Generalidades sobre las articulaciones

Una articulación es la unión de dos o más huesos, de modo que puedan moverse en una o varias direcciones gracias a la contracción de los músculos que se insertan en ellos, aunque algunas articulaciones no se mueven o tienen un movimiento muy limitado, como la del hueso frontal con los parietales, por ejemplo; otras, en cambio, se mueven en todas direcciones, como la articulación del hombro. Vamos a ver cuántos tipos de articulaciones hay y cómo son. En otras entradas, estudiaremos las diferentes articulaciones del cuerpo, con más detenimiento.

De manera general, podemos decir que existen tres tipos de articulaciones:

      • Sinartrosis
      • Anfiartrosis
      • Diartrosis

Una sinartrosis es una articulación sin movimiento o con poquísimo movimiento, en la que los dos huesos están unidos por un tejido fibroso o cartilaginoso que impide que los huesos se muevan mucho uno respecto al otro. Las sinartrosis pueden ser de tres tipos, según el tipo de tejido que una los huesos: sinfibrosis o suturas (huesos unidos por tejido fibroso, como en el cráneo); sindesmosis (huesos unidos por un robusto ligamento o membrana, como la del radio con el cúbito en su zona media, las fontanelas de los lactantes o las apófisis espinosas y transversas entre sí, por ejemplo); sincondrosis (huesos unidos por tejido cartilaginoso, como los cartílagos de crecimiento en los niños); sinostosis (huesos unidos por tejido óseo, sin nada de movimiento, como en los huesos del sacro).

Una anfiartrosis es una articulación con poco movimiento en la que los dos huesos están unidos por cartílago hialino o fibroso. Por ejemplo, la articulación entre los cuerpos vertebrales o entre los dos huesos púbicos (sínfisis púbica).

Una diartrosis es una articulación compleja y muy móvil en la que las dos superficies óseas están revestidas de cartílago hialino y unidas por una cápsula fibrosa con líquido sinovial en su interior, que lubrica las superficies articulares y favorece el movimiento. Existen varios tipos de diartrosis: plana o artrodia, trocoide, tróclea, cóndilo, en silla de montar y enartrosis. Las iremos estudiando en cada caso concreto. Son las verdaderas articulaciones, las que tienen un movimiento apreciable y nos permiten movernos. Son ejemplos de diartrosis las articulaciones de la cadera, la rodilla, el hombro y el codo, entre otras.

Vamos a ver todas estas palabras en francés:

Como hemos visto, la articulación más compleja y también la más móvil es la diartrosis, así que vamos a ver cómo es en general, ya que existen diferentes tipos. Podemos decir que los elementos principales de una diartrosis son: el cartílago hialino, que recubre los dos extremos de los huesos que se articulan; la cápsula articular, que va de un hueso al otro y forma una especie de manguito cerrado entre las dos; la membrana sinovial, que tapiza la parte interna de la cápsula articular; el líquido sinovial, segregado por la membrana sinovial; la cavidad articular, que es el espacio entre los dos huesos, donde se encuentra el líquido sinovial.

Además, por fuera de la cápsula articular, se encuentran los ligamentos que refuerzan la articulación y los tendones de inserción de los músculos que mueven los huesos en cuestión.

Para complicar un poco más las cosas, las diartrosis también pueden tener elementos añadidos para complementarlas, como los meniscos, formados por tejido fibrocartilaginoso, que se encuentran dentro de la articulación y sirven para armonizar las superficies articulares o estabilizar la articulación, entre otras cosas; los más famosos son los de la rodilla. También podemos encontrar rodetes, formados por tejido fibrocartilaginoso, que son como una especie de reborde o labio en la articulación que aumenta su profundidad y su superficie. Por último, tenemos los discos, que se encuentran entre los dos huesos, como los discos intervertebrales; también son de tejido fibrocartilaginoso y su función es la amortiguación de las presiones.

Iremos viendo los detalles de todos estos tipos de articulaciones y diferentes elementos en la descripción de cada articulación.

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Quince minutos de yoga para traductores

Quizá serán un poco más de quince minutos y, por supuesto, no solo para traductores, pero en fin, se trata de dedicar un tiempo corto unos días a la semana, o cada día, para relajarnos, conseguir mayor flexibilidad y mejorar la postura, entre otros muchos beneficios de las posturas del yoga. Para realizar estas posturas de la manera más eficaz posible, no solo hay que controlar el cuerpo, sino también la mente. Se trata de prestar atención a lo que hace el cuerpo y también a lo que hace la mente, a la vez que se intenta centrarla en el movimiento o la postura que se está realizando en este momento, sin dejar que ningún otro pensamiento la invada.

Haremos 7 posturas en total y cada una deberá mantenerse durante 2 minutos antes de pasar a la siguiente. La primera y la última sirven para entrar y salir de la sesión, para prepararnos al inicio y para volver a nuestras actividades al final, con la musculatura y la mente bien relajadas. Todas las posturas deben hacerse lentamente, con plena conciencia. Por supuesto, no deben producir ninguna molestia o dolor. Se llega hasta donde se puede, no más allá.

1. El loto (padmasana). Consiste en sentarse con la espalda bien recta y las piernas cruzadas, con los pies encima de los muslos y las manos sobre las rodillas. Nos colocamos en esta postura despacio. Una vez estabilizada, intentamos relajar todos los músculos que no se estén utilizando. Intentamos también, con los ojos cerrados, tranquilizar la mente; podemos hacerlo concentrándonos en la respiración o simplemente en el cuerpo, para que los músculos estén bien relajados. Nos servirá como preparación para las demás posturas. Duración: 2 minutos o más.

