Una traducción con muchos peces

Tengo que traducir una novela en la que el protagonista es un biólogo especializado en peces o un ensayo de biología marina o simplemente un artículo de divulgación científica sobre ictiología o quizá tengo que subtitular un vídeo sobre los habitantes del mar o del río. ¡Socorro! ¡No sé nada de peces! ¿Qué es la ictiología, para empezar? Ah, dice el DRAE que es la parte de la zoología que se ocupa de los peces, algo es algo. ¿Qué hago? ¿Digo que no? ¡Ni hablar! Pido un plazo de tiempo mayor de lo habitual, eso sí, para poder documentarme bien. ¡Acabaré siendo una miniexperta en peces y, además, lo pasaré muy bien en el proceso! ¡Faltaría más! ¡Pececitos, preparaos, que voy!

Vamos a ver primero cómo es un pez, su anatomía. Ya sé que son vertebrados, junto con los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos, o sea que tienen una columna vertebral. También sé que hay peces de formas y tamaños muy diversos. He visto peces con una magnífica simetría bilateral y otros asimétricos. Buf, esto va a ser complicado. Bueno, seguro que algo en común tienen. Sí, todos tienen una cabeza, un cuerpo y unas aletas. ¿Ah, sí? ¡Pues no! ¡Resulta que hay peces sin aletas, como las anguilas! Vamos a centrarnos en lo más frecuente. Por fuera, un pez tiene una cabeza con dos ojos, dos narinas, una boca y un opérculo  que cubre las branquias y tiene una abertura (n.º 1 en el dibujo). En la parte lateral del cuerpo, se puede observar la línea lateral (n.º 2), un órgano sensorial que le permite captar los movimientos del agua. Está generalmente cubierto de escamas, aunque no todos los peces las tienen.

Las aletas pueden ser pares o impares, y tienen diferentes nombres, según su localización: aleta dorsal (n.º 3 en el dibujo), que puede ser única o no; aletas pectorales (n.º 10); aletas pélvicas o ventrales (n.º 9); aleta anal (n.º 7); aleta caudal (n.º 6), y aleta adiposa (n.º 4). Los peces utilizan las aletas para moverse y mantenerse en equilibrio.

¿Cómo son por dentro? Los peces tienen un esqueleto, la mayoría de las veces formado por huesos, pero existen peces cartilaginosos, cuyo esqueleto es de cartílago, como los tiburones y otros. El esqueleto tiene varias partes: cabeza, columna vertebral, costillas y espinas. Ninguna sorpresa, ¿verdad? Algunos peces tienen mandíbula, otros no. Las espinas se unen a la columna vertebral y sirven de sujeción a las aletas. Por lo demás, tienen un aparato digestivo, un aparato circulatorio con un corazón de dos cámaras, un aparato excretor con los riñones, un aparato reproductor y un sistema nervioso, respiran por branquias, que se encuentran debajo del opérculo, y también tienen, casi todos, una vejiga natatoria, que les permite controlar la profundidad a la que se mueven, llenándola o vaciándola de gas. Las diferencias de estos sistemas y aparatos son grandes entre los diferentes tipos de peces, así que no podemos tratarlos de manera general.

Los peces se clasifican en tres grandes clases: agnatos o peces sin mandíbula, condrictios o peces cartilaginosos y osteictios o peces óseos. Los peces sin mandíbula son los que aparecieron primero en la evolución de los seres vivos y muchas especies ya se han extinguido; en la actualidad, hay dos grupos, las lampreas y los mixinos. Además de no tener mandíbula, se caracterizan por carecer de escamas y de aletas, y tienen una forma alargada. Su esqueleto es cartilaginoso. Son unos peces raritos, con una boca llena de ventosas (lampreas) u otras estructuras tipo tentáculos (mixinos). Los peces cartilaginosos son más abundantes; existen tres grupos: escualos, mantas y rayas. Todos los demás peces se encuentran en la clase de los peces óseos. Tendremos que estudiar con más calma cada una de estas clases, pero ya sabemos bastantes cosas.

Hemos visto que la variedad de peces es muy grande. En cuanto a tamaño, por ejemplo, el pez más pequeño es el gobio enano (Pandaka pygmaea), que no mide más de un centímetro de largo; el más grande es el tiburón ballena (Rhincodon typus), que puede llegar a los 15 metros de largo. Su forma también es muy variable; por ejemplo, las lampreas son alargadas como las anguilas, carecen de aletas y tienen una boca con ventosas, mientras que los peces erizo pueden inflarse como un globo y erizar una serie de espinas por todo el cuerpo, para defenderse de sus depredadores. ¿Y qué me decís de los caballitos de mar? ¡Pues también son peces, aunque no lo parezca!

En cuanto a la forma de reproducirse, también hay diferencias, existen peces ovíparos, ovovivíparos y vivíparos. En la mayoría de los peces, la fertilización es externa, es decir, la hembra expulsa los huevos y el macho los fertiliza una vez en el exterior; todo el desarrollo del pez tiene lugar fuera del cuerpo de la madre, en el agua. Otros peces tienen una fertilización interna, de modo que, o bien se forman huevos que eclosionan en el interior de la hembra, o bien se desarrollan los pececitos directamente en el útero de la madre, como ocurre con algunos tiburones.

