresas y otros no son climatéricos, o sea que no maduran fuera de la planta. Interesante, ¿verdad?

El DLE nos habla también de la locución «estar climatérico/a», que significa ‘estar de mal temple’. ¡Vamos, lo que me ocurre a mí cuando veo a un contacto estrecho de COVID-19 en el interior del bar de la esquina tomándose un café sin esperar ni siquiera la mitad de los días reglamentarios! ¡Me pone climatérica! ¡Me altera, vamos!

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Maxilar y mandíbula

«—Si estuviéramos en una isla desierta, no habría dentista. Tendríamos que arrancarnos los dientes malos. Mejor que cojamos cuerda para eso. —Simon pensó en el señor York, que solo tenía tres o cuatro dientes (aunque los de la mandíbula superior eran extralargos). Pero, claro, el señor York era viejo; ellos tardarían años en quedarse así.»

¿Veis algo raro? ¿Mandíbula superior? ¡Efectivamente! No existe algo llamado así. Podemos hablar de maxilar superior (tenemos dos, derecho e izquierdo) y de maxilar inferior (único), que también se llama mandíbula, pero no podemos llamar mandíbula superior a los primeros. Hemos estudiado estos huesos en la entrada sobre los huesos de la cabeza.

Vamos a ver lo que dice el DTM en su entrada sobre la mandíbula:

1  s.f. [TA: mandibula] Hueso arciforme e impar del cráneo, el único móvil, que consta de un cuerpo horizontal, donde se implantan los dientes inferiores, y dos ramas verticales laterales (derecha e izquierda) provistas en su extremo superior de la apófisis coronoides (que presta inserción al músculo temporal) y del cóndilo mandibular, a través del cual se une al hueso temporal en la articulación temporomandibular.

SIN.: hueso mandibular, hueso maxilar inferior, maxilar inferior; desus.: submaxila.

Ahora veamos lo que dice el DTM sobre el maxilar superior:

1  [TA: maxilla] Hueso central, irregular y par de la cara, que alberga los dientes superiores y el seno maxilar, crea con su homólogo el → maxilar superior [2] (quijada superior) y forma parte de la órbita, el paladar duro y las fosas nasales.

2 Pieza ósea formada por la unión de los dos maxilares superiores: izquierdo y derecho. Sin.:coloq.: quijada superior.

SIN.: hueso maxilar superior, maxila.

OBS.: Con frecuencia abreviado a «maxilar». || Por semejanza de campo temático, existe riesgo importante de confusión entre ambas acepciones.

Así que nada de mandíbula superior.

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Articulaciones del cráneo

Como sabemos ya, el cráneo es el conjunto de huesos que delimitan la cavidad craneal y dan forma a la parte superior y posterior de la cabeza. También hemos visto cuáles son estos huesos, solamente seis, dos de ellos, dobles.

Vamos a ver ahora cómo se articulan estos huesos. Lo tenemos muy fácil, porque ninguno de ellos se mueve respecto a los que tiene al lado, así que podemos pensar acertadamente que se trata de un tipo de articulación sin movimiento, una sinartrosis; de los tres tipos de sinartrosis, se trata de sinfibrosis, es decir, articulaciones unidas por un tejido fibroso, también llamadas «suturas».

Sin embargo, hay dos excepciones. Por una parte, el cráneo se mueve con respecto a la cara, a través de la articulación temporomandibular, que nos permite abrir y cerrar la boca, algo muy interesante para comer, hablar y otras cosas; por otra parte, el cráneo (la cabeza entera, en realidad) se mueve con respecto a la columna vertebral, a través de la articulación atlantooccipital, que nos permite mover la cabeza en todas direcciones, junto con la articulación atlantoaxoidea. Veremos estas articulaciones cuando hablemos de la cara y el tronco.

El etmoides y el esfenoides son huesos muy complejos que forman parte del cráneo y la cara. Sus articulaciones tampoco se mueven; las veremos con las articulaciones de la cara. Así que solo nos quedan las suturas, que son muy fáciles de entender, porque no se mueven, aunque tienen un nombrecito, eso sí.

