Lazareto

Dice el Diccionario de términos médicos que un lazareto es un «establecimiento sanitario para el aislamiento, desinfección y asistencia de personas o animales infectados o sospechosos de padecer una enfermedad epidémica o contagiosa». El DLE también recoge este término y da una definición similar. Es decir, se trata de un lugar destinado a poner en cuarentena a personas, animales o cosas que puedan estar contaminadas por algún microorganismo causante de plagas. No podemos decir que sea un término actual, pero la situación pandémica que estamos viviendo ha despertado mi curiosidad. ¡Así que vamos a investigar!

¿De dónde procede etimológicamente el término? Pues parece que viene del italiano lazzaretto, que a su vez procede del nombre de Lázaro, el enfermo de lepra de la parábola del rico y Lázaro que figura en el Evangelio de Lucas (16,19-31). Parece ser que, en la Edad Media, la lepra se llamaba «mal de San Lázaro» y el lugar donde se aislaba a los leprosos recibía el nombre de lazareto. En realidad, más que un lugar de aislamiento era un establecimiento de reclusión que apartaba a estos enfermos de la sociedad, que les tenía miedo.

En la Edad Media, el aumento de la población y del comercio propició la aparición de grandes epidemias, en primer lugar la peste, que, a mediados del siglo XIV, causaría veinticinco millones de muertos en Europa, nada menos que una tercera parte de la población. La fiebre amarilla, importada del oeste de África a América y de allí a Europa, también creó muchos problemas a partir del siglo XVIII. Posteriormente, el cólera, ya en el siglo XIX, dio lugar a grandes epidemias, originadas en la India y transportadas a Europa debido al comercio marítimo. La necesidad de luchar contra estas epidemias dio lugar al sistema cuarentenario y a los lazaretos, con la idea de apartar a los posibles enfermos y materiales procedentes de lugares lejanos, para proteger a las poblaciones locales.

Estas terribles infecciones llegaban por mar, así que algunos de los lazaretos principales se encontraban cerca de la costa, en los puertos, donde se podían descargar y tener en cuarentena las mercancías y las personas que llegaban en los barcos y podían ser portadoras de enfermedades; eran los lazaretos de observación. Aparte de esta función digamos que preventiva, el lazareto se utilizaba también en caso de epidemia para aislar a los enfermos y, en teoría, tratarlos, eran los lazaretos sucios. Estos últimos no se encontraban necesariamente en zonas costeras. Los edificios se construían especialmente para servir de lazareto o se utilizaban edificios ya existentes que se aprovechaban para este uso, de modo que no existe una arquitectura determinada para este tipo de construcciones.

El primer lazareto se construyó en Venecia en 1423, el lazareto Vecchio, en una isla de la laguna. Es famoso el lazareto de Milán, que se utilizó a principios del siglo XVI para aislar y tratar a los enfermos de peste; su fama se debe, sobre todo, a la obra de Alessandro Manzoni, Los novios. En España, es conocido el lazareto de Mahón, uno de los primeros, construido a finales del siglo XVIII. Otros lazaretos españoles se encuentran en islas, como el de la isla de Pedrosa, el de la isla de San Simón, el de la isla de San Antón y el de la isla de Garraitz. Había muchos otros, desde luego.

Por supuesto, en Francia también había numerosos lazaretos. Vamos a ver la traducción de algunas palabras relacionadas con este tema.

Si queréis saber más sobre el tema, estos son algunos artículos interesantes y muy completos:

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La quintaesencia

¿Qué es la quintaesencia? Dice el DLE que es lo más puro, fino y acendrado de una cosa o también (segunda acepción) la última esencia o extracto de algo. Podemos decir, por ejemplo, algo como: «Esta novela es la quintaesencia de la literatura». También se emplea para hablar de extractos vegetales o de otros productos, como la «quintaesencia de lavanda», por ejemplo. Son los usos habituales de esta palabra, pero ahora me interesa su origen, que nos dará pie a hablar de filosofía y astronomía.

Los antiguos filósofos griegos, en su afán de comprender la realidad, buscaban los elementos que forman la materia, es decir, lo más pequeño que la constituye, y llegaron a la conclusión de que eran cuatro: aire, tierra, agua y fuego, cada uno con sus características. Hoy sabemos que, más allá de estos cuatro elementos, la materia está formada por átomos, a su vez formados por partículas subatómicas, y conocemos bastante bien su estructura. Aristóteles añadió un quinto elemento, el éter o quintaesencia, que era el elemento que formaba los cielos, el mundo más puro e inmutable, a diferencia de los mundos sublunares, corruptos, formados por los cuatro elementos.

Todo esto quedó atrás, pero el reciente descubrimiento de la energía oscura (o de la necesidad de su existencia, ya que no se ha encontrado) nos ha devuelto, en cierta manera, la idea de la quintaesencia. En realidad, los científicos han propuesto la existencia de la energía oscura, no porque la hayan detectado, sino porque la necesitan para explicar la expansión acelerada del universo. Esta expansión, si se considerara que el universo está formado solo por materia de la normal que conocemos, debería ir disminuyendo, por efecto de la gravedad, pero va aumentando, así que es necesario que exista algo que favorezca este aumento de la distancia entre las estrellas; es lo que se ha llamado energía oscura, la quintaesencia. Ahora, el problema es encontrar la manera de detectarla, uno de los misterios del universo.