Esto de los peces es todo un mundo, da para mucho estudio. Vamos a ver algunos documentos que nos pueden interesar para ampliar información. Encontraréis fácilmente glosarios muy interesantes, como estos: glosario de Domingo Lloris publicado por la Generalitat de Catalunya o el glosario de términos en acuicultura publicado por el CSIC.

Os recomiendo también los documentales de Jeremy Wade, biólogo británico que ha hecho unos documentales muy interesantes sobre grandes peces de río o sobre los grandes ríos del planeta. Me parece muy buena la serie Grandes ríos con Jeremy Wade, que emitió la cadena DMax, aunque no sé dónde se puede ver, quizá en Youtube en inglés; estudia la salud de los grandes ríos a través del tipo y la cantidad de los peces que viven en él. La serie sobre los monstruos de río también es muy interesante.

Ya veis que el tema de los peces es complicado, muy variado y muy interesante. Esta pequeña introducción es solo el principio, se puede profundizar mucho más. De todos modos, ante una traducción complicada sobre el tema, ¡es fantástico tener una amiga bióloga que te pueda echar una manita en un momento de apuro!

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El estilo del traductor

Los escritores tienen un estilo, en eso supongo que estaremos todos de acuerdo. Dice el DRAE que el estilo es la manera de escribir o de hablar peculiar de un escritor o de un orador. Es la manera, consciente o inconsciente, que tiene cada uno de expresar lo que quiere decir. Es lo que nos gusta o nos disgusta de un artista. Sin duda, depende de muchos factores, entre ellos, su personalidad, su cultura, sus conocimientos, su necesidad de gustar o de disgustar, de vender mucho o lo justo, y seguro que de mil cosas más. El estilo también depende del tipo de texto, claro; no es lo mismo un artículo periodístico, un tratado de física cuántica, un libro de divulgación científica, una novela o un cómic. Cada tipo de texto tiene sus reglas básicas, pero a ellas se añade el estilo del autor, siempre.

¿Qué pasa con el traductor? Pues lo mismo. Los traductores escriben lo que traducen y tienen su propio estilo, por supuesto. El estilo del traductor también depende de muchos factores, desde luego, como en el caso del escritor. Mi forma de ser, lo que he aprendido en la vida y lo que la vida me ha enseñado, mis gustos, mis pasiones, mis odios, todo lo que soy influye en mi manera de traducir, como influye en todo lo que hago y digo. ¿Es eso malo? Noooo, es el estilo del traductor. Y debe respetarse, de la misma manera que se respeta el estilo del escritor. No debe respetarse solo porque la traducción la firma un traductor y la ley así lo dice, sino también y sobre todo por respeto a la propia persona, por el respeto que merecen todos los seres humanos, absolutamente todos.

Si un traductor traduce «Pierre a commencé à marcher» por «Pierre ha empezado a caminar», ¿tiene algún sentido que un revisor, corrector o editor lo cambie por «Pierre ha comenzado a caminar» o por «Pierre ha empezado a andar» o por «Pierre ha comenzado a andar»? ¿Es que su frase es incorrecta? ¿Entonces? A mí, me parece una falta tremenda de respeto hacia el traductor. Todos traducimos de manera diferente, pero no por eso la traducción está mal. Los buenos revisores y correctores lo saben perfectamente y actúan en consecuencia; nada les gusta más que no tener que tocar ni una letra. Pueden hacer sugerencias, si les parece que una frase se puede mejorar, algo que los traductores agradecen mucho, desde luego, pero no se puede cambiar algo sin que el traductor lo sepa. Un traductor debe poder leer su traducción recién salida del horno y que lleva su nombre sin sentir que aquello no lo ha escrito él, sin reconocerse en su traducción. Por eso, es muy importante que no se cambie nada sin su permiso.

Como muestra, vamos a ver la primera frase de varias traducciones de Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Es una frase sin ninguna complicación, sin embargo, ningún traductor la traduce de la misma manera. ¡No hablemos de las diferencias que pueden existir cuando la frase tiene alguna complicación, del tipo que sea! Primero, veremos esta frase en francés y luego tres traducciones.

«Nous étions à l’Étude, quand le Proviseur entra, suivi d’un nouveau habillé en bourgeois et d’un garçon de classe qui portait un grand pupitre. Ceux qui dormaient se réveillèrent, et chacun se leva comme surpris dans son travail.»
Gustave Flaubert

«Estábamos en la clase cuando entró el director, seguido de un novato con traje dominguero, y de un mozo cargado con un pupitre. Los que dormían se despertaron, y todos nos pusimos de pie, fingiendo haber sido sorprendidos en nuestro trabajo.»
Traducción de Juan Rius Vila

«Estábamos en el estudio cuando entró el director seguido de un alumno nuevo, con un atuendo pueblerino, y de un mozo que traía un enorme pupitre. Los que dormitaban se despertaron, y todo el mundo se sobresaltó, como a quien lo interrumpen en la tarea.»
Traducción de María Pilar Ruiz Ortega

«Estábamos en el Estudio cuando entró el director, seguido de un nuevo vestido de calle y de un mozo que traía un gran pupitre. Los que dormían se despertaron, y todos nos pusimos de pie como sorprendidos en nuestro trabajo.»
Traducción de Mario Armiño

Podríamos incluir otras traducciones, que las hay, seguramente diferentes, pero creo que es suficiente con estas. Las tres son distintas, a pesar de que la frase es bastante sencilla, si eso existe en traducción. Seguramente, vosotros lo traduciríais de otra manera y quizá yo también. Si se ajustan al original y no tienen errores, creo que todas son respetables y deben respetarse. No hacerlo es como arrancar al traductor un pedacito de su carne, quitarle algo muy suyo.