Entre el frontal y los parietales ⇒ sutura coronal

Entre los dos parietales ⇒ sutura sagital

Entre los dos parietales y el occipital ⇒ sutura lambdoidea

Entre el temporal y el parietal ⇒ sutura escamosa

Entre occipital y temporal ⇒ sutura occipitomastoidea

Entre parietal y temporal ⇒ sutura parietomastoidea

Estas suturas se definen en el adulto; en el niño, las cosas son algo más complicadas.

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El mito de Prometeo

La mitología griega es complicada, pero, como traductores, es muy interesante conocerla, para no pasar por alto alguna alusión velada y traducirla mal. Por ejemplo, los artículos científicos o de divulgación científica a veces aluden al mito de Prometeo al hablar de la regeneración del hígado o incluso al hablar de la telomerasa y conviene saber por qué. ¿Qué tiene que ver un dios griego, hijo de un titán (Jápeto) y una oceánide (Clímene) con el hígado? ¿Qué es un titán? ¿Y una oceánide? Poco a poco. Empecemos por Prometeo y su mito.

Prometeo era un titán de la segunda generación, es decir, un dios de los primeros, de la edad de oro, anteriores a los dioses del Olimpo, Zeus y compañía. Los titanes y las titánides eran hijos e hijas de Gea y Urano, los primeros dioses griegos. El titán Jápeto y la oceánide (ninfa hija del titán Oceáno y la titánide Tetis) Clímene habían tenido como descendencia a Atlas, Menecio, Prometeo y Epimeteo. Durante la guerra que enfrentó a los titanes y los olímpicos, Prometeo se puso del lado de los olímpicos, así que Zeus, vencedor, lo tenía en gran estima y le encargó la misión, junto con Epimeteo, de atribuir las diferentes cualidades a los animales y los seres humanos.

Prometeo quería beneficiar a los humanos, le gustaban, pero Zeus no le dejaba hacer lo que quería, no quería a unos humanos con demasiadas capacidades. Para calmar a Zeus, Prometeo le hizo una ofrenda con trampa: un buey dividido en dos partes, una con los huesos envueltos en apetitosa grasa y otra con la carne envuelta en asquerosa piel; le pidió a Zeus que eligiera y este cayó en el engaño. Enojado, Zeus le prohibió que diera el conocimiento del fuego a los humanos, pero Prometeo no le hizo caso y les entregó el fuego. La indignación de Zeus se dirigió primero contra la humanidad, a través de la creación de Pandora, la primera mujer, que entregó a Epimeteo, con el que se casó. Pandora abrió la caja, como Zeus había previsto, que se encontraba en casa de Epimeteo y contenía todas las desgracias para los humanos.

También castigó a Prometeo; lo llevaron al Cáucaso y Hefesto lo encadenó a una roca, donde un águila llegaba todas las mañanas temprano para comerle el hígado, que se regeneraba por la noche. Después de mucho tiempo en esta situación, Prometeo fue liberado por Heracles, que mató al águila.

Bueno, esta es una versión, porque hay más de una, según las diferentes fuentes clásicas, como suele ocurrir con los mitos. Han hablado de Prometeo autores griegos como Hesíodo, Homero, Platón, Esquilo, Pausanias y otros. El mito también ha producido obras de arte de todo tipo: poesía, teatro, prosa, música, escultura, pintura, cine…, por no hablar de los ensayos actuales. En este sentido, os recomiendo una obra sobre mitología griega muy amena e instructiva: son 19 volúmenes pequeños (120 páginas) cuya primera parte, casi todo el libro, en realidad, es el relato novelado del tema; al final, unas pocas páginas hablan de la interpretación y de otras cosas relacionadas con lo anterior. Uno de los volúmenes está dedicado al mito de Prometeo.

