Los traductores de Crimen y castigo, de Dostoievski

Siempre es un placer releer una gran obra literaria, y Crimen y castigo es una de mis preferidas. Tras la lectura, se me ocurrió estudiar un poco las diferentes traducciones de esta magna obra escrita en ruso por Fiodor Dostoievski. Para empezar, resulta que muchas de las traducciones no se han hecho a partir del ruso, sino de otras lenguas, como el francés, el inglés y hasta el alemán. ¡Qué horror! Aun así, los traductores de la obra directamente del ruso son muchos: Rafael Cansinos Assens, Julián Alemany Zaragoza, Mariano Rodríguez Tudela, Montserrat Oromí, Augusto Vidal, Sergio Hernández-Ranera, Isabel Vicente, Fernando Mata Saez, J. Zambrano Barragan, José Laín Entralgo et al., F. Ramón G. Vázquez, Vinicio León Mancheno, José Fernández, Rodolfo Arias, Esperanza Cairó, Juan López Morillas, Juan Alarcón Benito y Eusebio Heras. Una apabullante mayoría masculina, ¡curioso!

Hay traducciones para todos los gustos, buenas y no tan buenas. Resulta interesante analizar las diferencias entre unas y otras, a veces muy importantes. Como por desgracia no conozco la lengua rusa, no puedo valorar la fidelidad de la traducción. En realidad, solo puedo comparar las traducciones, lo cual me permite descubrir los puntos en los que puede haber dificultades, puesto que las versiones difieren. Es un ejercicio interesante, que he podido hacer gracias a las bibliotecas de mi ciudad.

He elegido un fragmento del libro, el que considero el centro de la obra, es decir, el momento en que Raskolnikof, el protagonista, mata a la anciana. Las diversas traducciones de este fragmento me han permitido valorar la manera de traducir de cada uno. El gran problema que tengo es que no me gusta nada de nada criticar a un traductor, nunca he soportado esas comunicaciones en congresos que se dedican a «fusilar» una traducción, o lo que es lo mismo a un traductor, así que lo tengo difícil. Creo que todos lo han hecho lo mejor que han podido, según sus conocimientos y las circunstancias del momento en que escribían, así que me limitaré a transcribir el fragmento en cuestión para que juzguéis vosotros mismos.

Traducción de Julián Alemany Zaragoza, Ed. Bruguera, 1966: «No había un momento que perder. Tiró del hacha, la blandió con las dos manos, casi maquinalmente, y sin esfuerzo la dejó caer sobre la cabeza de la vieja, por el lado opuesto del filo. En aquel momento, toda su fuerza parecía ausente; pero al dejar caer el hacha, la fuerza le renació.

»Según su costumbre, la vieja iba destocada. Sus pocos cabellos, castaño claro con hebras blancas, untados de aceite como siempre, estaban trenzados y sujetos sobre la nuca con un pedazo de peine de asta. El golpe había caído exactamente sobre la nuca de la anciana, debido principalmente a su pequeña estatura. Lanzó un grito, muy débilmente, y cayó al suelo como un fardo, aunque aún tuvo fuerzas para alzar los brazos a la cabeza, mientras que en una mano sujetaba la prenda fuertemente. Raskolnikov golpeó de nuevo con el hacha, y aún una tercera vez, en plena nuca de la vieja. La sangre brotó a borbotones y el cuerpo quedó exangüe. El homicida retrocedió y, viéndola inmóvil, se inclinó sobre su víctima: estaba muerta. Sus ojos, desmesuradamente abiertos, parecían salírsele de las órbitas, y su rostro estaba arrugado y deformado por la mueca de la última convulsión.

»Raskolnikov depositó el hacha en el suelo, cerca de la muerta y hundió la mano en el bolsillo del cadáver, tomando las mayores precauciones para no mancharse con al sangre que continuaba manando. Registró en el bolsillo derecho, aquel del que, en otra ocasión, la vieja había sacado las llaves. Se hallaba en plena posesión de sus facultades, no sentía mareos ni aturdimiento, pero las manos continuaban temblándole. Más tarde recordó haber sido muy prudente y haber tomado todas las precauciones para no mancharse… No le costó mucho encontrar las llaves; al igual que el otro día, estaban todas agrupadas en un llavero de metal».