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El traductor polímata

Polímata y polimatía. ¿Conocéis estas palabras? Están en el DRAE, así que es fácil averiguar que un polímata o una polímata es una persona que tiene grandes conocimientos en campos diversos del saber. Digamos que se trata de un multiexperto, un sabelotodo, hombre o mujer, claro está. Por ejemplo, alguien que dominara la astronomía, la antropología y la biología sería un polímata. No vale con ser un aficionado, hay que ser un experto en todas, sean las que sean, aunque se limiten a dos disciplinas.

Conocemos a polímatas famosos, como Hipatia de Alejandría, que destacó en filosofía, astronomía y matemáticas en la escuela de Alejandría del siglo IV-V. Leonardo da Vinci no solo era un gran pintor y escultor, sino también un excelente poeta, inventor, ingeniero, arquitecto, botánico, anatomista, filósofo y no sé cuántas cosas más. Wolfgang von Goethe, además de escritor, estudió botánica, física y mineralogía, y escribió sobre estas disciplinas científicas. Mary Somerville fue matemática, pero dominaba también la astronomía, la botánica y la geografía, y escribió obras cuyo objetivo era popularizar estas ciencias; también tradujo el Tratado de mecánica celeste de Laplace. En la actualidad, es muy difícil ser un experto en más de un campo de las ciencias o las humanidades, aunque hay personas que lo consiguen.

Nosotros, los traductores, sobre todo los literarios, estamos obligados por nuestro trabajo a tener conocimientos en un máximo de campos, porque nos podemos encontrar con cualquier cosa en la traducción de un ensayo, una novela, un cómic o un simple documento. Una novela de lo más inocente puede tener como protagonista a un ingeniero aeronáutico o un físico. Para poder traducir bien la manera de expresarse de este especialista, si es necesario, sería bueno que conociéramos un poco esta especialidad. Somos expertos en la búsqueda de información, eso sí, pero a veces se nos escapan cosas o no tenemos tiempo de buscar tanto como nos gustaría. Por eso, lo ideal es leer y estudiar siempre todo tipo de cosas. El traductor es o debería ser el eterno aspirante a polímata, el curioso innato, el que mete las narices en cualquier disciplina. No conseguiremos la excelencia en todos los campos, pero podemos tender a ella.

Yo siempre tengo problemas con la especialización que nos recomiendan tantas veces. Vale, sí, hay que especializarse, algunos incluso dicen que hay que superespecializarse, para ofrecer una buena calidad a nuestros clientes. Muy bien. ¿Y qué pasa si a mí me gustan muchas cosas? Soy médico y traductora, ¿tengo que especializarme en las enfermedades de la segunda neurona empezando por la izquierda de la tercera capa de la retina? ¡Me horroriza eso! Sería la única, eso puede ser, si se hubieran descrito enfermedades de esa neurona, pero ¿disfrutaría traduciendo siempre sobre esto? Eso ya es otro tema. ¡Acabaría más que harta de la neuronita! ¿No puede gustarme la astronomía o la historia? ¿No puedo deleitarme con la traducción de una novela de Ken Bugul? ¿No puedo traducir sobre aves o sobre peces? ¿No puedo dedicarme a traducir y también a subtitular? ¡Pues claro que sí, puedo hacer lo que quiera, solo tengo que encontrar los clientes adecuados. No soy polímata, pero sí muy curiosa.

¡Adelante, traductores aspirantes a polímatas, aprended de todo un poco! ¡O un mucho! Eso sí, adorad a los especialistas, porque los necesitaréis en muchas ocasiones para que os ayuden a llegar adonde no podéis llegar solitos. Son imprescindibles. ¡Y adorables!

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Procariotas y eucariotas

Si consultamos el Diccionario de términos médicos, veremos que estos dos términos, procariota y eucariota, pueden actuar como sustantivos o como adjetivos. Como adjetivos, podemos utilizarlos de varias maneras: podemos hablar de célula procariota o de organismo procariota, y también de célula eucariota o de organismo procariota. Como sustantivos, hablamos de un procariota o de un eucariota. Como vemos, el adjetivo es invariable en género, empleamos el mismo término (procariota o eucariota) para las células (sustantivo femenino) y para los organismos (sustantivo masculino). El sustantivo, por su parte, es masculino, a pesar de su terminación. También existe el adjetivo «procariótico/a» que, en este caso, tiene género femenino y masculino.

¿Qué es una célula procariota? Es una célula digamos que no tan compleja como una célula eucariota, cuyo material genético (un solo cromosoma, en general) no está dentro de un núcleo con su membrana nuclear, sino simplemente en el centro de la célula, en lo que recibe el nombre de nucleoide, en comunicación directa con el resto de la célula. Tampoco tiene mitocondrias ni plastos. La mayoría de los procariotas son unicelulares, pero existen algunos procariotas pluricelulares. Hay dos tipos de células procariotas: las arqueas y las bacterias.

¿Qué es una célula eucariota? Es una célula más compleja, que tiene un núcleo en el que está encerrado el material genético (ADN). Una célula eucariota puede ser un organismo por sí sola, como en las algas unicelulares o los protozoos, o formar parte de un organismo pluricelular, como en las plantas o los animales. Tiene mitocondrias en el caso de las células animales y vegetales, y plastos en el caso de las células vegetales. Las células del organismo humano son eucariotas.