Y es que la astronomía es una ciencia fascinante, que nunca tendré tiempo suficiente para estudiar como me gustaría; pero se puede intentar. Algunas recomendaciones de lectura y vídeos para iniciarse en la observación del cielo y en los conceptos básicos de la astronomía y la astrofísica son las siguientes:

El universo en tu mano, de Christophe Galfard, traducido del inglés por Pablo Álvarez Ellacuria, todo un viaje superameno por el espacio y el tiempo desde nuestra Tierra hasta el origen del universo, con explicaciones de las certezas y las hipótesis más aceptadas sobre las leyes que rigen el universo. Como su autor nos explica al principio de la obra, solo hay una ecuación en el libro (E = mc²) y su intención es que todos los lectores puedan comprenderlo todo, aunque hay cosas que yo creo que ni los astrofísicos entienden…

Atlas del cielo, VV. AA., traducido del italiano por Rosa Solá Maset. Otro viaje por el cielo, pero esta vez centrado en la observación del firmamento, con una buena parte de historia de la astronomía y de los viajes por el espacio, así como explicaciones sobre los aparatos y técnicas utilizados para observar los astros y una descripción de estos (planetas del sistema solar, constelaciones, galaxias, etc.), con bonitas y abundantes ilustraciones.

El Planetario de Madrid dispone de gran cantidad de vídeos grabados durante la primera ola de la pandemia de COVID-19 (programa Planetario en casa) sobre diferentes temas, expuestos por grandes especialistas en la materia. Están disponibles en su canal de Youtube y son muy, pero que muy interesantes.

La Sociedad Española de Astronomía (SEA) dispone en su página web de gran cantidad de recursos e información sobre astronomía, como las universidades que ofrecen estudios sobre el tema, actividades de divulgación, noticias sobre actualidad astronómica y otros recursos interesantes.

Miriada X ofrece un curso en línea gratuito, siempre abierto para consulta, que se llama Desentrañar el firmamento, impartido por Javier Bussons Gordo, astrofísico de la Universidad de Murcia. Lo he hecho y me encantó. Muy recomendable.

EdX también tiene un curso en línea gratuito sobre astronomía que se llama Astronomía virtual, impartido por Guillermo Goldes, doctor en Astronomía de la Universidad de Córdoba, Argentina. Lo acabo de empezar y es fascinante. Muy recomendable también.

¡La quintaesencia nos ha llevado muy lejos, tan lejos como a los confines del universo! La astronomía y la astrofísica son temas fascinantes en los que hay que introducirse poco a poco, ¡hasta llegar a los libros de Stephen Hawking y otros físicos teóricos, muy interesantes pero más difíciles!

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Los lugares de Pitágoras

Pitágoras me resulta un personaje fascinante, quizá porque las fuentes que hablan de él no nos cuentan todo lo que nos gustaría saber y porque no se conoce ningún escrito suyo. De todos modos, nos ha llegado bastante información, la suficiente para saber que era un gran filósofo y maestro, y también que viajó mucho, siempre con la idea de adquirir conocimientos en los lugares más variados. Y es que viajar, también hoy, es esencial para mantener la mente abierta y conocer diferentes maneras de ver el mundo. Me propongo pasar revista a algunos lugares a los que dicen que viajó Pitágoras, para ver lo que pudo encontrar allí. ¡Vamos a ver si sale un viaje que se pueda hacer, cuando el maldito SARS-CoV-2 nos lo permita! ¡Una fantástica vuelta por el Mediterráneo!

¿A qué fuentes podemos recurrir para leer sobre Pitágoras? Las fuentes clásicas son las esenciales, de donde chupan las biografías modernas. Porfirio escribió Vida de Pitágoras; Jámblico escribió Vida pitagórica; Diógenes Laercio escribió una gran obra titulada Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, en cuyo libro VIII habla de Pitágoras y los pitagóricos. Estas son las tres fuentes principales, pero tenemos algunas obras actuales, como Pitágoras, de Peter Gorman, traducido por Dámaso Álvarez, muy recomendable, aunque quizá difícil de encontrar. Buscando información sobre Pitágoras, di con una novela muy bien documentada que se llama El asesinato de Pitágoras, de Marcos Chicot, fascinante.

Los viajes de Pitágoras nos llevan a diferentes lugares, donde se instruyó y en los que vivió y fundó su escuela, todos cerca de las orillas del Mediterráneo, donde se encuentra la ciudad de salida, Barcelona, ¡cuando se pueda volver a viajar!

Samos – En esta isla griega del mar Egeo, muy cerca de la actual costa turca, nació Pitágoras y aquí vivió los primeros años de su vida, pero ¿cómo es ahora? De entrada, la ciudad de la antigüedad no se encuentra en el mismo lugar que la actual, así que podemos visitar las ruinas de la Samos pitagórica. La moderna capital de Samos (Vathi) se encuentra en la parte nororiental de la isla, mientras que la antigua está en la parte sudoriental. Se conservan interesantes restos arqueológicos cerca de la antigua capital, como el puerto, el templo de Hera, la muralla, el túnel de Eupalino… El museo arqueológico también es interesante. Aparte del aspecto arqueológico, la isla tiene hermosas playas, rutas de senderismo por bonitos lugares y hermosos pueblos para callejear. La isla tiene un aeropuerto internacional, así que es fácil llegar a ella.

Tiro – Esta ciudad de origen fenicio, fundada en el III milenio a. C., se encuentra en el actual Líbano, a orillas del Mediterráneo, y de allí procedía el padre de Pitágoras, que era mercader. Se cree que viajó a Tiro con su padre y allí adquirió una parte de sus conocimientos. Fue la principal ciudad de los fenicios, es decir, un importante centro de comercio en la Antigüedad; se encontraba en parte en una isla y en parte en el continente. Fue conquistada por Alejandro Magno, no sin una gran resistencia. Hoy es una ciudad moderna con sus grandes bloques de pisos, pero conserva interesantes ruinas de la época griega, romana y bizantina (Al-Bass, Al-Mina).

Mileto – Parece ser que Pitágoras también visitó esta antigua ciudad griega de la costa de Asia Menor, en la actual Turquía, de donde eran originarios otros grandes filósofos, como Tales, Anaximandro (maestros de Pitágoras) y Anaxímenes, así como Aspasia. En el siglo VI a. C., estos tres filósofos fundaron la escuela de Mileto, origen de la filosofía, un buen motivo para visitarla en aquellos tiempos, puesto que era un centro importante de conocimiento. Se conservan sus ruinas de época grecorromana (teatro, puerto de los Leones, termas de Faustina, Delfinión, etc.), cerca de la pequeña localidad turca de Balat. Existen otros centros arqueológicos interesantes en las localidades cercanas de Priene y Didyma.