Traducción de Esperanza Cairó, Ed. Zeus, 1969: «No había ahora momento que perder. Agarró el hacha, la alzó con ambas manos y la dejó caer sin esfuerzo, casi mecánicamente, sobre la cabeza de la vieja. Pero en cuanto que dio el golpe le retornó la fuerza. Según su costumbre, Alena Ivanovna iba destocada. Sus pocos rizos grises, untados de aceite, se recogían en una delgada trenza, fijada sobre la nuca por medio de un peine. El hacha le dio exactamente en el occipucio y esto fue, en parte, debido a su pequeña estatura. Apenas si inició un débil grito cayendo en seguida, como un fardo, en el suelo; no obstante, aún tuvo fuerza para alzar los brazos a la cabeza mientras que, en una mano, continuaba sosteniendo la prenda. Raskolnikov, cuyo brazo había recuperado todo su vigor, pegó entonces dos nuevos golpes, con el hacha en plena coronilla de la vieja. La sangre salió en cascada y el cuerpo se dobló sobre sí, pesadamente. En ese momento el joven se separó; en cuanto vio a su víctima en el suelo se inclinó sobre sobre su rostro: estaba muerta. Los ojos desmesuradamente abiertos parecían salírsele de las órbitas, y las convulsiones de la muerte parecían haber dado una expresión de burla a su aspecto.

»El asesino depositó el hacha e inmediatamente empezó a registrar el cadáver, tomando las mayores precauciones para no mancharse con la sangre; recordó haber visto a Alena Ivanovna, con ocasión de su última visita, sacarse las llaves del bolsillo derecho del traje. Se hallaba él en plena posesión de sus facultades; no se sentía ni mareado ni aturdido, pero las manos le continuaban temblando. Más tarde recordó que había sido muy prudente, que había tomado todos los cuidados para no mancharse. No le costó mucho el encontrar las llaves; al igual que el otro día estaban todas agrupadas en un llavero de metal».

Traducción de Rafael Cansinos Assens, Santillana, 2010: «No había un momento que perder. Él sacó del todo el hacha de debajo del paletó, esgrimióla con ambas manos, sin darse cuenta de lo que hacía, y casi sin esfuerzo, con gesto maquinal, dejóla caer sobre la cabeza de la vieja. Estaba agotado. Pero no bien hubo dejado caer el hacha cuando le volvieron las fuerzas.

»Como siempre, estaba la vieja destocada. Sus ralos cabellos blancos, diseminados y distantes, grasientos y aceitosos, también como siempre, trenzados en forma de rabo de ratón y sujetos por un pico de peina, le formaban moño sobre la nuca.

»Diole el golpe precisamente en la mollera, a lo que contribuyó la baja estatura de la víctima. En una de sus manos seguía aún teniendo la prenda. Él, a seguida, hirióla por segunda y por tercera vez, siempre con el revés del hacha y siempre en la mollera. La sangre brotó cual de una copa volcada, y el cuerpo desplomóse hacia delante en el suelo. Él se echó atrás para facilitar la caída y se inclinó sobre su rostro: estaba muerta. Las pupilas de los ojos, dilatadas, parecían querer salírsele de sus órbitas; la frente y la cara muequeaban en las convulsiones de la agonía.

»Él dejó en el suelo el hacha, al lado de la muerta, y procedió inmediatamente a registrarle los bolsillos, procurando no mancharse las manos con la sangre que chorreaba. Empezó por el bolsillo de la derecha, aquel de donde la última vez sacara ella las llaves. Conservaba toda la lucidez de espíritu y no sentía ya mareos ni vértigos; solamente las manos le temblaban aún. Más tarde hubo de recordar lo discreta y prudentemente que se había conducido, cómo había tenido buen cuidado de no mancharse… Saco enseguida las llaves; lo mismo que entonces, estaban todas juntas, en haz, mediante un solo anillo de acero».

Traducción de Augusto Vidal, Ed. Bruguera, 1984: «No podía perder ni un solo instante más. Acabó de sacar el hacha, la levantó con ambas manos sin apenas darse cuenta de lo que hacía, y caso sin esforzarse, como quien dice maquinalmente, la dejó caer de lomo sobre la cabeza. Parecía que se había quedado  sin fuerzas, mas no bien hubo dado un golpe, las recobró.

»Como de costumbre, la vieja iba con la cabeza descubierta, llevaba sus rubios cabellos entrecanos, escasos y abundantemente engrasados de aceite, como siempre, trenzados en raquítica coleta y recogidos con un trozo de peineta de cuerno mal puesta sobre la nuca. El hacha le tocó en la misma coronilla, lo que en parte se debió a la poca estatura de la vieja.