Es muy interesante estudiar la evolución de la célula desde la que se considera la primera célula, origen de las demás. Esta primera célula, hipotética, puesto que no existe ya, se ha llamado LUCA (last universal common antecesor), es decir, el último antepasado común universal. A partir de ella, todas las demás células proceden de la división de otra célula.

También es muy interesante estudiar cómo es una célula procariota (una bacteria, por ejemplo), cuántos tipos de bacterias existen, cómo se reproducen, cómo obtienen la energía que necesitan para moverse y realizar todas sus funciones, qué formas tienen, cómo se agrupan entre sí, de qué elementos externos disponen, etc. Lo mismo para las células eucariotas, como las nuestras, con su increíble variedad de formas y funciones (hepatocitos, neuronas, células vegetales…), con sus orgánulos intracelulares, su fascinante forma de reproducirse y de producir las proteínas y la energía que necesitan para vivir.

Os recomiendo un par de lecturas complementarias: Atlas de histología animal y vegetal. La célula, de Manuel Megías, Pilar Molist, Manuel A. Pombal. Además de información general sobre la célula e imágenes, encontraréis la historia del descubrimiento de la célula y una amplia bibliografía sobre el tema. En este artículo de la revista Química viva, «Las bacterias y nosotros, tan diferentes… y tan parecidos. Mitos y verdades de las diferencias entre eucariotas y procariotas», de María Julia Pettinari, podréis leer una interesante disertación sobre las diferencias entre estos dos tipos de células, con sus excepciones. Si no conocéis un poco el tema, leedlos despacito, ¿vale? También podéis ver este vídeo, que explica de forma sencilla cómo son las células procariotas y eucariotas.

¿Cómo llaman a todo esto los franceses? A los traductores, también nos interesa:

¡La biología es fascinante!

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La triple anamnesis (busca el error)

—¿Qué estás leyendo, princesa? —pregunta Pol.

—Pues un ensayo sobre Platón. Se llama La verdad está en otra parte, de Eduardo Acín Dal Maschio. Ya sabes que la filosofía me interesa, aunque me cueste entenderla —le contesta Laura.

—Seguro que has hecho uno de tus descubrimientos.

—Pues sí. He descubierto que la palabra «anamnesis» no solo la utilizan los médicos —dice Laura.

—Ahhhhh. Bueno…, yo me voy a preparar un cafecito. Te dejo con tus filósofos.

¡Huye! ¡El muy cobarde! Le tiene pánico a que Laura decida explicarle con todo lujo de detalles qué significa esta palabra para los médicos y para los filósofos. Nooooo, eso no, es insoportable para él; pero Laura es traductora y las palabras son lo suyo, las adora. Por eso, ahora siente una necesidad imperiosa de saber más sobre la palabra «anamnesis», que también utilizaba Platón.

Sabe muy bien que los médicos emplean esta palabra para designar el interrogatorio al paciente que forma parte de la historia clínica. En este interrogatorio, el médico le pide al enfermo que le explique sus dolencias, cómo empezaron, cómo son, qué otras patologías ha tenido. Todo esto de manera ordenada y con todo detalle. Piensa que tiene que hacer una entrada en el blog sobre el tema.

Para Platón, el significado tenía que ser diferente. ¿Qué es la anamnesis para la filosofía? Investiga y se da cuenta de que Platón utilizaba esta palabra en el sentido de «reminiscencia», de «recordar». Para él, saber es recordar, porque el alma es inmortal y sabe. Cuando el alma se encarna, olvida, pero puede recordar. Esto es la anamnesis.

¡Claro! Laura busca la etimología de la palabra y se da cuenta de que «anamnesis» es una palabra de origen griego que justamente significa ‘recuerdo’. Se siente satisfecha; ha aprendido algo interesante hoy. En realidad, la medicina también la utiliza en el sentido de recordar los síntomas, la historia de la enfermedad, los antecedentes personales y familiares. El médico le saca ese recuerdo al paciente con sus preguntas. ¡Seguro que ese es el sentido!

Descubre también que la religión cristiana utiliza esta palabra para designar el recuerdo de lo que Dios hizo por el ser humano, en sentido amplio. En un sentido más restringido, es una parte de la liturgia, de la misa, después de la Consagración, que rememora la pasión y la resurrección de Jesucristo. Los cristianos siguen las palabras de Jesús: «Haced esto en memoria mía».

Pol ya se ha tomado su cafecito descafeinado y regresa al sofá donde ella se encuentra. ¿Querrá ver un rato la tele? Ya son las diez de la noche. ¡Le propondrá algo filosófico, aprovechando que hoy tiene el control del mando a distancia!

—Pol, ¿qué te parece si vemos algún episodio de la serie Merlí. Los peripatéticos? El segundo episodio, la clase sobre Platón.

—¡Oh, no!

—Es cortito, cariño, y yo tengo el mando hoy. Después, podemos ver una de las tuyas, ¿vale?

—Vale, podrías poner Elementary, pero no te duermas, ¿eh?

—No, no, claro que no.

Se dormirá, seguro. Es como si su mente tuviera el recuerdo (la anamnesis) de esas series de policías, que casi siempre siguen el mismo esquema. Laura se duerme a los dos minutos, si llega. Por más esfuerzos que haga, no consigue mantenerse despierta.