¿Qué se puede decir de la interpretación de este mito? Pues muchas cosas, a juzgar por la extensa literatura que ha generado. Prometeo era el benefactor de la humanidad, quería ayudar al ser humano a evolucionar en todos los sentidos, a parecerse a los dioses, a ser cada vez más consciente de sí mismo y del mundo. Por este motivo, se rebeló contra Zeus y se sacrificó, pero consiguió lo que quería: poner a la humanidad en el camino de la evolución espiritual, consciente, inteligente, gracias al fuego, un fuego divino que sirvió para diferenciar al ser humano de los animales, gracias a la inteligencia y la razón. Tengo mis dudas de que Prometeo consiguiera su objetivo, pero ese es otro tema…

El nombre de los dioses suele variar según la lengua, así que os pongo una tabla con los nombres en español y en francés de los dioses de los que he hablado.

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Autopsia

«Todos los días, Leonardino, posado sobre la balaustrada de la escalera de la morgue, seguía atentamente los movimientos de su amo, sus manos que, sabiamente, guiaban el escalpelo; entonces, cuando veía la sangre que surgía tras del delgado surco que a su paso dejaba la hoja, Leonardino se balanceaba hacia izquierda y derecha y emitía un graznido de satisfacción.»

¿Hay algo que os parezca raro en la frase anterior? Leedla de nuevo. Es la morgue. Se trata de un cadáver. ¿Sangre al cortarlo? Bueno, puede ser, pero es raro que salga sangre al cortar un cadáver. El corazón no late, así que la sangre ha dejado de circular y, además, conforme pasa el tiempo, se desencadena la cascada de la coagulación y la sangre se coagula en los vasos de pequeño calibre; por si fuera poco, el rigor mortis hace que las arterias se contraigan. Desde luego, si la muerte se ha producido por intoxicación o envenenamiento por anticoagulantes o el difunto padecía una enfermedad de la coagulación o una CID, entonces sangraría.

Estos y otros cambios que se producen tras la muerte son los que utiliza la medicina forense para determinar cosas como la hora o la causa de la muerte, puesto que está muy bien estudiado lo que ocurre una vez que el corazón ha dejado de latir. Por ejemplo, no es lo mismo una herida producida en una persona viva, que sangra mucho, que una herida en una persona fallecida, que quizá sangre un poco si hace poco que ha fallecido, pero no mucho.

Es un tanto macabro, pero no está de más conocer las fases por las que pasa un cuerpo tras la muerte. Como traductores, cuanta más información tengamos sobre cualquier cosa mejor podremos traducir o subtitular. La novela negra y las películas o series de asesinatos están a la orden del día; las podremos traducir mucho mejor si sabemos de qué están hablando. Este artículo científico expone todo lo que ocurre alrededor de la muerte, desde la agonía hasta la descomposición total. Aquí podéis encontrar las diferentes técnicas que utilizan los médicos forenses para hacer una autopsia. En Youtube, se pueden encontrar vídeos de autopsias, pero suelen verificar la edad del que quiere verlo, lo cual me parece muy bien. En el Dicciomed, encontramos un artículo muy interesante sobre el origen histórico y la evolución de la palabra «autopsia».

En relación con este tema, podemos aprender una palabra más bien feúcha: tanatocronodiagnóstico. Se trata del proceso que sigue el médico forense para determinar la hora de la muerte.

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El anatomista, de Federico Andahazi

¡Lo he pasado muy bien leyendo este libro! Por eso os lo quiero recomendar. Se llama El anatomista y lo escribió Federico Andahazi, escritor y psicólogo argentino nacido en 1963. Fue el primer libro que publicó, pero no será el último que leeré, ¡eso seguro! Es un placer pasar unas horas con la buena prosa y la riqueza lingüística de Andahazi y si, además, el tema, histórico, te hace reflexionar, tanto mejor. Ya tengo en la biblioteca el siguiente que quiero leer, El príncipe. ¡Ya os contaré!

¿De qué va la obra? Pues nada más y nada menos que del «descubrimiento» del clítoris por un cirujano y profesor de anatomía de la Universidad de Padua llamado Mateo Colón, que vivió en la primera mitad del siglo XVI. Había sido alumno del gran Vesalio e hizo algunas aportaciones al estudio de la anatomía, una de ellas fue la descripción del clítoris, al que llamó amor veneris (amor de Venus), aunque este «descubrimiento» era controvertido ya en su época.