2. El triángulo (trikonasana). Una vez en situación, con el cuerpo y la mente relajados en la medida de lo posible, nos levantamos despacio, sin perder la concentración. Desde la posición de pie, separamos bien las piernas, giramos el pie derecho hacia fuera, ponemos los brazos en cruz a la altura de los hombros y bajamos la parte superior del cuerpo como un bloque de modo que la mano derecha toque el pie derecho y la izquierda mire hacia arriba, despacio. Si podemos y no nos duelen las cervicales, dirigimos la mirada hacia la mano izquierda. Si no podemos llegar hasta el pie, pues nos quedamos en el tobillo o la pierna, no importa. La respiración debe acompañar estos movimientos lentos. Inspiramos al poner los brazos en cruz y espiramos al inclinar el cuerpo; después, seguimos respirando profundamente. Mantenemos la postura durante un minuto y después ascendemos, mientras inhalamos. Repetimos la postura por el otro lado. Duración: 2 minutos.

3. La guirnalda (malasana). A partir de la postura de pie anterior, separamos un poco las piernas, la anchura de las caderas, y colocamos las puntas de los pies ligeramente hacia fuera. Juntamos las palmas de las manos a la altura del pecho y flexionamos las rodillas a la vez que separamos las piernas, hasta quedar más o menos en cuclillas, con el tronco entre las rodillas y los brazos por dentro de los muslos. La columna vertebral debe estar bien recta y alineada con la cabeza. Las plantas de los pies deben tocar por completo el suelo. Mantenemos la postura durante dos minutos respirando lenta y rítmicamente. Después, nos levantamos despacio. Duración: 2 minutos.

4. El águila (garudasana). Desde la posición de pie con los pies juntos, flexionamos un poco las rodillas, levantamos la pierna izquierda y la pasamos por delante de la pierna derecha, con el pie apuntando hacia el suelo. Si podemos, pasamos el pie por detrás de la pierna, de modo que quede como enrollado en ella. Ahora extendemos los brazos hacia delante, paralelos al suelo, flexionamos los codos y cruzamos los brazos de modo que el izquierdo pase por delante del derecho, se enrollen los dos y las manos se unan. Aguantamos durante 30 segundos y repetimos por el otro lado. Duración: 1 minuto.

5. La cobra (bhujangasana). Pasamos a la posición horizontal, en este caso boca abajo. Colocamos las manos planas en el suelo, a la altura de los hombros, y levantamos poco a poco el tronco y la cabeza, con la ayuda de los brazos. Vamos arqueando despacio toda la columna y la cabeza al máximo, de modo que podamos mirar hacia el techo (o el cielo, si estamos al aire libre). No debemos levantar las piernas, solo el tronco. Inspiramos al iniciar el movimiento y después respiramos profundamente. Si tenemos problemas de espalda, sobre todo en las vértebras cervicales, debemos limitar el arqueo de la columna cervical. No hay que sentir ninguna molestia o dolor. Aguantamos el movimiento dos minutos y descansamos. Duración: 2 minutos.

6. El niño (balasana). Hemos quedado boca abajo de la anterior postura. Nos ponemos de rodillas, con las rodillas un poco separadas, despacio. Ahora nos sentamos sobre los talones y, a continuación, levantamos los brazos en vertical y bajamos el tronco hasta que la cabeza toque las rodillas y los brazos, el suelo. Apoyamos la frente en la colchoneta y nos relajamos, respirando rítmicamente. Esta postura es muy relajante y nos permitirá descansar un poco. También podemos hacerla con los brazos extendidos hacia atrás. Duración: 2 minutos.

7. El cadáver (savasana). Para finalizar la sesión, nos colocaremos en esta postura relajante, que consiste en tumbarnos boca arriba, con las piernas un poco separadas y los brazos también. Las palmas de las manos miran hacia arriba. Los ojos están cerrados. Respiramos lentamente y centramos la atención en primer lugar en la relajación de todas las partes del cuerpo y después en la respiración. Podemos quedarnos tranquilamente en esta postura durante el tiempo que queramos.

Quizá tendremos que acortar el tiempo de algunas posturas al principio, pero poco a poco podremos llegar a dos minutos cada una y tal vez complementar la sesión con otras posturas sencillas.

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Mosquitos transmisores de enfermedades

Es bien sabido que algunas especies de mosquitos (zancudos en América Latina) pueden transmitir enfermedades potencialmente graves e incluso mortales, como el paludismo, el dengue, la fiebre amarilla, la enfermedad por el virus de Zika, el chicungunya o la fiebre del Nilo Occidental, entre otras que veremos más adelante. Para que eso ocurra en un determinado lugar, deben reunirse dos condiciones básicas: que exista el vector y que exista el microorganismo (virus, protozoo o nematodo). Por supuesto, también es imprescindible que el vector se infecte (picando a una persona infectada) y transmita el microorganismo (picando a una persona sana).

Vamos a ver primero qué y cómo es un mosquito, ese animalito tan simpático que nos amarga los veranos, de día y de noche. Los mosquitos son insectos del orden de los dípteros. Las clasificaciones de los animales siempre son complicadas, pero podemos decir que el orden de los dípteros tiene dos subórdenes, los nematóceros y los braquíceros. Los mosquitos pertenecen al primero. El suborden de los nematóceros tiene más de treinta familias en todo el mundo, de las cuales cuatro son mosquitos (culícidos, psicódidos, quironómidos y tipúlidos). Las dos últimas familias, quironómidos y tipúlidos, no pican, así que los dejaremos tranquilos. Las otras dos, culícidos y psicódidos, sí que pican y pueden transmitir enfermedades.