Hay un error en el texto. Bueno, uno voluntario, quizá haya más, involuntarios. ¿Te apetece buscarlo? Dentro de unas semanas, la solución, con su comentario.

Este es el error: la palabra patologías está mal empleada. Como vimos en esta entrada, no debe hablarse de patología cuando se trata de enfermedad. La patología es el estudio de las enfermedades o también el conjunto de enfermedades que afectan a un órgano, un sistema o un aparato (patología renal, por ejemplo). No podemos decir que tal enfermo tiene una patología; los enfermos tienen enfermedades; en la universidad, se estudia patología.

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Ejercicio sin salir de casa

Los traductores estamos acostumbrados a pasar muchas horas en casa, pero el confinamiento debido a la pandemia causada por SARS-CoV-2 nos ha complicado las cosas. No podemos salir ni siquiera para caminar una o dos horas al día, ir al gimnasio, a correr o de excursión. Por si fuera poco, estamos nerviosos, angustiados, tristes… Nos decimos que esto pasará, que volveremos a ser como antes, pero no estamos seguros de nada. ¿Qué será del trabajo? ¿Qué pasará con toda la gente que no puede trabajar? Todo son incógnitas, temores y dudas. Ahora que el número de casos y de fallecidos está disminuyendo, parece que estamos más tranquilos. Nos decimos que, en España, se ha contagiado mucha gente, así que mucha gente tiene inmunidad, ¿Será? Bueno, seamos optimistas y preparémonos para afrontar lo que venga. Para ello, intentemos cuidarnos al máximo, tanto mental como físicamente.

He repasado algunas entradas que escribí hace un tiempo para estar un poco en forma y voy a recuperarlas, porque nos pueden ser útiles en estos momentos. ¿Cuál sería el objetivo en cuanto al ejercicio físico? Pues hacer al menos media hora de ejercicio al día, todos los días. Además, también deberíamos intentar no estar demasiado tiempo seguido sentados. Cuando hablamos por teléfono, podemos hacerlo de pie (si es el fijo) o caminando por la casa (si es el móvil). Vamos a ver algunas ideas para mantenerse en forma.

1) Estrategias para levantar el culo de la silla. La idea es levantarse un cuarto de hora cada hora y moverse un poco. Podemos aprovechar para quitar el polvo, arreglar o regar las plantas, ordenar un estante o llamar por teléfono. El caso es estar de pie y moverse un poco. Encontraréis más ideas en la entrada correspondiente.

2) Quince minutos de estiramientos. Los estiramientos son movimientos suaves pero eficaces para mantener la musculatura flexible y aliviar las tensiones, algo que nos hace mucha falta. En esta entrada del blog, encontrarás 14 estiramientos muy sencillos y variados, tanto para la parte superior como inferior del cuerpo. Cada uno te llevará más o menos un minuto.

3) Quince minutos de ejercicios con bandas elásticas. También son ejercicios suaves, aunque necesitaremos material, las cintas o bandas elásticas. Si no las tenemos ya en casa, podemos comprarlas por muy poco dinero por Internet, en Decathlon, Amazon, etc. En la entrada del blog, encontrarás 3 ejercicios para la parte superior del cuerpo, que te llevarán 5-6 minutos cada uno. No te sorprendas si al día siguientes te duelen los brazos, parecen poca cosa, pero…

4) Subir y bajar del taburete. ¿Tienes un taburete de esos plegables que miden 20-22 cm de altura? Puedes aprovecharlo para subir y bajar, despacio, durante 10-15 minutos. También te pueden servir otros objetos resistentes de una altura similar. Es un buen ejercicio para las piernas y para el corazón, si lo haces durante un tiempo seguido. ¡Sin caerte!

5) Ejercicio del gato. Es un buen ejercicio para la espalda, aunque debes asegurarte de no tener ninguna lesión que lo contraindique. Hay que ponerse a cuatro patas sobre una alfombrilla o algo un poco blando y arquear muy despacio toda la columna, desde el cuello hasta la zona lumbar, primero formando un arco hacia arriba y después hacia abajo. La cabeza debe acompañar el movimiento de la columna. Puedes encontrar vídeos que muestran cómo se hace en YouTube.

6) Estirar la columna vertebral. Cuando nos levantemos de la silla para el cuarto de hora de estar de pie, podemos aprovechar para levantar los brazos como si nos estiráramos y, a la vez, arquear la zona lumbar, sacando culo y echando el abdomen hacia delante, con cuidado, de modo que la curvatura lumbar aumente. Esto rectifica la posición en la que se encuentra la columna lumbar cuando estamos sentados, sin su curvatura natural. También podemos hacerlo de vez en cuando, mientras estemos sentados.

Podemos hacer muchos otros ejercicios en casa: caminar, yoga, gimnasia, subir y bajar las escaleras, si las tenemos en nuestra casa… El caso es moverse. De todos modos, conviene tener cuidado de no lesionarse, ¡no están las cosas para ir al hospital con una lesión! ¡Así que haz ejercicio, pero con prudencia! Ánimo.

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Huesos del cuello y el tronco

¿Qué es el tronco? Pues lo que comúnmente se llama cuerpo o torso, es decir, el tórax en la parte superior y el abdomen en la parte inferior. Al tronco, se fijan la cabeza por arriba, a través del cuello, y las extremidades superiores e inferiores, ¡pero esto ya lo sabéis! Es frecuente confundir el tronco con el tórax, pero no es lo mismo; el tórax es solo una parte del tronco, hasta el diafragma, después está el abdomen, cuya parte inferior recibe el nombre de pelvis. Vamos a ver qué huesos podemos estudiar en el tronco.