Menfis – Esta antigua ciudad egipcia tampoco existe en la actualidad, solo sus ruinas, pero, en su conjunto arqueológico, se pueden visitar importantes restos del antiguo Egipto, como las pirámides de Giza, Abusir, Saqqara, Dahshur, etc. Se encuentra cerca del inicio del delta del Nilo y al lado de la actual El Cairo. Fue la antigua capital del Imperio Antiguo de Egipto, antes de que esta pasara a Tebas. Aparte de las grandes pirámides y las escasas ruinas de la ciudad antigua, se puede visitar el museo al aire libre. Por supuesto, se impone una larga visita a El Cairo.

Crotona – Nos encontramos ahora en la actual Italia, en el sur, concretamente en la región de Calabria. En la época de Pitágoras, Crotona era una colonia griega, fundada por los aqueos a finales del siglo VIII a. C. Era un importante centro urbano y cultural, donde Pitágoras estableció su escuela filosófica, de la que surgieron otros filósofos pitagóricos. Parece ser que el filósofo tuvo una gran influencia política en el gobierno de la ciudad, aunque al final se produjo una revuelta contra él y fue expulsado. Cuenta con varios museos, entre ellos el Museo de Pitágoras, que valdría la pena visitar.

Metaponto – Pertenece a Bernalda, que se encuentra también en el sur de Italia, en el municipio de Matera, en la región de Basilicata. Era una ciudad griega fundada también por los aqueos, seguramente en la misma época que Crotona. Parece ser que Pitágoras huyó a esta ciudad cuando su escuela de Crotona fue atacada y aquí falleció, en unas circunstancias que se desconocen. Hoy es una pequeña localidad, pero con unas interesantes ruinas griegas, que indican su importancia en el pasado. Cuenta también con un museo arqueológico. Vale la pena una visita al impresionante casco antiguo de la ciudad de Matera.

Nos ha quedado un extraordinario viaje, que puede empezar en Barcelona, pasar por Italia, Grecia, Turquía, Líbano y acabar en Egipto. No parece muy factible desde el punto de vista práctico, pero nada nos impide hacer un viaje mental o realizarlo de verdad dividido en varias etapas. ¡Claro que, si tienes un barco o un montón de dinero para alquilarlo con todo y tripulación, pues puedes hacerlo por mar, porque todas estas ciudades se encuentran en la costa mediterránea o muy cerca, como puedes ver en el mapa siguiente!

¡Soñar es gratis! Soñemos pues con los lugares que inspiraron a Pitágoras, un gran filósofo y matemático.

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Terrible espera (busca el error)

América Latina está en lo peor de la epidemia y Gio no contesta. Su cuñado murió de COVID-19, en el hospital, sin que ni siquiera le pusieran oxígeno; el hospital general ya no tenía. Gio estuvo en contacto con sus sobrinos. Laura no recuerda la edad exacta de su amigo guatemalteco, pero debe de andar por los sesenta. En el último mensaje de correo electrónico, le decía que había enfermado, pero no estaba seguro que fuera por el maldito bicho. Desde entonces, nada, ningún mensaje. Sus amigas médicas le habían dado de todo, ventajas de haber trabajado con ONG del ámbito de la salud.

—¿Qué te pasa, cariño? ¡Estás muy lejos!

—No sé nada de Gio. Me temo lo peor, Pol. No sé qué hacer.

—A lo mejor se ha quedado sin Internet. —¡Pol, optimista, qué raro!

Laura se sumerge en sus recuerdos de hace ya treinta años, cuando trabajaba en Guatemala con Médicos sin Fronteras. Estaba en una zona rural del altiplano, Todos Santos Cuchumatán, un lugar bellísimo, con una gente maravillosa y con muchas necesidades. Trescientos kilómetros cuadrados entre 1500 y 3500 metros de altitud, con una población de unas treinta mil personas, sin ningún médico. Solo cuatro coches, carros, como ellos decían. Gio trabajada en la capital como administrador y logista. Hacía de todo, desde llevar las cuentas hasta el mantenimiento de los vehículos de los diferentes programas. Era muy bueno en su trabajo, muy estricto con todo, muy exigente, muy profesional. Conducía como un loco, eso sí, pero Laura se sentía segura, a pesar de todo, cuando iba con él.

Recuerdos, recuerdos. Recuerdos de una época muy dura pero muy feliz, cuando tenía la sensación de estar haciendo algo de verdad, algo positivo por los demás. No hacía ni un año que habían estado comentando por correo electrónico el caso de Pedrito, un bebé de casi cuatro meses que solo pesaba dos kilos, un esqueleto viviente, en cuyos ojos se leía el pánico. Laura no había visto nunca algo así ni lo volvería a ver. La madre de Pedrito se había puesto enferma al nacer el bebé y no tenía leche. El padre y los hermanos lo habían alimentado con agua y azúcar, hasta que apareció en el control de niños malnutridos. La familia no quería ni oír hablar del hospital. «Allí la gente se muere», decían. Laura actuó lo más rápidamente que pudo: telegrama a la capital pidiendo leche en polvo con la máxima urgencia. Al día siguiente, tenía la leche allí. Gio se la subió, después de conducir más de seis horas. Pedrito salió adelante. Laura todavía recuerda su primera sonrisa.

Escribe otro mensaje, a ver si esta vez hay respuesta. ¿Qué hora es allí? Es de noche, habrá que esperar. «Tengo que traducir un poco», piensa. ¡A trabajar! Pasa la mañana y una parte de la tarde. De repente, clic, salta un mensaje, ¡es de Gio! Está bien, lo ha pasado muy mal, pero ya se encuentra mucho mejor, aunque muy cansado y triste. Le cuenta que muere mucha gente por allí y las noticias no son fiables, la gente tiene mucho miedo, ya no caben más enfermos en los hospitales y falta material, medicamentos, oxígeno…

Hay un error en el texto. Bueno, uno voluntario, quizá haya más, involuntarios. ¿Te apetece buscarlo? Dentro de unas semanas, la solución, con su comentario.