El anatomista hace un interesante paralelismo entre Mateo Colón y Cristóbal Colón, uno descubridor del clítoris y otro de América, ambos supuestamente «conquistadores». Mateo se enamora de una prostituta, Mona Sofía, y empieza a buscar maneras de conquistarla, pócimas, etc. Esto lo lleva a estudiar la anatomía femenina mediante la disección de cadáveres. Mona Sofía no le hace mucho caso, así que experimenta con una aristócrata viuda, Inés de Torremolinos, que le permite comprobar los efectos de la estimulación del clítoris. Mateo Colón plasma este descubrimiento y otros en su obra De re anatomica, y ahí se topa con la Inquisición, que lo encarcela. El alegato que realiza en su propia defensa es impresionante, sobre todo porque refleja la idea que se tenía (¿se sigue teniendo?) de la mujer.

Y yo me pregunto, seguramente como el autor de esta magnífica novela, ¿de verdad alguien se puede creer que ninguna mujer había descubierto ya el clítoris? ¿O es que se trata del «descubrimiento» masculino de este órgano? Pues tardaron muchos siglos, ¿verdad? Lo mismo ocurre con el «descubrimiento» de América. ¿«Descubrimiento» en un lugar lleno de gente? ¡Ah, claro, se trata del descubrimiento de América por parte de los occidentales! ¡Haberlo dicho antes! De todos modos, los occidentales también «descubrieron» Oriente, Australia, África… ¿Cómo es que no lo llamaron «descubrimiento»? Qué cosas tiene la lengua, ¿verdad?

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Tristeza (busca el error)

—¿Qué traduces? Pareces triste. ¿Un texto sobre alguna enfermedad terrible?

—Un artículo científico sobre el cambio climático.

La cara de Laura no refleja precisamente alegría, es cierto. Aun a sabiendas que la temperatura del planeta va aumentando y las consecuencias ya se notan por todas partes, no le parece que las personas que pueden hacer algo útil estén tomando medidas. Pol y ella ya hace más de veinticinco años que dejaron el coche, cuando el último empezó a causarles problemas. Decidieron probar y la prueba resultó muy positiva. Les encanta ir en tren o en autobús, y una vez alquilaron un coche. La pandemia les ha complicado un poco la vida, pero ahora que están vacunados, ya pueden volver a utilizar el transporte público. Y caminar, que también les encanta, aunque sea por la ciudad.

—Ni siquiera consigo convencer a mis amigos de que se compren un coche híbrido o eléctrico —lloriquea Laura—, dicen que es caro y no hay lugares de carga. Tienen razón, claro. Y mi hermano ni siquiera me acepta un coche eléctrico como regalo de boda. ¡Eso me duele como ni te imaginas!

—También hay mucha gente que se preocupa —dice Pol.

—Vaya, qué raro que seas optimista, sobre todo en este tema.

—La verdad es que no lo soy, más bien creo que estamos condenados a la extinción, como los dinosaurios, pero esta vez por méritos propios.

—Tendríamos que ser capaces de pensar globalmente, de unirnos, de preocuparnos por los demás, de mil cosas; pero solo pensamos en nosotros mismos. ¡Qué pena! ¡Con lo hermoso que es este planeta!

Pol se va a dar una vuelta en bici y la deja sola con sus pensamientos y su traducción. Laura piensa que los seres humanos solo son una especie animal más, con unas características un tanto especiales, es cierto, pero sometidos a las mismas leyes que las demás. La inteligencia prevalece sobre la fuerza en las leyes de la evolución humana, pero también sobrevive el más apto. En algún momento de su vida, Laura había pensado que la visión global y el bien común acabarían prevaleciendo, pero pronto se dio cuenta de que no era así. El ecologista más cañero se marcha a su casa, después de una manifestación o un mitin, en su flamante coche de gasolina. Se está poniendo cada vez más triste cuando suena el teléfono. Es su hermano.

—Oye, hemos decidido aceptar vuestro regalo —dice—. Ya lo hemos elegido. No ha sido fácil, hay muchos modelos. ¿Crees que unas placas solares serían suficientes para cargarlo? Podríamos aprovecharlas también para la casa, ¿no?