Para empezar, se encuentran las vértebras, que forman la columna vertebral, las costillas, el esternón, la clavícula y la escápula. En el cuello, encontramos un huesecillo llamado hioides. También tenemos que estudiar los huesos de la pelvis: sacro, cóccix y hueso ilíaco, con sus tres partes, ilion, isquion y pubis. Las costillas protegen los importantes órganos que se encuentran en el interior del tórax (pulmones y corazón), pero también el hígado y el bazo, que están en el abdomen. A partir de algunos de estos huesos, se formarán las articulaciones con los huesos de los brazos y las piernas.

Así se llaman estos huesos en francés:

Vértebras. Son huesos cortos que forman la columna vertebral. De arriba abajo, tenemos 7 vértebras cervicales (corresponden al cuello), 12 vértebras dorsales (de las que salen las 12 costillas), 5 vértebras lumbares, 5 vértebras sacras y 3-5 vértebras coccígeas. Las 5 vértebras sacras se fusionan y forman el sacro; las 3-5 vértebras coccígeas también se unen para formar el cóccix. Cada vértebra tiene un cuerpo, un arco, dos apófisis transversas, cuatro apófisis articulares y una apófisis espinosa. El arco y el cuerpo vertebral delimitan el agujero vertebral, por el que pasa la médula espinal o los nervios de la cola de caballo en el caso de la zona lumbar y sacra. La parte anterior del arco, antes de la apófisis transversa, se llama pedículo y la parte posterior, lámina. Las cuatro apófisis articulares, dos a cada lado, sirven para articular las vértebras entre sí. Estos elementos también delimitan el agujero de conjunción, por donde salen los nervios raquídeos procedentes de la médula. Las dos primeras vértebras son algo diferentes de las demás y reciben nombres especiales: atlas y axis. El atlas, la primera vértebra, no tiene cuerpo, es solo un arco anterior y otro posterior unidos por unas masas laterales con las apófisis. El axis, la segunda vértebra, tiene la apófisis odontoides, que sale hacia arriba y se articula con el atlas.

Costillas. Se encuentran en el tórax y son huesos planos, 12 a cada lado. Van desde la columna vertebral por detrás hasta el esternón por delante. Forman la parrilla costal, que protege órganos importantes, como el corazón y los pulmones. De las 12 costillas que tenemos a cada lado, 7 reciben el nombre de «verdaderas», porque llegan hasta el esternón a través de un cartílago costal propio; las 5 últimas se llaman «falsas» porque, o bien llegan al esternón a través del cartílago costal de la 7.ª costilla (costillas 8.ª, 9.ª y 10.ª), o bien no llegan, quedan flotando (costillas 11.ª y 12.ª), por eso se llaman «flotantes». No todas las costillas son iguales, pero podemos decir que tienen varias partes: la cabeza, que se articula con el cuerpo vertebral, el cuello, el tubérculo, que se articula con la apófisis transversa de la vértebra, el ángulo y el cuerpo.

Esternón. Es el hueso que tenemos en el centro del tórax, en la parte anterior. Tiene varias partes: el manubrio, que es la parte superior, el cuerpo y la apófisis xifoides. Se articula con la clavícula y con los cartílagos costales de las 7 primeras costillas.

Clavícula. Es el hueso que se encuentra por encima de la primera costilla, cuando termina el cuello y empieza el tórax. Tiene forma de S alargada. Va desde el manubrio esternal hasta la escápula. Es el hueso que une el tórax con el miembro superior. Junto con la escápula, forma la cintura escapular.

Escápula. Es el hueso de forma triangular que se desliza por la parte posterior del tórax cuando movemos el brazo; también se llama omóplato. Se articula con la clavícula y con el húmero. Es un poco complejo. En su parte anterior, consta de una parte plana, atravesada en la parte superior por la espina de la escápula, que la divide en la fosa supraespinosa por arriba y la fosa infraespinosa por abajo; un cuello; una apófisis coracoides; un acromion, y una cavidad glenoidea, que forma parte de la articulación con el húmero. La parte anterior, que se desliza por encima de las siete primeras costillas, se llama fosa subescapular.

Hioides. Es un huesecillo en forma de herradura que se encuentra en la parte superior del cuello, al que rodea, justo por debajo de la mandíbula. Tiene varias partes: cuerpo, astas mayores y astas menores. En este hueso, se insertan gran cantidad de músculos pequeños.

Sacro. Es un hueso de forma triangular, continuación de la columna lumbar, con la que se articula. En realidad, es la unión en la infancia de 5 vértebras sacras que se han fusionado, formando un solo hueso. Se articula con la última vértebra lumbar, con el hueso ilíaco y con el cóccix. Tiene un orificio en el centro (conducto sacro), continuación del agujero vertebral, por donde pasan un conjunto de nervios. Por una serie de orificios bilaterales, los agujeros sacros, van saliendo estos nervios para inervar a los músculos y los órganos que les corresponden. En la parte posterior del hueso, se encuentra la cresta sacra. Junto con el hueso ilíaco, delimita un gran orificio, el estrecho superior de la pelvis, por donde tiene que pasar el feto al nacer.

Cóccix. Es el último huesecillo de la columna vertebral, a continuación del sacro, con el que se articula. En realidad, es la fusión de 3-5 vértebras coccígeas. Tiene forma triangular.