¿Cómo es un mosquito? Para empezar, los dípteros se llaman así porque solo tienen dos alas, a diferencia de la mayoría de los insectos, que tienen cuatro. Las otras dos alas se han transformado en un órgano que se llama halterio, que sirve para estabilizarlos durante el vuelo. El cuerpo de un mosquito tiene tres partes: cabeza, tórax y abdomen. En la cabeza, se encuentran las dos antenas, los dos ojos compuestos, los palpos y la probóscide (la que nos pica). En el tórax, encontramos el halterio, las dos alas y las seis patas, cada par de las cuales sale de una parte de las tres en las que se divide el tórax: protórax, mesotórax y metatórax. El abdomen está segmentado y el principal elemento que contiene es la genitalia, es decir, los genitales. La anatomía de los dípteros es más complicada, como podéis ver en este interesante documento.

El mosquito sufre una metamorfosis que consta de cuatro fases: huevo, larva, pupa y adulto. El agua es imprescindible para las tres primeras fases: agua estancada más o menos limpia, charcos, recipientes o árboles que acumulan agua, pantanos, marismas, terrenos aluviales, campos o prados de regadío, etc. Los huevos pueden aguantar en terreno seco durante bastante tiempo (meses) y eclosionar cuando las condiciones son favorables. El tiempo que dura el ciclo y la vida de los adultos varía según las especies, pero generalmente es de unas semanas. Los machos se alimentan del néctar de flores y otros productos orgánicos, pero las hembras son hematófagas, necesitan sangre para el desarrollo de los huevos, por eso pican.

De las dos familias que pueden transmitir enfermedades a los seres humanos (también a los animales), la principal es la de los culícidos (Culicidae, en redonda, como muy bien explica Gonzalo A. Claros en su libro). Esta familia se divide en dos subfamilias: Culicinae y Anophelinae, con sus correspondientes especies, más de 3400 conocidas. Entre los Culicinae, destacan dos géneros muy importantes en cuanto a la transmisión de enfermedades: Aedes y Culex. La subfamilia Anophelinae tiene numerosas especies del género Anopheles, entre ellas los terribles mosquitos bien conocidos en todo el mundo porque transmiten el paludismo. La otra familia, la de los psicódidos (Psichodidae), tiene más pinta de mosca que de mosquito e incluye especies que pueden transmitir enfermedades, como veremos más adelante.

Vamos a empezar por el género Aedes, que tiene numerosas especies, pero del que nos interesan, sobre todo, dos: Aedes aegypti y Aedes albopictus, llamado mosquito tigre. Aedes aegypti vive en zonas tropicales y subtropicales, pero, debido al cambio climático, se prevé que se extienda a zonas como el sur de Europa; transmite enfermedades como el dengue, la fiebre amarilla, el chicungunya, la enfermedad por el virus de Zika y la enfermedad por el virus de Mayaro, algunas de las cuales pueden ser muy graves, incluso mortales, como las dos primeras. Aedes albopictus, el famoso mosquito tigre, puede transmitir el dengue, el chicungunya y la enfermedad por el virus de Zika; al menos eso es lo que se sabe por ahora. El género Aedes también puede transmitir la fiebre del valle del Rift, una zoonosis que puede afectar a los seres humanos, así como la filariasis linfática.

El género Anopheles (muchas de sus especies) es bien conocido sobre todo porque es el vector de las diferentes especies de plasmodios que producen el paludismo, un protozoo que causa muchas muertes, sobre todo en zonas tropicales africanas. Este género también puede transmitir la filariasis linfática, una enfermedad tropical producida por diferentes especies de nematodos (gusanos).

El género Culex puede transmitir principalmente la fiebre del Nilo Occidental; la fiebre del valle del Rift; la encefalitis japonesa, una enfermedad vírica que afecta a numerosos países de Asia y que puede dejar secuelas neurológicas importantes; la encefalitis de San Luis, que afecta a todo el continente americano, y la filariasis linfática.

Nos quedan los mosquitos de la familia de los psicódidos (Psychodidae), de los cuales solo una familia, Phlebotominae, puede transmitir enfermedades, en concreto las diferentes formas de leishmaniasis (visceral, cutánea y mucocutánea), una enfermedad que afecta sobre todo a las poblaciones más pobres del mundo; también puede afectar a perros y otros animales.

El tema es complicado y extenso, pero hemos visto algunos aspectos importantes. Lo esencial es recordar que la presencia del vector (mosquito) hace cada vez más probable que exista la enfermedad en un país hasta el momento libre de ella, ya que las personas nos movemos cada vez más de un lugar a otro del planeta y podemos traer con nosotros microorganismos que, si existe en vector, podrán iniciar su cadena de transmisión. El calentamiento global también favorece la expansión de los mosquitos en zonas donde no podían vivir debido a las condiciones climáticas. ¡Así que cuidado con los mosquitos!

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Diccionarios de símbolos

Cuando nos hablan de símbolos, lo primero que se nos ocurre son esas representaciones gráficas que sirven para expresar un concepto de tipo científico o técnico. Por ejemplo, He, símbolo del helio; %, símbolo del porcentaje; €, símbolo del euro; km, símbolo del kilómetro, y un largo etcétera. Estos símbolos son invariables y se escriben sin punto al final (excepto si la frase termina inmediatamente después de ellos, por supuesto); es decir, no puedo escribir el símbolo del kilómetro en mayúscula (Km) o con un punto al final (km.), solo puedo escribir «km». Tampoco puedo escribir pH de una forma diferente a esta, aunque se encuentre al principio de una frase y parezca que lo tengo que poner en mayúscula; nooooo, pH siempre.