»Aliona Ivánovna lanzó un grito, pero muy débil, y se desplomó; quedó sentada en el suelo, y aún tuvo tiempo de llevarse las manos a la cabeza. Con una de ellas continuaba sosteniendo la “prenda”. Entonces él asestó varios golpes con toda su fuerza, todos con el lomo del hacha y en el cráneo. Brotó la sangre como de un vaso tumbado y el cuerpo cayó de espaldas. Raskólnikov retrocedió un paso, dejó que cayese y se inclinó inmediatamente sobre la cara de la anciana: estaba muerta; tenía los ojos muy abiertos, como si quisieran saltarle de las órbitas, la frente y la cara contraídas y desfiguradas por las convulsiones.

»Puso el hacha en el suelo, al lado de la muerta, y en seguida, cuidando mucho de no ensuciarse con la sangre que fluía, le metió la mano en el bolsillo, en el mismo bolsillo del costado derecho del que ella había sacado las llaves la última vez. Raskólnikov estaba en plena posesión de sus facultades mentales, habían desaparecido  ya las confusiones y los vértigos, pero aún le temblaban las manos. Recordó más tarde que puso en todo mucha atención y cuidado, procurando no mancharse… Sin perder tiempo, sacó las llaves, que formaban un manojo en una anilla de acero, como la otra vez».

Traducción de Sergio Hernández-Ranera, Ed. Akal, 2007: «No podía perder ni un instante más. Sacó el hacha completamente, la blandió con las dos manos y, casi sin fuerzas, sin apenas comprender lo que se disponía a hacer, casi de manera automática, la dejó caer sobre la cabeza de la vieja. En ese momento parecía no tener fuerzas. Pero nada más dejarla caer, renacieron en él.

»La vieja llevaba la cabeza descubierta, como de costumbre. Sus claros cabellos, entrecanos, ralos y espesamente untados de aceite, se entrelazaban en una trencita de rata, recogidos con un trozo de peineta de asta que sobresalía sobre su nuca. El golpe llegó hasta el mismísimo parietal, a lo cual contribuyó su corta estatura. La vieja emitió un grito, pero muy débil, y cayo bruscamente al suelo, aunque aún tuvo tiempo de llevarse las manos a la cabeza. Con una de ellas continuaba sosteniendo la «prenda». En ese instante le asestó dos golpes más en el parietal con todas sus fuerzas, con toda la cabeza del hacha. La sangre brotó como de un vaso volcado y el cuerpo cayó boca arriba. Raskólnikov retrocedió, dejó que se desplomara y enseguida se inclinó sobre su rostro. Sus ojos estaban desencajados, como si quisieran saltar de sus órbitas, mientras que la frente y toda la cara estaban fruncidas y desfiguradas debido a las convulsiones.

»Puso el hacha junto a la muerta y, procurando no mancharse con la sangre que corría, enseguida metió la mano en el bolsillo, en el mismo bolsillo derecho del que ella había sacado las llaves la última vez. Estaba en plena posesión de sus facultades mentales; la ofuscación y el vértigo ya habían desaparecido. Pero sus manos continuaban temblando. Más tarde recordó que puso mucha atención y cuidado, tratando en todo momento de no mancharse… Sacó las llaves enseguida. Como la vez anterior, estaban todas reunidas en un manojo, en un arito de acero».

Bueno, creo que ya tenemos bastantes. Vale la pena leerlas detenidamente y analizar las diferencias en algunos puntos, seguramente los problemáticos para el traductor. En todos los casos, el lector se entera perfectamente de qué es lo que ha sucedido, pero unas veces disfruta más que otras con  la lectura. ¿Por qué? Podemos valorar las diferencias terminológicas, pero también las diferentes colocaciones, es decir, las asociaciones de palabras, unas veces más acertadas que otras. La fluidez del texto es otro aspecto a tener en cuenta, aunque no sabemos cómo fluía el texto ruso, así que… El conjunto de opciones de cada traductor es lo que da al texto final su calidad.

¡Ahora, a leer a Dostoievski, que siempre aporta algo nuevo! ¡Y quizá también podemos ver o volver a ver la fantástica película La femme aux 5 éléphans, que cuenta la vida de la traductora de este gran escritor al alemán.

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48 respuestas a Los traductores de Crimen y castigo, de Dostoievski

  1. 1000y1traducciones dijo:

    Muy interesante entrada. Te felicito. Ya me picó la curiosidad sobre este tema hace unos meses y escribí algo que puede que te interese: http://1000y1traducciones.wordpress.com/2012/06/07/apadrina-una-palabra/
    Un saludo,
    Alejandra.