Hueso ilíaco. Es un gran hueso par que forma la pelvis. Consta de tres partes: ilion, isquion y pubis. Se articula con el sacro y con el fémur. Los dos huesos ilíacos, el derecho y el izquierdo, se unen en la parte anterior en la sínfisis púbica. Junto con el sacro, forman la cintura pélvica.

Estos son los huesos del tronco. Ya hemos descrito los huesos de la cabeza, así que nos faltan los huesos de las extremidades. Continuará…

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La bruja del cuento (busca el error)

La bruja del cuento que tradujo la noche anterior había invadido su sueño y le había dejado, al despertar, una sensación agridulce. Antes de saltar de la cama, Laura tiró del hilo del sueño y consiguió recordarlo entero, tenía práctica. La bruja no gastaba verruga ni bola de cristal, era una mujer joven y atractiva. Le dijo, entre otras cosas, que aquel día le ocurriría algo sorprendente y maravilloso, así, simplemente, nada más. ¡Vaya! ¡Sin necesidad de pagar! Ella no creía en esas cosas.

Se levantó, pasó por el cuarto de baño, puso en marcha el ordenador y se preparó el desayuno. ¿Qué cosa sorprendente y maravillosa podía ocurrirle a una traductora que se pasaría todo el día, menos las dos horitas de paseo con su querido Pol, en casa presionando teclas? Se rio ella sola ante este pensamiento, como si pudiera pensar que realmente iba a ocurrirle algo especial. Su vida seguiría igual. Le gustaba su vida, eso sí, era tranquila, pero emocionante, llena de aprendizajes nuevos cada día. Ahora estaba liada con la traducción de un texto de medicina pura y dura, sobre el melanoma, que le recordaba continuamente que tenía que pedir hora al dermatólogo, no vaya a ser que esa mancha…

Pol se levantó un poco más tarde, ventajas de jubilado, y escuchó su sueño con interés. A las once, se prepararon para el paseo. Hoy, irían hasta la playa y se tomarían un cafecito y un zumo de naranja en uno de los chiringuitos cercanos. Fue agradable, es cierto, pero nada extraordinario. El mar estaba precioso. De regreso, compraron algo que faltaba para la comida y charlaron un rato con el vecino, el que siempre contaba desgracias, enfermedades y cosas por el estilo. Nada especial. Durante la comida, Pol le propuso una salida de fin de semana. ¡Vaya, esto sí que era fantástico!

La tarde la pasó de nuevo delante del ordenador, esta vez ante un libro de ensayo muy interesante, sobre la pasividad de la gente durante la Alemania y la Francia nazis. Aquel texto la hacía llorar de vez en cuando, era interesantísimo y también muy duro, Los amnésicos, de Géraldine Schwarz. Tradujo unas cuantas páginas y después pasó a otro texto que describía una zona de Francia, esta vez muy alegre, le estimulaba las ganas de conocer el lugar. Cuando ya estaba a punto de apagar el ordenador y relajarse un rato antes de cenar, vio la llegada de un mensaje en la parte inferior derecha de la pantalla. Una editora de las que trabajan más de la cuenta le proponía la traducción de una novela de una autora africana, con un plazo de lujo y una tarifa que no se podía creer, si no fuera porque conocía a la editora y sabía que no era una estafa. ¡Vaya, una novela! ¡Con lo que le gustaba traducir literatura y los años que hacía que no le ofrecían ningún libro para traducir! ¡Y, además, de una autora africana! ¡Un lujo! ¡Eso sí que era sorprendente y maravilloso! ¡La bruja tenía razón!

Hay un error en este texto. Bueno, uno voluntario, quizá haya más, involuntarios. ¿Te apetece buscarlo? Dentro de unas semanas, la solución con su comentario.

Este es el error: la coma antes de pero en tranquila, pero emocionante. En la Ortografía de la lengua española de la RAE, podéis encontrar la explicación, así como en la página web de la Fondéu. Sabemos que hay que poner coma antes de oraciones coordinadas adversativas introducidas por pero, mas, aunque, sino (que), pero hay excepciones. No se pone coma cuando la conjunción pero opone dos palabras (adjetivos o adverbios) o expresiones que indican cualidades o características, como en lento pero seguro, por ejemplo. Se trata de nuestro caso. Debería haber escrito: tranquila pero emocionante, sin coma.

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Los amnésicos, de Géraldine Schwarz

Mediados de marzo de 2020. Un virus amenaza con saturar nuestros hospitales y demás servicios sanitarios, en nuestro país y en otros países del mundo. Saldremos de esta, todos juntos, pero algo habrá cambiado en nosotros. Habremos aprendido algo, cada persona unas cosas diferentes. Quizá algunos decidirán que el individualismo ya no conduce a casi nada bueno en un mundo en el que todo es global. Solo actuando al unísono, como humanidad, tendremos alguna posibilidad de luchar contra todo lo que nos afecta, ya sean virus, ya sean cambios climáticos, ya sean otro tipo de catástrofes. ¡Esta es mi opinión! Ahora nos toca quedarnos en casita, para que los contagios no aumenten de manera vertiginosa. Es lo que tenemos que hacer y es lo que haremos, con calma y tranquilidad.