—¡Vaya, estupendo! Te mandaré el teléfono de un técnico en energía solar para que te asesore, pero serán suficientes para cargar el coche.

Cuando Pol regresa de su paseo en bici, le cuenta que se ha encontrado con el grupo del pueblo, los Actis, se llaman a sí mismos. El domingo por la mañana van a recoger basura por los márgenes de las carreteras y las orillas del río; por la tarde, han organizado una excursión para recolectar bellotas, con el objetivo de hacerlas germinar y plantar los arbolitos en primavera; el sarao terminará con una cenita al aire libre hecha por la cocinera mayor del reino, con productos locales, por supuesto. La tristeza se le ha pasado de golpe. ¡Ya tienen el domingo ocupado!

Hay un error en el texto. Bueno, uno voluntario, quizá haya más, involuntarios. ¿Te apetece buscarlo? Dentro de unas semanas, la solución, con su comentario.

La locución «a sabiendas» siempre se escribe con la preposición «de», tanto si va seguida de un complemento nominal como oracional, como muy bien nos explica la Fondéu en su entrada dedicada a esta locución. Por lo tanto, habría tenido que escribir «aun a sabiendas de que». Creo que lo teníais todos muy claro, ¿verdad?

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¿Anatomista o anatómico?

¿El señor o la señora que sabe de anatomía y hace de ella su profesión es un anatómico o un anatomista? Estas dos palabras a veces se confunden y se utilizan mal. La primera es un adjetivo y la segunda es un sustantivo, lo cual ya nos da una pista importante sobre su significado. Sí, la persona que se especializa en la anatomía es un anatomista o una anatomista.

En cambio, si queremos hablar de algo relacionado con la anatomía hablaremos de algo anatómico; por ejemplo, estudio anatómico, conocimiento anatómico, estructura anatómica, características anatómicas, modelo anatómico, atlas anatómico, disección anatómica, dibujo anatómico, regiones anatómicas y un largo etcétera. Este adjetivo tiene otra acepción; si queremos referirnos a un objeto que se adapta muy bien al cuerpo humano, utilizamos también anatómico/a. Por ejemplo, una prenda anatómica, un sillón anatómico, un implante anatómico…

La anatomía considerada como una disciplina científica que estudia las características morfológicas del cuerpo humano es indispensable para todos los profesionales sanitarios, por eso se le dedica una asignatura durante todo un año en la carrera de Medicina. En especial los cirujanos necesitan tener conocimientos muy buenos de anatomía, pero no solo ellos, también el personal de enfermería necesita tenerlos, para poder, por ejemplo, hacer una extracción de sangre de manera correcta. La anatomía también es imprescindible para cualquier otro médico, para poder explorar bien al paciente y poder valorar a qué pueden corresponder sus síntomas según la localización. Ni que decir tiene que los conocimientos de anatomía también son imprescindibles para los fisioterapeutas, cinesiterapeutas, masajistas, etc.

Por supuesto, un anatomista también puede dedicarse al estudio de la anatomía animal, imprescindible para ser un buen veterinario, por ejemplo. En este caso, estudiará carreras como Veterinaria o Biología. Aquí las cosas se complican un montón, porque la variedad de animales es muy grande y las diferencias entre ellos, igualmente grandes. La anatomía de un caballo no tiene nada que ver con la de un tiburón, por ejemplo.

Veamos cómo ven el tema los franceses, ya que soy traductora del francés. Pues lo ven como nosotros:

Voy a leerme un libro que parece muy interesante, El anatomista, de Federico Andahazi, ambientado en el siglo XVI, que por suerte estaba en la biblioteca de mi barrio. En este artículo, podéis leer un interesante y corto análisis de la novela. Ya os contaré.

¿Y qué tal un poco de historia? Parece interesante la de una anatomista italiana del siglo XIV, que sin duda habría llegado muy lejos si no hubiera muerto a los 19 años, víctima de una sepsis. Se trata de Alessandra Giliani, que se disfrazaba de hombre para no llamar la atención y poder dedicarse a lo que le gustaba, la anatomía y la disección. Está registrada como la primera mujer anatomista de la historia.

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