    • Nuria Viver dijo:

      Gracias, Alejandra. He leído tu entrada y me ha parecido muy interesante. Dostoievski es un gran escritor, desde luego, y tiene buenos traductores. La recopilación de palabras me parece una manera muy buena de recordar y aprender aspectos de la lengua que no conocemos, así que tengo abierto tu blog para echarle un buen vistazo y guardármelo en mis favoritos a lo largo del día.
      Justo ayer terminé de leer un libro que no sé si conoces, se trata de La mujer de papel, de Rabih Alameddine. Me ha encantado. Trata de la vida de una anciana solitaria libanesa, vive en Beirut, que se dedica a traducir grandes obras al árabe. No te cuento más. ¡Es encantador!
      Un abrazo.

      • 1000y1traducciones dijo:

        Hola, Nuria:
        Me alegro mucho de que te haya gustado. Tu blog ha sido un buen descubrimiento de lunes =)
        Ahora mismo añado el libro a mi cesta de la compra. ¡Me ha encantado la sinopsis! Ya te contaré cuando lo lea.
        Abrazo,
        Alejandra

      • 1000y1traducciones dijo:

        Querida Nuria:

        Ya leí tu recomendación. He pasado un tiempo precioso en compañía de ese libro. Y qué decir de la cantidad de autores y libros de los que habla. Dan ganas de leérselos todos. Muchas gracias.

    • Nuria Viver dijo:

      ¿Te refieres a Crimen y castigo, Alejandra?

      • 1000y1traducciones dijo:

        Nooo. Ese me lo leí antes de escribir mi entrada 😉

        Me refiero a La mujer de papel, de Rabih Alameddine, que me recomendaste hace unos meses en esta misma entrada. Fantástico.

      • Nuria Viver dijo:

        ¡Ya me extrañaba! Me alegro de que te haya gustado, ¡a mí también me encantó!
        Un abrazo.

  2. nanis dijo:

    Hola a todos,

    Yo me he leido la traducción de Fernando Mata y me parece muy buena. Lo estupendo es que pertenece a una colección inmensa y muy completa de literatura clásica y poesia en formato de bolsillo. Tienen de todo, tanto autores nacionales como extranjeros, os aconsejo que le echéis un vistazo, vale la pena: http://www.elparnasillo.es/

    Un abrazo 🙂

  3. justinnio dijo:

    Sólo he leído el primer párrafo de cada una de las traducciones que presentas, y sin duda la que más me gusta es la primera, la de Bruguera de 1966. Se lee con mucha claridad, no se hace tan pesado y pedante como las otras.
    En cuanto a Crimen y Castigo, hace dos o tres años intenté leerla, pero se me volvió un auténtico TOSTÓN, y pienso que quizá fue por la traducción, y eso que comparé varias, hasta decidirme con la que creí que era mejor: la publicada por editorial Juventud. Quizás algún intente de nuevo leer la obra, y si pudiese lo haría con la traducción ésa de Bruguera de 1966.

    • Nuria Viver dijo:

      La de Juventud tiene buena fama, pero no está traducida del ruso, por eso no la incluí. He leído la de Bruguera y es bastante buena. ¡Te animo a que la leas! Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

    • Olivia González de Petrini di Monforte dijo:

      Concuerdo con usted: a mí también me gustó más la de 1966; la de Bruguera.

  4. Miguel dijo:

    En verdad me llama la atención leer a Dostoyevsky, pero hace un tiempo que callo en mis manos un libro lo tuve que dejar en las primeras paginas ya que la traducción era incongruente.
    Ya no recuerdo quien era el traductor, por eso me gustaría que me dijeras abusando de tu conocimiento con las distintas traducciones, que traductor me recomiendas para leer el libro.

    Gracias de antemano.
    Un saludo.

    • Nuria Viver dijo:

      Pues es difícil. Yo te recomendaría que elijas una traducción directa del ruso. Puedes leer el fragmento que presento en la entrada en la versión de los diferentes traductores para ver cuál te gusta más. Tienes bastantes muestras de traducciones directas del ruso para poder valorar la que se adapta mejor a tus gustos. Ya sé que es un pequeño fragmento, pero te permite juzgar bastante bien.
      ¡Anímate a leer a Dostoievski, es una maravilla!
      Muchas gracias por tu comentario.

  5. Olmo Balam dijo:

    Hola, Nuria, sucede que tengo la oportunidad de comprar los cuatro tomos de Aguilar de las obras completas de Dostoievski en un gran precio. No dudo de las capacidades de Cansinos Assens pero me gustaría saber cómo evalúas su traducción frente a las de otros colegas. Saludos desde México.

