Utilidad de la traducción asistida para el traductor literario

Los traductores literarios suelen utilizar poco o nada las herramientas de traducción asistida (no automática, que eso es algo muy diferente), como Trados, memoQ, Wordfast, Déjà Vu, Omega T, etc., en parte por desconocimiento, pero sobre todo porque no creen que pueda aportarles nada, ninguna mejora en su trabajo diario; después de todo, una novela o un ensayo no tienen frases repetidas que después salgan ya traducidas, como ocurre con un catálogo u otro tipo de textos comerciales; pero la traducción asistida por ordenador (TAO) tiene otras ventajas que sí son interesantes para el traductor literario, como vamos a ver.

Repasemos primero el funcionamiento de estos programas. Todos se basan en la creación de una memoria de traducción, que simplemente es un archivo en el que se han creado parejas de frases, llamadas unidades de traducción: la frase en la lengua que se está traduciendo y la frase traducida por el traductor humano (no se trata de traducción automática). Esta memoria se utiliza en la misma o en otras traducciones, de manera que, si alguna unidad ya se ha traducido antes, el programa la presenta ya traducida y no hay que teclearla. Si la frase guardada en la memoria y la frase de la nueva traducción (ambas en la lengua de origen) no son exactamente iguales, pero se parecen en un porcentaje predefinido, el programa nos presentará la traducción de que dispone, pero la marcará para que el traductor sepa que hay algo diferente que deberá cambiar para adaptarlo a su original actual. Veamos la apariencia de uno de los programas más conocidos, Trados Studio.

La pantalla de trabajo está dividida en dos: a la izquierda, el texto original en francés, no modificable, a la derecha, el mismo texto, puesto que no tenemos ninguna memoria que nos presente la traducción ya hecha. El texto está separado en segmentos numerados. La parte derecha será la de traducción.

Hemos traducido los primeros segmentos y los hemos validado, con lo cual han quedado guardados en la memoria y ha aparecido un lápiz verde que indica que ya está listo; si en esta u otra traducción en la que apliquemos esta memoria vuelve a salir un segmento en francés igual o muy parecido (en un porcentaje de semejanza que podemos configurar), el programa nos lo presentará en español a la derecha, ya traducido.

Hasta aquí, no parece que un traductor literario se pueda sentir demasiado atraído por las herramientas TAO. ¿Qué ventajas tiene? Veamos las principales:

  1. El texto original y la traducción están en la misma pantalla: no hay que pasar la mirada del libro a la pantalla continuamente.
  2. El libro está dividido en segmentos (frases, títulos…), con lo cual es muy difícil saltarse algún trozo y no traducirlo, algo que ocurre con mucha frecuencia en traducción de libros, como muy bien saben los revisores.
  3. Las palabras que no hay que traducir, como nombres propios de personas, lugares, fechas, números, etc., ya están escritas y no tenemos que teclearlas, con el consiguiente riesgo de errores si se trata de palabras extrañas. Resulta muy útil en caso de ensayos con una bibliografía muy extensa, pues solo tendremos que traducir alguna palabra y añadir la referencia a la traducción al español, en caso de que exista.
  4. Podemos saber en cualquier momento cómo hemos traducido anteriormente una palabra en este mismo texto o en otro reflejado en la memoria, simplemente seleccionando esta palabra en el texto de la izquierda y dándole a F7 (u otra tecla, según el programa). En el recuadro en blanco superior, aparecerá la pareja de frases (francés y español) en la que se encuentra esta palabra, todas las veces que esté en la memoria.
  5. Nos aparecerán ya traducidos los títulos de los diferentes capítulos la segunda vez que aparezcan: a la hora de traducir el índice, si lo traducimos al final, o en cada capítulo, si hemos traducido primero el índice.
  6. Si el libro está dividido en capítulos simplemente numerados (capítulo 1, capítulo 2…), solo tendremos que traducirlo la primera vez, puesto que los números los pondrá automáticamente el programa.

Estas ventajas se obtienen con un conocimiento mínimo del funcionamiento del programa, pero hay más. Podemos asociar bases de datos terminológicas y diccionarios, por ejemplo.

El inconveniente es la necesidad de disponer del original en formato electrónico, aunque siempre se puede escanear el libro, si se dispone de algún tiempo.

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4 respuestas a Utilidad de la traducción asistida para el traductor literario

  1. Raquel dijo:

    Muy interesante el análisis de las TAO como instrumentos de ayuda para la traducción literaria.

  2. Anna dijo:

    Totalmente de acuerdo con el análisis, aunque yo soy de Wordfast… Sólo añadiría que, en el momento de revisar la traducción, es importante «compensar» en cierta manera las características del programa (por ejemplo, si hemos segmentado por frases, prestar especial atención a cómo quedan los párrafos, porque es más fácil perder visión de conjunto).

  3. Nuria Viver dijo:

    Tienes razón. Yo lo que hago es traducir con el libro delante, justamente para no perder la visión de conjunto. Muchas gracias por tu aportación.
    Un abrazo.
    Nuria

  4. Pingback: Guía de software para traductores (3) - Blarlo

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