La construcción estar seguro/a va con la preposición de, es decir, no es correcto escribir estoy segura que, lo correcto es estoy segura de que. La Fondéu lo explica perfectamente en este pequeño artículo. Este error tiene nombre, se llama queísmo, la supresión inadecuada de una preposición, generalmente de, antes de la conjunción que, como explica el Diccionario panhispánico de dudas de la RAE, donde también encontraréis información sobre otros casos de queísmo.

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Las mujeres del Nobel

¿Habéis oído hablar del efecto Matilda? Se refiere a la poca consideración que tienen los trabajos de las científicas respecto a los de los científicos, así como a la diferencia de salario entre mujeres y hombres científicos. Muchas, muchísimas veces, se han atribuido investigaciones a los compañeros de trabajo de las mujeres que las han llevado a cabo. Matilda Joslyn Gage, una estadounidense luchadora por los derechos de las mujeres, fue la que primero habló de esta discriminación y por eso lleva su nombre. También se habla del efecto Mateo, que es atribuir el mérito de una investigación a un científico de renombre en lugar de al compañero o compañera que realmente ha realizado el trabajo.

¿Por qué os cuento todo esto? Pues porque me gustaría recomendaros un libro que traduje hace ya un par de años, en 2018. Se llama 17 mujeres Premios Nobel de ciencias, de Hélène Merle-Béral, publicado por Plataforma. Cuenta la vida de las 17 mujeres que han recibido algún Premio Nobel de ciencias (Fisiología o Medicina, Física y Química) a lo largo de la historia. A estas 17, tenemos que añadir los dos premios concedidos a mujeres en 2018, después de la publicación del libro, el Premio Nobel de Física a la canadiense Donna Strickland y el Premio Nobel de Química a la estadounidense Frances Arnold, ambos compartidos con dos hombres.

El Premio Nobel se empezó a otorgar en 1901, en cinco categorías: Fisiología o Medicina, Física, Química, Literatura y Paz. Desde entonces, se ha concedido el premio, en el total de las categorías y hasta 2018, a 814 hombres y 46 mujeres (un poco más del 5 %). Si consideramos solo las ciencias, la cosa empeora, porque tenemos 583 hombres y 17 mujeres (no llega al 3 %). Muchos de estos premios son compartidos. Todas estas personas han hecho aportaciones esenciales a la ciencia y no cabe duda de que han trabajado intensamente y han sentido pasión por su trabajo, pero tampoco cabe duda de que las mujeres galardonadas han tenido que luchar, además, en otros frentes para poder dedicarse a sus investigaciones. Algunas incluso han renunciado a la vida de familia, ante la perspectiva de no poder compaginar las dos cosas.

¿Quiénes son estas mujeres? La primera es la única ampliamente conocida, Marie Curie, francesa de origen polaco, doblemente galardonada, con el Premio Nobel de Física en 1903 por sus descubrimientos sobre la radiactividad, premio compartido con su marido, Pierre Curie, y con Antoine Henri Becquerel, y con el Premio Nobel de Química en 1911 por el descubrimiento del radio y el polonio, esta vez en solitario.

Su hija, Irene Joliot-Curiede nacionalidad francesa, recibió el Premio Nobel de Química en 1935, por sus estudios sobre la radiactividad artificial, junto con su marido, Jean-Frédéric Joliot-Curie. Gerty Cori, bioquímica estadounidense nacida en Praga, recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1947 por el descubrimiento del ciclo del glucógeno, premio compartido con Carl Ferdinand Cori, su marido, y Bernardo Alberto Houssay.

Le sigue Maria Goeppert-Mayer, estadounidense de origen alemán, galardonada con el Nobel de Física en 1963 por sus descubrimientos sobre la estructura del núcleo atómico en capas, premio compartido con Johannes Hans Daniel Jensen y Eugene Paul Wigner. Dorothy Crowfoot-Hodgkinfísica británica nacida en El Cairo, recibió el Nobel de Química en 1964, en solitario, por sus estudios de cristalografía de rayos X y bioquímica.

Rosalyn Yalowestadounidense, fue galardonada en 1977 con el Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones sobre radioinmunología, premio compartido con Roger Guillemin y Andrew V. Schlly. Barbara McClintocktambién estadounidense, recibió el Nobel de Fisiología o Medicina en 1983, en solitario, por sus estudios genéticos sobre los transposones. Rita Levi-Montalcinide origen italiano, fue galardonada con el Nobel de Fisiología o Medicina en 1986 por sus estudios sobre el factor de crecimiento nervioso, premio compartido con Stanley Cohen.

Gertrude Elion, estadounidense, también recibió en Nobel de Fisiología o Medicina en 1988 por sus descubrimientos sobre las purinas, premio compartido con George H. Hitchings y James W. Black. Christiane Nüsslein-Volhardde origen alemán, fue galardonada con el Nobel de Fisiología o Medicina en 1995 por sus descubrimientos sobre los genes del desarrollo, premio compartido con Edward B. Lewis y Eric F. Wieschaus. Linda Buck, bióloga estadounidense, recibió en Nobel de Fisiología o Medicina en 2004 por sus trabajos sobre los receptores olfativos, premio compartido con Richard Axel.

Françoise Barré-Sinoussibioquímica francesa, recibió el Nobel de Fisiología o Medicina en 2008 por su descubrimiento del VIH, premio compartido con Luc Montagnier y Harald zur Hausen. Elizabeth Blackburnaustraliana, fue galardonada con el Nobel de Fisiología o Medicina en 2009 por sus descubrimientos sobre los telómeros y la telomerasa, premio compartido con Carol Greiderestadounidense, y Jack W. Szostak.