Esos símbolos, los traductores los conocemos bastante, ¿verdad? Nos salen mucho en las traducciones científicas e incluso no científicas. No quiero hablar ahora de estos símbolos, sino de otros, de los que son animales, plantas o cosas quizá normales y corrientes, pero que, además, representan una idea, una entidad o una condición, como la paloma simboliza la paz y también el Espíritu Santo. Nuestro mundo racional no tiene en muy buena consideración este tipo de asociación, en algunos casos, ya que no corresponde a la realidad pura y dura, pero existe o ha existido, así que debemos conocerla. Por otra parte, los diferentes pueblos, civilizaciones y culturas utilizan o han utilizado símbolos diferentes, que van cambiando con el paso del tiempo.

El concepto de símbolo es complejo y su estudio puede llevar muy lejos, como podemos ver en este interesante artículo de la doctora Salomé Sola-Morales, cuya introducción dice, entre otras cosas: «El cartesianismo suscitó el triunfo del signo sobre el símbolo —y del concepto sobre la imaginación—, ya que se consideraba a los segundos inductores de errores. Recordemos que en la primera parte del Discurso del Método, Descartes señaló la importancia de distinguir entre lo verdadero y lo falso y al referirse a las opiniones subrayó la necesidad de tener “casi por falso todo lo que no fuera más que verosímil” (1939:6). Es decir, a su juicio, todo lo que no atienda a un razonamiento lógico carece del estatuto de verosimilitud. Pero no podemos olvidar que muchas de las certidumbres humanas también pueden construirse en base a emociones, sentimientos o vivencias subjetivas que no pueden ser comprendidas o abordadas exclusivamente desde esta perspectiva. De hecho, muchos de los interrogantes fundamentales aún permanecen irresolutos y no han sido aún respondidos atendiendo al método hipotético-deductivo».

Además de los estudios sobre el tema, también existen diccionarios de símbolos, que es a lo que iba. Os recomiendo el Diccionario de los símbolos, de Jean Chevalier, publicado por la editorial Herder. Es uno de los más completos y nos puede resultar muy útil a la hora de traducir, además de ser ideal para leer una entrada de vez en cuando y aumentar nuestros conocimientos. Transcribo la primera acepción de «alfa y omega», que es cortita: «Estas dos letras se encuentran en el principio y al fin del alfabeto griego. Como se considera que las letras contienen la clave del universo, este se halla enteramente encerrado entre estas dos extremidades. Alfa y omega simboliza pues la totalidad del conocimiento, la totalidad del ser, la totalidad del espacio y del tiempo».

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Huesos del miembro inferior

Ya hemos estudiado un poco los huesos del miembro superior, vamos ahora a por los del miembro inferior. Para empezar, vamos a ver de qué partes consta. El miembro inferior tiene tres partes: muslo, pierna y pie. Como en el caso del brazo, en el lenguaje científico, a diferencia del lenguaje común, la pierna no es todo el miembro inferior, sino solo la parte central, entre la rodilla y el tobillo; por eso, si consultáis el DLE, veréis que la pierna se define, en primer lugar, como la extremidad inferior de las personas, mientras que, si consultáis el DTM, veréis que la pierna es una parte, la central, de la extremidad inferior. Todo depende del ámbito en el que nos movamos.

El pie consta de dorso, planta y dedos. Los dedos de los pies no reciben los mismos nombres que los de las manos, se llaman: primer dedo, dedo gordo o hallux; segundo dedo; tercer dedo; cuarto dedo, y quinto dedo. Vamos a ver estos nombres en francés.

En cuanto a los huesos, el primero que nos encontramos, unido al tronco, es el fémur, en el muslo; después vienen la tibia y el peroné, en la pierna; finalmente, los huesos del pie, primero los del tarso, que son el astrágalo, el calcáneo, el navicular, el cuboides y los tres cuneiformes, siete en total, y después los metatarsianos (cinco en total) y las falanges (tres para cada dedo menos para el dedo gordo, que tiene solo dos, como en los dedos de las manos).

Vamos a ver algunas características de los principales huesos.

Fémur. Es un hueso largo, el más largo del cuerpo y también el más robusto. Forma la articulación de la cadera en la parte proximal al articularse con el coxal, y la articulación de la rodilla mediante su articulación distal con la tibia y la rótula. Tiene un extremo proximal, que consta de la cabeza, el cuello, el trocánter mayor y el trocánter menor; una diáfisis, que es la parte alargada; un extremo distal, con el cóndilo externo y el cóndilo interno.

Tibia. También es un hueso largo, situado en la parte interna o medial de la pierna. Se articula por arriba con el fémur (meseta tibial), por abajo con el astrágalo y por fuera con el peroné. En el extremo proximal, tiene tres tuberosidades y una espina tibial; después viene la diáfisis, que es la parte larga; finalmente, en el extremo distal, se encuentra el maléolo interno.

Peroné. También es un hueso largo, situado de forma más o menos paralela a la tibia, con la que se articula. Consta de la cabeza, la diáfisis y el maléolo externo, que forma parte de la articulación del tobillo y se articula por arriba con la tibia por la aprte lateral.

Rótula. Es un pequeño hueso triangular que se articula con el fémur, a la altura de la rodilla.

Los huesos del tarso están distribuidos en dos hileras. La primera hilera, que es posterior, está formada por el astrágalo por arriba y el calcáneo por abajo; la segunda hilera es anterior y la forman el navicular, el cuboides y los tres cuneiformes. Después vienen los metatarsianos, que son cinco huesos largos que se articulan con las falanges de los dedos (falange proximal, media y distal, excepto para el dedo gordo, que solo tiene dos falanges, proximal y distal.