Leer será una buena manera de pasar este periodo de varias semanas en casa. ¡Una de las mejores, creo yo! Así que me lanzo a recomendaros un libro que he traducido, Los amnésicos, de Géraldine Schwarz. La traducción al español salió en septiembre de 2019 y ya va por la tercera edición. A través de la historia de su familia, sus abuelos, la autora analiza las circunstancias que hicieron que una gran cantidad de personas «normales» decidieran taparse los ojos ante los horrores nazis e incluso aprovecharse de la situación para beneficio personal. ¿No podía hacerse nada? La oposición de la gente consiguió parar el programa Aktion T4, que consistía en el exterminio de personas que tenían «vidas sin valor», como ellos decían, es decir, discapacitados mentales y físicos, epilépticos, niños con enfermedades hereditarias, etc., cuando ya había causado más de 70 000 muertes.

La pequeña historia familiar se entrelaza con la gran historia de la época para intentar encontrar una respuesta. Estas son sus palabras, según mi traducción:

«Los padres de mi padre no habían estado ni del lado de las víctimas, ni del lado de los verdugos. No se habían distinguido por actos de valentía, pero tampoco habían pecado por exceso de celo. Simplemente eran Mitläufer, personas “que siguen la corriente”. Simplemente, en el sentido de que su actitud había sido la de la mayoría del pueblo alemán, una acumulación de pequeñas cegueras y de pequeñas cobardías que, sumadas unas a las otras, habían creado las condiciones necesarias para el desarrollo de los peores crímenes de Estado organizados que la humanidad haya conocido jamás. Después de la derrota y durante largos años, a mis abuelos les faltó perspectiva, como a la mayoría de los alemanes, para darse cuenta de que, sin la participación de los Mitläufer, incluso aunque hubiera sido ínfima a escala individual, Hitler no habría estado en condiciones de cometer crímenes de aquella magnitud».

Géraldine Schwarz es hija de padre alemán y madre francesa. Sus abuelos por parte de padre vivieron aquella época, él tenía carné del partido, ella no, pero simpatizaba mucho más con los nazis que él. El abuelo materno era un gendarme en tiempos de Vichy. A través de indagaciones y conversaciones con su familia, la autora va descubriendo cómo actuaron estas personas e intenta comprender sus motivos. Analiza también cómo han actuado después los diferentes países afectados por el nazismo y el fascismo, sobre todo Alemania, Austria, Francia e Italia. ¿Qué se ha hecho en cada país para que nadie olvide todo aquello? ¿Cómo han funcionado los diferentes enfoques de la memoria histórica? ¿Cuál es el resultado en la actualidad de estas actuaciones?

Espero que os resulte interesante.

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Elena Ferrante y su saga

Acabo de terminar el último libro de la tetralogía Dos amigas, de Elena Ferrante, traducida por Celia Filipetto. Ya sé que voy con bastante retraso, pero las cosas van como van. Me ha encantado. Es de este tipo de literatura fascinante que te engancha de una forma suave, no devoradora; quieres seguir leyendo despacio, no quieres que se acabe nunca el libro, que te siga deleitando. Así que os recomiendo su lectura si, como yo, vais con retraso respecto a su publicación. Los cuatro libros de la saga son, por orden: La amiga estupenda, un mal nombre, las deudas del cuerpo y La niña perdida, publicadas en español desde 2012 hasta 2016. El éxito de la saga ha sido mundial, incluso se ha pasado a la pantalla en una serie de HBO que parece que este año estrenará su segunda temporada (segundo libro). ¡Habrá que ver la primera temporada!

La obra cuenta la historia de dos amigas, Elena y Lila, que viven en un barrio pobre de Nápoles, de origen humilde. Empieza en la infancia y sigue hasta la edad más que madura, casi la vejez. A lo largo de las páginas, se va definiendo en profundidad la personalidad de cada una, muy diferente, así como de los abundantes personajes que se relacionan con ellas, sus padres, sus amigos y amigas, otros familiares, etc. Sus vidas y su amistad pasan por diversos altibajos y vicisitudes, pero siguen adelante, cada una a su manera. Elena es la narradora de la historia, todo lo vemos a través de sus ojos. A la vez, se desgrana la historia de un barrio, una ciudad, un país y un mundo difícil para la mujer, sobre todo pobre. El fascismo, la camorra, el inicio de la lucha feminista y sindical marcan intensamente la vida de unos personajes, otros simplemente hacen lo que pueden por sobrevivir. Bueno, no os cuento más…

Elena Ferrante es el pseudónimo de una escritora italiana que quiere mantenerse en el anonimato, así que no diremos nada más de ella en este sentido, entre otras cosas, porque todo son especulaciones. Tiene otras obras de ficción, como El amor molesto, traducida por Juana Bignozzi, Los días del abandono, traducida por Nieves Pérez Burell, también llevada al cine, y La hija oscura, traducida por Edgardo Dobry. En 2020, se publicará su última novela, La vida mentirosa de los adultos. También ha escrito algunos ensayos.

Celia Fipipetto es la traductora de la saga Dos amigas. Una excelente profesional que traduce del italiano, el inglés y el catalán. Ha traducido a autores como Vittorio Gassman, Natalia Ginzburg, Ring y James Thurber, entre otros muchos. No os perdáis esta entrevista que publicó La Vanguardia, sobre la traducción de la obra de Elena Ferrante.

No puedo evitar dejaros una frase del último libro de la saga que me ha gustado: «Toda relación intensa entre seres humanos está plagada de cepos y si se quiere que dure hay que aprender a esquivarlos».

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