Ada Yonathisraelí, recibió en Nobel de Química en 2009 por sus trabajos sobre la estructura de los ribosomas, premio compartido con Venkatraman Ramakrishnan y Thomas A. Steitz. May-Britt Moser, de origen noruego, fue galardonada con el Nobel de Fisiología o Medicina en 2014 por sus estudios sobre las células cerebrales que nos informan sobre nuestra posición espacial, premio compartido con su marido, Edvard I. Moser, y con John O’Keefe. Tu Youyoude origen chino, recibió el Nobel de Fisiología o Medicina en 2015 por el descubrimiento de la artemisina, un excelente tratamiento del paludismo, premio compartido con Satoshi Omura y William C. Campbell.

El libro cuenta su historia, la historia de su pasión por la ciencia, las penalidades que muchas de ellas tuvieron que soportar para poder seguir con sus investigaciones, sobre todo las primeras, y también su lucha por hacerse un lugar entre los científicos de renombre. Muchas de ellas tuvieron una vida familiar plena, que seguro que les costó compaginar con la vida laboral de investigadoras, pero siguieron adelante y lograron hacer descubrimientos que han beneficiado y benefician a toda la humanidad. ¡Bravo por ellas! ¡Bravo también por todas las que se mantienen en el anonimato! No a todo el mundo, hombre o mujer, le gusta estar en primera fila y ver su nombre en los periódicos, pero no por eso su trabajo es menos importante.

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Una traducción con muchos peces

Tengo que traducir una novela en la que el protagonista es un biólogo especializado en peces o un ensayo de biología marina o simplemente un artículo de divulgación científica sobre ictiología o quizá tengo que subtitular un vídeo sobre los habitantes del mar o del río. ¡Socorro! ¡No sé nada de peces! ¿Qué es la ictiología, para empezar? Ah, dice el DRAE que es la parte de la zoología que se ocupa de los peces, algo es algo. ¿Qué hago? ¿Digo que no? ¡Ni hablar! Pido un plazo de tiempo mayor de lo habitual, eso sí, para poder documentarme bien. ¡Acabaré siendo una miniexperta en peces y, además, lo pasaré muy bien en el proceso! ¡Faltaría más! ¡Pececitos, preparaos, que voy!

Vamos a ver primero cómo es un pez, su anatomía. Ya sé que son vertebrados, junto con los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos, o sea que tienen una columna vertebral. También sé que hay peces de formas y tamaños muy diversos. He visto peces con una magnífica simetría bilateral y otros asimétricos. Buf, esto va a ser complicado. Bueno, seguro que algo en común tienen. Sí, todos tienen una cabeza, un cuerpo y unas aletas. ¿Ah, sí? ¡Pues no! ¡Resulta que hay peces sin aletas, como las anguilas! Vamos a centrarnos en lo más frecuente. Por fuera, un pez tiene una cabeza con dos ojos, dos narinas, una boca y un opérculo  que cubre las branquias y tiene una abertura (n.º 1 en el dibujo). En la parte lateral del cuerpo, se puede observar la línea lateral (n.º 2), un órgano sensorial que le permite captar los movimientos del agua. Está generalmente cubierto de escamas, aunque no todos los peces las tienen.

Las aletas pueden ser pares o impares, y tienen diferentes nombres, según su localización: aleta dorsal (n.º 3 en el dibujo), que puede ser única o no; aletas pectorales (n.º 10); aletas pélvicas o ventrales (n.º 9); aleta anal (n.º 7); aleta caudal (n.º 6), y aleta adiposa (n.º 4). Los peces utilizan las aletas para moverse y mantenerse en equilibrio.

¿Cómo son por dentro? Los peces tienen un esqueleto, la mayoría de las veces formado por huesos, pero existen peces cartilaginosos, cuyo esqueleto es de cartílago, como los tiburones y otros. El esqueleto tiene varias partes: cabeza, columna vertebral, costillas y espinas. Ninguna sorpresa, ¿verdad? Algunos peces tienen mandíbula, otros no. Las espinas se unen a la columna vertebral y sirven de sujeción a las aletas. Por lo demás, tienen un aparato digestivo, un aparato circulatorio con un corazón de dos cámaras, un aparato excretor con los riñones, un aparato reproductor y un sistema nervioso, respiran por branquias, que se encuentran debajo del opérculo, y también tienen, casi todos, una vejiga natatoria, que les permite controlar la profundidad a la que se mueven, llenándola o vaciándola de gas. Las diferencias de estos sistemas y aparatos son grandes entre los diferentes tipos de peces, así que no podemos tratarlos de manera general.

Los peces se clasifican en tres grandes clases: agnatos o peces sin mandíbula, condrictios o peces cartilaginosos y osteictios o peces óseos. Los peces sin mandíbula son los que aparecieron primero en la evolución de los seres vivos y muchas especies ya se han extinguido; en la actualidad, hay dos grupos, las lampreas y los mixinos. Además de no tener mandíbula, se caracterizan por carecer de escamas y de aletas, y tienen una forma alargada. Su esqueleto es cartilaginoso. Son unos peces raritos, con una boca llena de ventosas (lampreas) u otras estructuras tipo tentáculos (mixinos). Los peces cartilaginosos son más abundantes; existen tres grupos: escualos, mantas y rayas. Todos los demás peces se encuentran en la clase de los peces óseos. Tendremos que estudiar con más calma cada una de estas clases, pero ya sabemos bastantes cosas.

Hemos visto que la variedad de peces es muy grande. En cuanto a tamaño, por ejemplo, el pez más pequeño es el gobio enano (Pandaka pygmaea), que no mide más de un centímetro de largo; el más grande es el tiburón ballena (Rhincodon typus), que puede llegar a los 15 metros de largo. Su forma también es muy variable; por ejemplo, las lampreas son alargadas como las anguilas, carecen de aletas y tienen una boca con ventosas, mientras que los peces erizo pueden inflarse como un globo y erizar una serie de espinas por todo el cuerpo, para defenderse de sus depredadores. ¿Y qué me decís de los caballitos de mar? ¡Pues también son peces, aunque no lo parezca!