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La casa de El Gato Juguetón

La casa de El Gato Juguetón es la primera novela de La comedia humana de Balzac; forma parte de las escenas de la vida privada, dentro de los estudios de costumbres. Es la historia de una familia que tiene un próspero negocio de venta de telas. La menor de las hijas, a la que sus padres habían destinado al segundo ayudante como marido, se enamora de un joven muy rico. Después de un tiempo de dudas, la riqueza de la familia del joven convence a la familia y la muchacha se casa con él. En unos años, lo que parecía un amor para toda la vida se convierte en una angustia creciente para la joven.

A través de esta sencilla historia, Balzac nos permite vislumbrar muchas cosas sobre el París de su época, el siglo XIX: la vida cotidiana de una familia de comerciantes acomodada pero no rica; la sujeción de los hijos (sobre todo de las hijas) a sus padres; las relaciones entre diferentes estratos sociales y un largo etcétera. Las descripciones son una auténtica delicia y nos permiten descubrir palabras poco comunes de las que podemos aprender algo, como las que siguen. Cada palabra se acompaña de la traducción al español del texto donde aparece (de Aurelio Garzón del Camino, editorial Hermida) y del texto original en francés de Balzac. Nos centraremos en la acepción que corresponde al texto.

Enlucido: revestimiento de cal, yeso u otros materiales que se pone en las paredes o los techos para darles el acabado final, antes de la pintura.

«¿Qué otro nombre podía dar el desocupado paseante a las X y a las Y que trazaban sobre la fachada los maderos transversales o diagonales dibujados en el enlucido por pequeñas grietas paralelas?»

«Quel autre nom le flâneur pouvait-il donner aux X et aux V que traçaient sur la façade les pièces de bois transversales ou diagonales dessinées dans le badigeon par de petites lézardes parallèles ?»

Cuarterón: cada una de las partes en que queda dividida una puerta o ventana que tiene listones divisorios.

«Cada piso poseía su peculiaridad. En el primero, cuatro ventanas largas, estrechas y muy cercanas la una de la otra, tenían cuarterones de madera en su parte inferior, con el fin de producir esa luz dudosa, en favor de la cual un mercader hábil presta a las telas el color deseado por sus parroquianos.»

«À chaque étage, une singularité : au premier, quatre fenêtres longues, étroites, rapprochées l’une de l’autre, avaient des carreaux de bois dans leur partie inférieure, afin de produire ce jour douteux, à la faveur duquel un habile marchand prête aux étoffes la couleur souhaitée par ses chalands.»

Casaca: prenda exterior ceñida, de manga larga, sin cuello, cerrada con botones y terminada en faldones. Podía ser sencilla o tener bordados. Era una prenda sobre todo masculina, aunque también existían casacas para mujeres, más cortas.

«El animal tenía en una de sus patas delanteras una raqueta tan grande como él, y se erguía sobre sus patas de atrás para mirar con atención una enorme pelota que le devolvía un caballero de bordada casaca

«L’animal tenait dans une de ses pattes de devant une raquette aussi grande que lui, et se dressait sur ses pattes de derrière pour mirer une énorme balle que lui renvoyait un gentilhomme en habit brodé.»

Imposta: hilera de sillares u otros elementos, algo saliente, que marca el final de un piso y el principio del siguiente, o que marca el inicio de un arco que cierra una ventana o una puerta. Puede ser sencilla o estar ricamente labrada.

«En aquel momento, una mano blanca y delicada hizo subir hacia la imposta la parte inferior de una de las groseras ventanas del tercer piso, por medio de esas correderas cuyo torniquete deja a menudo caer de improviso la pesada vidriera que debe retener.»

«En ce moment, une main blanche et délicate fit remonter vers l’imposte la partie inférieure d’une des grossières croisées du 12 troisième étage, au moyen de ces coulisses dont le tourniquet laisse souvent tomber à l’improviste le lourd vitrage qu’il doit retenir.»

Cofrade: persona que pertenece a una cofradía, es decir, a un gremio o conjunto de personas que se dedican a la misma actividad. Por ejemplo, los médicos son cofrades entre sí, aunque hoy utilizamos la palabra «colegas». En el caso del texto de Balzac, se trataría del gremio de comerciantes de paños.

«Si algunos de sus cofrades habían cerrado tratos con el gobierno sin contar con la cantidad de paño deseada, él estaba siempre dispuesto a entregársela, por muy considerable que fuese el número de piezas estipuladas.»

«Si quelques-uns de ses confrères concluaient des marchés avec le gouvernement sans avoir la quantité de drap voulue, il était toujours prêt à la leur livrer, quelque considérable que fût le nombre de pièces soumissionnées.»

Gimnoto: pez de agua dulce de cuerpo alargado, como una anguila (aunque no está emparentado con esta), que puede producir descargas eléctricas. Vive en América Latina, sobre todo en el río Amazonas y sus afluentes. Su nombre científico es Electrophorus electricus o también Gymnotus electricus. Puede llegar a tener más de dos metros de largo y pesar unos veinte kilos.

«Asegurado de que nada había cambiado durante el sueño, reparó entonces en el transeúnte de centinela, quien, por su parte, contemplaba al patriarca de la pañería como Humboldt debió examinar el primer gimnoto eléctrico que vio en América.»

«Bien convaincu que rien n’avait changé pendant son sommeil, il aperçut alors le passant en faction, qui de son côté contemplait le patriarche de la draperie comme Humboldt dut examiner le premier gymnote électrique qu’il vit en Amérique.»

Asaz: adverbio sinónimo de «bastante» o «muy» que, como en el caso de estos últimos, se antepone a un adjetivo o un adverbio para indicar un grado elevado de este. También se puede usar como adjetivo. Es una forma utilizada en el lenguaje culto y poético.

«El asaz curioso extranjero parecía codiciar el pequeño local, se diría que sacaba el plano de un comedor lateral, alumbrado por una vidriera practicada en el techo, y desde el cual la familia reunida debía ver fácilmente, durante sus comidas, los más ligeros sucesos que pudiesen ocurrir en el umbral de la tienda.»

«Le trop curieux étranger semblait convoiter ce petit local, y prendre le plan d’une salle à manger latérale, éclairée par un vitrage pratiqué dans le plafond, et d’où la famille réunie devait facilement voir, pendant ses repas, les plus légers accidents qui pouvaient arriver sur le seuil de la boutique.»

Probidad: sinónimo de honradez, es decir, rectitud de ánimo e integridad en el obrar. Es un sustantivo femenino: la probidad.

«Tal reserva puede parecer hoy ridícula. Sin embargo, aquellas viejas casas eran escuelas de costumbre y de probidad

«Cette réserve peut paraître ridicule aujourd’hui ; mais ces vieilles maisons étaient des écoles de mœurs et de probité.»

Estas pocas palabras también nos permiten apreciar la traducción por la que ha optado el traductor en cada caso. Algo siempre muy interesante para aprender, tanto si estamos de acuerdo con ella como si no.

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Un paseo por el campo (busca el error)

—Me voy a tener que cambiar de dioses, los del Olimpo no funcionan —dice Laura, triste.

—¿De qué hablas? —le pregunta Pol.

—Hace un año y medio que ninguna editorial me encarga un libro para traducir. Me gusta traducir libros, los echo de menos.

Lo dice mientras teclea, teclea y teclea un texto de medicina, sobre la COVID-19. Lleva unos días triste, por la pandemia, por la gente que sufre, por las personas inconscientes, por las colegas que no tienen trabajo o tienen muy poco, por los bonitos lugares del mundo a los que no puede ir. No quiere manifestar su tristeza, para no pegársela a las personas que tiene alrededor, sobre todo a Pol, al que le afecta mucho verla mal.

Cuando termina la traducción, Pol no está, ha ido a dar una vuelta en bici. Laura decide salir a dar un paseo. Es relativamente temprano y no hace demasiado calor todavía. Intentará encontrar un poco de alegría y optimismo en la naturaleza. Se propone caminar las dos horas de rigor sin pensar en nada, solo escuchando los latidos de su corazón, su respiración, el canto de los pájaros, el viento, el ruido lejano de un tractor, de un coche…, observando los árboles, las piedras, las mariposas, otros insectos, quizá un conejito, las aves…, sintiendo el sol y el aire en la piel, el calor, el sudor…, oliendo el aroma de las flores, del trigo recién cosechado, del humo del tractor…

Al principio, su cabrona e insistente mente, no para quieta, la agobia con pensamientos de todo tipo. Poco a poco, consigue centrarse en lo que se ha propuesto: solo observar, sentir, escuchar y oler. Cuando le surge un pensamiento, lo observa, le da las gracias y lo deja marchar. Después, vuelve a lo suyo, escuchar, observar, oler y sentir.

Cuando regresa a casa, Pol está haciendo la comida. La ve llegar sonriente y sonríe también.

—¿Por fin han funcionado los dioses del Olimpo? —dice Pol—. ¿Te han encargado un libro?

—No, pero da igual, ya llegará. Y, si no llega tampoco importa. A lo mejor escribo uno.

—¡Vaya! ¿Y sobre qué?

—Pues no sé, tampoco importa —dice Laura, alegre.

Pol la mira extrañado. Seguro que piensa algo así como que las mujeres son un misterio. ¡Esos hombres!

Hay un error en el texto. Bueno, uno voluntario, quizá haya más, involuntarios. ¿Te apetece buscarlo? Dentro de unas semanas, la solución, con su comentario.

La llaman la coma asesina o criminal y es un error. Nunca hay que colocar una coma entre el sujeto y el verbo ni entre el verbo y el objeto directo. Por lo tanto, habría tenido que escribir: «Al principio, su cabrona e insistente mente no para quieta…», sin la coma entre «mente» y «no». Hay una excepción: cuando el sujeto es una enumeración que termina con un etc. Nos lo cuenta muy bien la Fondéu en este artículo.

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Leer a Balzac

Me he propuesto realizar una inmersión en el siglo XIX, en todos los aspectos posibles; ¡es un siglo sumamente interesante! Como no puedo teletransportarme a aquella época para ver con mis propios ojos lo que ocurría, lo que pensaba la gente, lo que iba surgiendo de las mentes de los científicos, los filósofos, los políticos y la gente común y corriente, las obras de arte en plena elaboración, los experimentos científicos en plena gestación y las teorías en ebullición, pues lo haré a través de los libros que se escribieron en la época o los que se han escrito en mi época, sobre todo esto.

¿Por dónde empiezo? Soy traductora del francés, así que lo ideal es empezar por la obra de un escritor francés del siglo XIX, traducida al español, ¡yo leo traducciones, faltaría más! Honoré de Balzac es un autor del siglo XIX, de origen francés y con una extensa obra que, además, tiene como proyecto de conjunto justamente reflejar la sociedad de su época. ¿Se puede pedir algo más? Bueno, siempre se puede pedir más, pero lo que me ofrece Balzac ya es una maravilla. Así que, ¡adelante! ¿Qué leo primero? Pues resulta que Stefan Zweig escribió una gran biografía sobre Balzac que se titula Balzac. La novela de una vida, traducida del alemán por Arístides Gamboa. ¡Genial, me encanta Stefan Zweig!