En cuanto a la forma de reproducirse, también hay diferencias, existen peces ovíparos, ovovivíparos y vivíparos. En la mayoría de los peces, la fertilización es externa, es decir, la hembra expulsa los huevos y el macho los fertiliza una vez en el exterior; todo el desarrollo del pez tiene lugar fuera del cuerpo de la madre, en el agua. Otros peces tienen una fertilización interna, de modo que, o bien se forman huevos que eclosionan en el interior de la hembra, o bien se desarrollan los pececitos directamente en el útero de la madre, como ocurre con algunos tiburones.

Esto de los peces es todo un mundo, da para mucho estudio. Vamos a ver algunos documentos que nos pueden interesar para ampliar información. Encontraréis fácilmente glosarios muy interesantes, como estos: glosario de Domingo Lloris publicado por la Generalitat de Catalunya o el glosario de términos en acuicultura publicado por el CSIC.

Os recomiendo también los documentales de Jeremy Wade, biólogo británico que ha hecho unos documentales muy interesantes sobre grandes peces de río o sobre los grandes ríos del planeta. Me parece muy buena la serie Grandes ríos con Jeremy Wade, que emitió la cadena DMax, aunque no sé dónde se puede ver, quizá en Youtube en inglés; estudia la salud de los grandes ríos a través del tipo y la cantidad de los peces que viven en él. La serie sobre los monstruos de río también es muy interesante.

Ya veis que el tema de los peces es complicado, muy variado y muy interesante. Esta pequeña introducción es solo el principio, se puede profundizar mucho más. De todos modos, ante una traducción complicada sobre el tema, ¡es fantástico tener una amiga bióloga que te pueda echar una manita en un momento de apuro!

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El estilo del traductor

Los escritores tienen un estilo, en eso supongo que estaremos todos de acuerdo. Dice el DLE que el estilo es la manera de escribir o de hablar peculiar de un escritor o de un orador. Es la manera, consciente o inconsciente, que tiene cada uno de expresar lo que quiere decir. Es lo que nos gusta o nos disgusta de un artista. Sin duda, depende de muchos factores, entre ellos, su personalidad, su cultura, sus conocimientos, su necesidad de gustar o de disgustar, de vender mucho o lo justo, y seguro que de mil cosas más. El estilo también depende del tipo de texto, claro; no es lo mismo un artículo periodístico, un tratado de física cuántica, un libro de divulgación científica, una novela o un cómic. Cada tipo de texto tiene sus reglas básicas, pero a ellas se añade el estilo del autor, siempre.

¿Qué pasa con el traductor? Pues lo mismo. Los traductores escriben lo que traducen y tienen su propio estilo, por supuesto. El estilo del traductor también depende de muchos factores, desde luego, como en el caso del escritor. Mi forma de ser, lo que he aprendido en la vida y lo que la vida me ha enseñado, mis gustos, mis pasiones, mis odios, todo lo que soy influye en mi manera de traducir, como influye en todo lo que hago y digo. ¿Es eso malo? Noooo, es el estilo del traductor. Y debe respetarse, de la misma manera que se respeta el estilo del escritor. No debe respetarse solo porque la traducción la firma un traductor y la ley así lo dice, sino también y sobre todo por respeto a la propia persona, por el respeto que merecen todos los seres humanos, absolutamente todos.

Si un traductor traduce «Pierre a commencé à marcher» por «Pierre ha empezado a caminar», ¿tiene algún sentido que un revisor, corrector o editor lo cambie por «Pierre ha comenzado a caminar» o por «Pierre ha empezado a andar» o por «Pierre ha comenzado a andar»? ¿Es que su frase es incorrecta? ¿Entonces? A mí, me parece una falta tremenda de respeto hacia el traductor. Todos traducimos de manera diferente, pero no por eso la traducción está mal. Los buenos revisores y correctores lo saben perfectamente y actúan en consecuencia; nada les gusta más que no tener que tocar ni una letra. Pueden hacer sugerencias, si les parece que una frase se puede mejorar, algo que los traductores agradecen mucho, desde luego, pero no se puede cambiar algo sin que el traductor lo sepa. Un traductor debe poder leer su traducción recién salida del horno y que lleva su nombre sin sentir que aquello no lo ha escrito él, sin reconocerse en su traducción. Por eso, es muy importante que no se cambie nada sin su permiso.

Como muestra, vamos a ver la primera frase de varias traducciones de Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Es una frase sin ninguna complicación, sin embargo, ningún traductor la traduce de la misma manera. ¡No hablemos de las diferencias que pueden existir cuando la frase tiene alguna complicación, del tipo que sea! Primero, veremos esta frase en francés y luego tres traducciones.

«Nous étions à l’Étude, quand le Proviseur entra, suivi d’un nouveau habillé en bourgeois et d’un garçon de classe qui portait un grand pupitre. Ceux qui dormaient se réveillèrent, et chacun se leva comme surpris dans son travail.»
Gustave Flaubert

«Estábamos en la clase cuando entró el director, seguido de un novato con traje dominguero, y de un mozo cargado con un pupitre. Los que dormían se despertaron, y todos nos pusimos de pie, fingiendo haber sido sorprendidos en nuestro trabajo.»
Traducción de Juan Rius Vila

«Estábamos en el estudio cuando entró el director seguido de un alumno nuevo, con un atuendo pueblerino, y de un mozo que traía un enorme pupitre. Los que dormitaban se despertaron, y todo el mundo se sobresaltó, como a quien lo interrumpen en la tarea.»
Traducción de María Pilar Ruiz Ortega

«Estábamos en el Estudio cuando entró el director, seguido de un nuevo vestido de calle y de un mozo que traía un gran pupitre. Los que dormían se despertaron, y todos nos pusimos de pie como sorprendidos en nuestro trabajo.»
Traducción de Mario Armiño

Podríamos incluir otras traducciones, que las hay, seguramente diferentes, pero creo que es suficiente con estas. Las tres son distintas, a pesar de que la frase es bastante sencilla, si eso existe en traducción. Seguramente, vosotros lo traduciríais de otra manera y quizá yo también. Si se ajustan al original y no tienen errores, creo que todas son respetables y deben respetarse. No hacerlo es como arrancar al traductor un pedacito de su carne, quitarle algo muy suyo.