La biografía de Balzac escrita por Zweig es realmente una maravilla. En sus 440 páginas, que se hacen cortas, nos introduce en la vida y la obra del autor francés. No solo nos enteramos de su difícil vida familiar, de los problemas que tuvo para poder dedicarse a escribir, a pesar de la oposición de su familia, de sus problemas de dinero y con las mujeres, etc., sino también de la influencia que tuvo todo eso en su extensa obra. ¡Menuda vida! Su madre poco menos que lo odiaba, lo alejó de su familia ya al nacer; su padre lo puso a trabajar en el despacho de un notario, algo que detestaba; vivió pobremente, tras dejar ese despacho, para poder dedicarse a la literatura sin la ayuda económica de su familia; se metió en mil y un proyectos para ganar dinero que fracasaron y lo endeudaron cada vez más; escribió todo tipo de obras nefastas como negro por dinero; buscó y buscó una mujer que lo amara y lo mantuviera, sin encontrarla… Una vida difícil, muy difícil, pero, en el aspecto literario, tenía un proyecto, el de escribir una serie de obras literarias que consiguieran plasmar las costumbres de su época: La comedia humana, que no divina.

La editorial Hermida publica toda esta inmensa obra, traducida por Aurelio Garzón del Camino, en 17 volúmenes, de los cuales se han publicado ya 13. Esto representa un total de 89 obras, la mayoría novelas. Hay que decir que el proyecto inicial de Balzac era mucho mayor, pensaba escribir unas 150 obras, pero la vida no le dio la oportunidad, no le dio el tiempo (murió a los 51 años), a pesar de lo rápido que escribía y las horas que dedicaba a su obra: trabajaba sobre todo por la noche, gracias a tazas y tazas de café. Esta inmensa obra se clasifica en varias partes: Estudios de costumbres, que incluye Escenas de la vida privada, Escenas de la vida de provincia, Escenas de la vida parisiense, Escenas de la vida política, Escenas de la vida campestre y Escenas de la vida militar; Estudios filosóficos y Estudios analíticos. Veamos los títulos de cada una de estas partes.

ESTUDIOS DE COSTUMBRES

Escenas de la vida privada

La casa de El Gato Juguetón
El baile de Sceaux
La vendetta
La bolsa
La amante imaginaria
La paz del hogar
Estudio de mujer
Otro estudio de mujer
La Gran Bretèche
Una doble familia
Memorias de dos recién casadas
La mujer de treinta años
La mujer abandonada
El contrato de matrimonio
La Grenadière
Gobseck
Modeste Mignon
Béatrix
El coronel Chabert
Honorine
La interdicción
Una hija de Eva
Albert Savarus
Un debut en la vida
La señora Firmiani
El mensaje
La misa del ateo
Papá Goriot

Escenas de la vida de provincia

Ursule Mirouët
Eugénie Grandet
El ilustre Gaudissart
La musa de la provincia
Pierrette
El cura de Tours
Un hogar de soltero
La solterona
El Gabinete de los Antiguos
Las ilusiones perdidas

Escenas de la vida parisiense

Esplendores y miserias de las cortesanas
Los comediantes
Un príncipe de la bohemia
Gaudissart II
Pierre Grassou
Ferragus
La duquesa de Langeais
La Muchacha de los Ojos de Oro
Grandeza y decadencia de César Birotteau
La casa Nucingen
Sarrasine
El hombre de negocios
Facino Cane
Los parientes pobres
Los empleados
Los pequeños burgueses
Los secretos de la princesa de Cadignan
El reverso de la historia contemporánea

Escenas de la vida política

Un asunto tenebroso
Un episodio bajo el terror
Z. Marcas
El diputado de Arcis

Escenas de la vida campestre

El lirio en el valle
El médico rural
El cura de aldea
Los campesinos

Escenas de la vida militar

Los chuanes
Una pasión en el desierto

ESTUDIOS FILOSÓFICOS

La piel de zapa
La búsqueda de lo absoluto
Melmoth reconciliado
Massimilla Doni
Gambara
Los proscritos
La obra maestra desconocida
El conscripto
El hijo maldito
La posada roja
Maese Cornelius
Jesucristo en Flandes
El elixir de larga vida
El verdugo
Las Marana
Un drama a orillas del mar
Louis Lambert
Seraphîta
Adiós
Sobre Catalina de Médicis

ESTUDIOS ANALÍTICOS

Fisiología del matrimonio
Pequeñas desazones de la vida conyugal
Patología de la vida social

Una gran obra para disfrutar de la buena literatura bien traducida y para aprender sobre este interesante siglo, el siglo XIX. ¡Vamos allá!

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Dos libros encantadores de Elisée Reclus

Una amiga geógrafa y profesora recién jubilada de la Universidad de Salamanca, Teresa Vicente Mosquete, me los regaló y estoy encantada, así que os lo cuento y os los recomiendo. Se trata de La montaña y La historia de un arroyo, del Elisée Reclus, un geógrafo y anarquista de la segunda mitad del siglo XIX, un siglo fascinante en muchos sentidos; Reclus fue un geógrafo que contribuyó categóricamente al desarrollo de la geografía como ciencia. Teresa dedicó su tesina a Reclus, así que lo conoce bien. De su tesina, salió un libro, Eliseo Reclus: la geografía de un anarquista, imprescindible para los interesados en la vida y la obra de este interesante geógrafo.

La montaña es un libro encantador, de esos que quisieras que no se acabaran nunca; describe las zonas montañosas, con todos sus elementos geográficos, pero también con todas sus relaciones con otros elementos, seres humanos, mitos, dioses, geniecillos, etc. Lo bueno del libro es que no se trata de una descripción fría y científica del tema, sino muy entrañable, casi poética, que refleja la fascinación que el autor sentía por los espacios naturales y su estudio, como espacios de libertad y reflexión, en contraposición a la ciudad. Es un libro sencillamente maravilloso. Dice cosas como esta:

«Hay que tener mucha intimidad con la naturaleza para no sentir inquietud al verse cautivo de la niebla; el objeto más chico adquiere proporciones inmensas, infinitas. Algo vago y obscuro parece venir a nuestro encuentro para apoderarse de nosotros. Parece una rama y hasta un árbol lo que no es más que un tallo de hierba. Creemos que un círculo de cuerdas nos cierra el camino, y luego es una mísera tela de araña. Un día que la niebla tenía poco espesor, me detuve lleno de admiración ante un árbol gigantesco, que se retorcía los brazos como un atleta en lo más alto de un promontorio. Nunca había yo tenido el gusto de ver árbol más fuerte y mejor colocado para luchar heroicamente con la borrasca: largo tiempo lo estuve contemplando, pero poco a poco lo vi acercarse a mí y achicarse al propio tiempo. Cuando el sol vencedor disipó la niebla, el soberbio tronco quedó reducido a débil arbolillo nacido en una cercana hendidura de roca».

Es muy interesante el capítulo que dedica a los cretinos, es decir, a las personas que padecen cretinismo (hipotiroidismo por falta de ingesta de yodo o por otras causas). Hoy no usamos esta palabra, por sus connotaciones peyorativas, que seguramente no tenía en su época. Esta enfermedad congénita produce alteraciones en el desarrollo físico y psíquico del niño. Veamos lo que dice:

«Pero sean cuales fueren los privilegios e inmunidades del cretino, aunque el desdichado no tenga que temer los cuidados y las decepciones del hombre que tiene que abrirse camino en el mundo por sí mismo, hay que intentar que el cretino sea arrancado a su inocencia y a sus asquerosas enfermedades para darle, al mismo tiempo que la salud del cuerpo, el sentimiento de su propia responsabilidad moral. Es necesario que penetre en la sociedad de los hombres libres, y, para curarle y dignificarle, lo primero es conocer las causas de su degeneración. Sabios hay que, inclinados sobre sus retortas y sus libros, exponen diversos pareceres: dicen unos que la deformidad de la papera procede sobre todo de la falta de iodo en el agua potable, y que por el cruzamiento, la deformidad moral acaba por juntarse a la del cuerpo. Otros creen que papera y cretinismo nacen de que el agua procedente de la nieve no ha tenido tiempo para agitarse y airearse lo suficiente cuando llega al pueblo, o de que ha pasado por rocas que contienen magnesia. Cierto es que el agua mala puede contribuir muchas veces a que nazcan y se desarrollen enfermedades; pero ¿será ese sólo el origen?».

Dedica un capítulo a las montañas morada de dioses o con un significado religioso, como el monte Olimpo, el Parnaso, el monte Meru o el Ararat, entre otros muchos. En fin, todos los capítulos son interesantes y entrañables, poéticos. A lo largo de la lectura, te sientes más cerca de la naturaleza, te entran ganas de pasar más momentos en ella, sobre todo en soledad, para disfrutar de sus sonidos, sus aromas y sus formas, y de la libertad que desprenden.

El segundo libro es La historia de un arroyo. A través del recorrido de un arroyo, desde su nacimiento en el manantial, repasa todos los fenómenos grandes y pequeños con los que nos vamos encontrando, así como las relaciones que tiene el agua con el ser humano. Es una auténtica delicia y, además, muy instructivo en el aspecto geográfico. Gracias, Teresa.

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Miectomía y miomectomía, ¿es lo mismo?

En medicina, a veces nos encontramos con palabras muy parecidas, pero que tienen un significado muy diferente. Cuando tenemos que traducir este tipo de palabras, debemos estar muy atentos, porque un error podría ser garrafal. El contexto nos suele orientar, aunque lo definitivo es buscar el significado del término en la lengua de origen y en la lengua de destino. Por ejemplo, para el francés, podemos utilizar el Dictionnaire médical de l’Académie de Médecine y, para el español, el Diccionario de Términos Médicos.

Nos vamos a centrar en dos de estas palabras parecidas: miectomía y miomectomía. A primera vista, podemos decir que las dos terminan en -ectomía, que significa extirpación quirúrgica. En un caso, lo que es extirpa es músculo, generalmente un trozo, como veremos más adelante; en el otro caso, se quita un mioma, o sea un tumor muscular benigno. Vamos a ver estas cuatro palabras en francés y en español.

Como hemos dicho, la miectomía es la extirpación de un músculo o un trozo de tejido muscular. ¿En qué ocasiones se realiza esta extirpación? Por ejemplo, nos encontramos con la miectomía septal, que consiste en quitar quirúrgicamente una parte del septo (tabique) del corazón. Esta operación puede estar indicada en caso de aumento de tamaño del tabique interventricular en la miocardiopatía hipertrófica obstructiva, una enfermedad hereditaria del corazón. El exceso de músculo cardiaco se extirpa para que deje de ser obstructivo y mejoren los síntomas del paciente. En otros casos, también se puede extirpar un músculo o un trozo de músculo, como en ciertos casos de estrabismo (miectomía orbicular), en cirugía estética (miectomía frontal para las arrugas), en algunos casos de estreñimiento crónico importante o de enfermedad de Hirschsprung (miectomía anorrectal), etc.

La miomectomía, en cambio, es la extirpación de un mioma, es decir, un tumor formado a partir de tejido muscular. El más conocido es el mioma uterino, pero hay miomas en otros lugares, como en la vagina, el estómago u otro músculo. Existen dos tipos de miomas, el leiomioma y el rabdomioma, según si el origen es el tejido muscular liso, en el primer caso, o el tejido muscular estriado, en el segundo caso. El músculo del corazón es estriado, así como el de los ojos o la frente, mientras que el tejido muscular del estómago es liso.

Así que, cuidadito con las palabrejas parecidas, hay que mirarlas con lupa.

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