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El traductor polímata

Polímata y polimatía. ¿Conocéis estas palabras? Están en el DLE, así que es fácil averiguar que un polímata o una polímata es una persona que tiene grandes conocimientos en campos diversos del saber. Digamos que se trata de un multiexperto, un sabelotodo, hombre o mujer, claro está. Por ejemplo, alguien que dominara la astronomía, la antropología y la biología sería un polímata. No vale con ser un aficionado, hay que ser un experto en todas, sean las que sean, aunque se limiten a dos disciplinas.

Conocemos a polímatas famosos, como Hipatia de Alejandría, que destacó en filosofía, astronomía y matemáticas en la escuela de Alejandría del siglo IV-V. Leonardo da Vinci no solo era un gran pintor y escultor, sino también un excelente poeta, inventor, ingeniero, arquitecto, botánico, anatomista, filósofo y no sé cuántas cosas más. Wolfgang von Goethe, además de escritor, estudió botánica, física y mineralogía, y escribió sobre estas disciplinas científicas. Mary Somerville fue matemática, pero dominaba también la astronomía, la botánica y la geografía, y escribió obras cuyo objetivo era popularizar estas ciencias; también tradujo el Tratado de mecánica celeste de Laplace. En la actualidad, es muy difícil ser un experto en más de un campo de las ciencias o las humanidades, aunque hay personas que lo consiguen.

Nosotros, los traductores, sobre todo los literarios, estamos obligados por nuestro trabajo a tener conocimientos en un máximo de campos, porque nos podemos encontrar con cualquier cosa en la traducción de un ensayo, una novela, un cómic o un simple documento. Una novela de lo más inocente puede tener como protagonista a un ingeniero aeronáutico o un físico. Para poder traducir bien la manera de expresarse de este especialista, si es necesario, sería bueno que conociéramos un poco esta especialidad. Somos expertos en la búsqueda de información, eso sí, pero a veces se nos escapan cosas o no tenemos tiempo de buscar tanto como nos gustaría. Por eso, lo ideal es leer y estudiar siempre todo tipo de cosas. El traductor es o debería ser el eterno aspirante a polímata, el curioso innato, el que mete las narices en cualquier disciplina. No conseguiremos la excelencia en todos los campos, pero podemos tender a ella.

Yo siempre tengo problemas con la especialización que nos recomiendan tantas veces. Vale, sí, hay que especializarse, algunos incluso dicen que hay que superespecializarse, para ofrecer una buena calidad a nuestros clientes. Muy bien. ¿Y qué pasa si a mí me gustan muchas cosas? Soy médico y traductora, ¿tengo que especializarme en las enfermedades de la segunda neurona empezando por la izquierda de la tercera capa de la retina? ¡Me horroriza eso! Sería la única, eso puede ser, si se hubieran descrito enfermedades de esa neurona, pero ¿disfrutaría traduciendo siempre sobre esto? Eso ya es otro tema. ¡Acabaría más que harta de la neuronita! ¿No puede gustarme la astronomía o la historia? ¿No puedo deleitarme con la traducción de una novela de Ken Bugul? ¿No puedo traducir sobre aves o sobre peces? ¿No puedo dedicarme a traducir y también a subtitular? ¡Pues claro que sí, puedo hacer lo que quiera, solo tengo que encontrar los clientes adecuados. No soy polímata, pero sí muy curiosa.

¡Adelante, traductores aspirantes a polímatas, aprended de todo un poco! ¡O un mucho! Eso sí, adorad a los especialistas, porque los necesitaréis en muchas ocasiones para que os ayuden a llegar adonde no podéis llegar solitos. Son imprescindibles. ¡Y adorables!

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Procariotas y eucariotas

Si consultamos el Diccionario de términos médicos, veremos que estos dos términos, procariota y eucariota, pueden actuar como sustantivos o como adjetivos. Como adjetivos, podemos utilizarlos de varias maneras: podemos hablar de célula procariota o de organismo procariota, y también de célula eucariota o de organismo procariota. Como sustantivos, hablamos de un procariota o de un eucariota. Como vemos, el adjetivo es invariable en género, empleamos el mismo término (procariota o eucariota) para las células (sustantivo femenino) y para los organismos (sustantivo masculino). El sustantivo, por su parte, es masculino, a pesar de su terminación. También existe el adjetivo «procariótico/a» que, en este caso, tiene género femenino y masculino.

¿Qué es una célula procariota? Es una célula digamos que no tan compleja como una célula eucariota, cuyo material genético (un solo cromosoma, en general) no está dentro de un núcleo con su membrana nuclear, sino simplemente en el centro de la célula, en lo que recibe el nombre de nucleoide, en comunicación directa con el resto de la célula. Tampoco tiene mitocondrias ni plastos. La mayoría de los procariotas son unicelulares, pero existen algunos procariotas pluricelulares. Hay dos tipos de células procariotas: las arqueas y las bacterias.

¿Qué es una célula eucariota? Es una célula más compleja, que tiene un núcleo en el que está encerrado el material genético (ADN). Una célula eucariota puede ser un organismo por sí sola, como en las algas unicelulares o los protozoos, o formar parte de un organismo pluricelular, como en las plantas o los animales. Tiene mitocondrias en el caso de las células animales y vegetales, y plastos en el caso de las células vegetales. Las células del organismo humano son eucariotas.

Es muy interesante estudiar la evolución de la célula desde la que se considera la primera célula, origen de las demás. Esta primera célula, hipotética, puesto que no existe ya, se ha llamado LUCA (last universal common antecesor), es decir, el último antepasado común universal. A partir de ella, todas las demás células proceden de la división de otra célula.

También es muy interesante estudiar cómo es una célula procariota (una bacteria, por ejemplo), cuántos tipos de bacterias existen, cómo se reproducen, cómo obtienen la energía que necesitan para moverse y realizar todas sus funciones, qué formas tienen, cómo se agrupan entre sí, de qué elementos externos disponen, etc. Lo mismo para las células eucariotas, como las nuestras, con su increíble variedad de formas y funciones (hepatocitos, neuronas, células vegetales…), con sus orgánulos intracelulares, su fascinante forma de reproducirse y de producir las proteínas y la energía que necesitan para vivir.

Os recomiendo un par de lecturas complementarias: Atlas de histología animal y vegetal. La célula, de Manuel Megías, Pilar Molist, Manuel A. Pombal. Además de información general sobre la célula e imágenes, encontraréis la historia del descubrimiento de la célula y una amplia bibliografía sobre el tema. En este artículo de la revista Química viva, «Las bacterias y nosotros, tan diferentes… y tan parecidos. Mitos y verdades de las diferencias entre eucariotas y procariotas», de María Julia Pettinari, podréis leer una interesante disertación sobre las diferencias entre estos dos tipos de células, con sus excepciones. Si no conocéis un poco el tema, leedlos despacito, ¿vale? También podéis ver este vídeo, que explica de forma sencilla cómo son las células procariotas y eucariotas.

¿Cómo llaman a todo esto los franceses? A los traductores, también nos interesa:

¡La biología es fascinante!

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La triple anamnesis (busca el error)

—¿Qué estás leyendo, princesa? —pregunta Pol.

—Pues un ensayo sobre Platón. Se llama La verdad está en otra parte, de Eduardo Acín Dal Maschio. Ya sabes que la filosofía me interesa, aunque me cueste entenderla —le contesta Laura.

—Seguro que has hecho uno de tus descubrimientos.

—Pues sí. He descubierto que la palabra «anamnesis» no solo la utilizan los médicos —dice Laura.

—Ahhhhh. Bueno…, yo me voy a preparar un cafecito. Te dejo con tus filósofos.

¡Huye! ¡El muy cobarde! Le tiene pánico a que Laura decida explicarle con todo lujo de detalles qué significa esta palabra para los médicos y para los filósofos. Nooooo, eso no, es insoportable para él; pero Laura es traductora y las palabras son lo suyo, las adora. Por eso, ahora siente una necesidad imperiosa de saber más sobre la palabra «anamnesis», que también utilizaba Platón.

Sabe muy bien que los médicos emplean esta palabra para designar el interrogatorio al paciente que forma parte de la historia clínica. En este interrogatorio, el médico le pide al enfermo que le explique sus dolencias, cómo empezaron, cómo son, qué otras patologías ha tenido. Todo esto de manera ordenada y con todo detalle. Piensa que tiene que hacer una entrada en el blog sobre el tema.

Para Platón, el significado tenía que ser diferente. ¿Qué es la anamnesis para la filosofía? Investiga y se da cuenta de que Platón utilizaba esta palabra en el sentido de «reminiscencia», de «recordar». Para él, saber es recordar, porque el alma es inmortal y sabe. Cuando el alma se encarna, olvida, pero puede recordar. Esto es la anamnesis.

¡Claro! Laura busca la etimología de la palabra y se da cuenta de que «anamnesis» es una palabra de origen griego que justamente significa ‘recuerdo’. Se siente satisfecha; ha aprendido algo interesante hoy. En realidad, la medicina también la utiliza en el sentido de recordar los síntomas, la historia de la enfermedad, los antecedentes personales y familiares. El médico le saca ese recuerdo al paciente con sus preguntas. ¡Seguro que ese es el sentido!

Descubre también que la religión cristiana utiliza esta palabra para designar el recuerdo de lo que Dios hizo por el ser humano, en sentido amplio. En un sentido más restringido, es una parte de la liturgia, de la misa, después de la Consagración, que rememora la pasión y la resurrección de Jesucristo. Los cristianos siguen las palabras de Jesús: «Haced esto en memoria mía».

Pol ya se ha tomado su cafecito descafeinado y regresa al sofá donde ella se encuentra. ¿Querrá ver un rato la tele? Ya son las diez de la noche. ¡Le propondrá algo filosófico, aprovechando que hoy tiene el control del mando a distancia!

—Pol, ¿qué te parece si vemos algún episodio de la serie Merlí. Los peripatéticos? El segundo episodio, la clase sobre Platón.

—¡Oh, no!

—Es cortito, cariño, y yo tengo el mando hoy. Después, podemos ver una de las tuyas, ¿vale?

—Vale, podrías poner Elementary, pero no te duermas, ¿eh?

—No, no, claro que no.

Se dormirá, seguro. Es como si su mente tuviera el recuerdo (la anamnesis) de esas series de policías, que casi siempre siguen el mismo esquema. Laura se duerme a los dos minutos, si llega. Por más esfuerzos que haga, no consigue mantenerse despierta.

Hay un error en el texto. Bueno, uno voluntario, quizá haya más, involuntarios. ¿Te apetece buscarlo? Dentro de unas semanas, la solución, con su comentario.

Este es el error: la palabra patologías está mal empleada. Como vimos en esta entrada, no debe hablarse de patología cuando se trata de enfermedad. La patología es el estudio de las enfermedades o también el conjunto de enfermedades que afectan a un órgano, un sistema o un aparato (patología renal, por ejemplo). No podemos decir que tal enfermo tiene una patología; los enfermos tienen enfermedades; en la universidad, se estudia patología.

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