    • Nuria Viver dijo:

      Es una de las dos traducciones que he leído y no es precisamente mi preferida. La otra es la de Edaf, cuyo traductor es F. Ramón G. Vázquez, pero me temo que no está traducida del ruso, por eso no la he incluido. La traducción de Cansinos Assens me parece algo anticuada, utiliza palabras, expresiones y frases un tanto extrañas, aunque es correcta y totalmente comprensible, eso sí, y tiene la virtud de ser una traducción del ruso. Quizá la editorial ha actualizado un poco el texto, no sé. Yo la compraría, si tienes esa buena oportunidad. Repásate el fragmento que he puesto antes para ver qué te parece.
      Un abrazo.

  6. Eugenio dijo:

    La traducción de Cansinos Assens, no me parece aceptable, siendo del año 2010 y tampoco se corresponde con un ruso antiguo no es el caso, Dostoievski escribe en un ruso actual para el siglo XIX, de matole y diole nada de nada.
    Yo esta obra solo la he leido en ruso, pero leyendo el parrafo en el original y las traducciones aqui presentadas la que mas me gusta es la de Augusto Vidal.

  7. Daniel dijo:

    Hola, ¿Qué opinas de la traducción de edaf?, aunque no sea traducida del ruso ¿es buena?, gracias.

    • Nuria Viver dijo:

      No la he leído, Daniel, lo siento. De todos modos, el problema de las traducciones de una traducción no es que sea buena o mala, es que muy probablemente no se ajustará al original en algunos aspectos. Yo creo que las editoriales deberían evitar hacer este tipo de traducciones. Hay excelentes traductores de ruso, así que no es necesario recurrir a una traducción de otra lengua, ¿no te parece? Quizá lo hacen porque es más barato…
      Te agradezco mucho tu comentario.
      Saludos

  8. Paquito dijo:

    Hola,

    No puedo valorar otras, pero acabo de terminar la versión de la editorial Juventud (traducción de José Fernández) y me ha encantado. Formato bolsillo, letra muy pequeña (o mejor, presbicia muy grande) y 543 páginas. De la obra en sí, qué decir, fascinante es poco, tanto que deberían otorgarle el Nobel de Literatura a título póstumo.

    Saludos

  9. Paquito dijo:

    Soy yo, nuevamente…

    En mi opinión, el hecho de que la traducción no sea directa del ruso no es, necesariamente, un menoscabo. Algunas de las que has expuesto, directas del ruso, dejan bastante que desear.

    Saludos.

    • Nuria Viver dijo:

      El problema no es si están bien escritas o no. Puede ser un texto fantástico, pero la fidelidad al original me parece esencial en una traducción y eso solo se logra con una traducción directa de la lengua en la que se ha escrito, a mi modo de ver.
      Gracias por tu comentario, Paquito.
      Un abrazo.

      • Paquito dijo:

        La de José Fernández también es directa del ruso. De hecho vivió gran parte de su vida allí.

  10. Unomás dijo:

    Me uno a la recomendación sobre la traducción de José Fernández, también directa del ruso. Es sublime.

  11. Antonio Carvajal dijo:

    Hasta ahora no me había leído este libro y por fin lo voy a hacer. Qué traducción me recomiendas?? gracias

    • Nuria Viver dijo:

      Te recomiendo que optes por una traducción directa del ruso. Puedes leer los fragmentos anteriores y decidir cuál te gusta más. No he leído el texto completo de todas, así que no puedo decirte más.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

  12. Alejandro dijo:

    LA MEJOR TRADUCCION QUE HE VISTO ES LA DE F RAMON G. VAZQUEZ, LAS DEMAS QUE HE VISTO NOS E PARECEN EN NADA, ME RESULTAN DEMASIADO FLORIDAS Y PALABRAS RIMBOMBANTES. PERO ES DE 1966 Y DIFICIL DE ENCONTRAR

    • Nuria Viver dijo:

      Muchas gracias por tu opinión, Alejandro. De todos modos, para valorar una traducción, lo que habría que hacer es comparar con el texto en la lengua original. Si el autor utiliza palabras rimbombantes, eliminarlas sería una mala traducción.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

  13. Mikhail Odinov dijo:

    De todas, considero como más pobre la traducción de Rafael Cansinos Assens, la cual me parece demasiado ampulosa, haciendo que el texto se lea con aplomo, sin vigor, y por lo tanto la obra sufre, perdiendo vitalidad. La de Julián Alemany Zaragoza, dotada de una prosa sencilla y clara (sin que esto la haga menos «artística» —todo lo contrario—), es la que mejor se presta a una lectura cómoda, y rápida en el mejor sentido de la palabra. Otra que se encuentra a ese nivel es la de Isabel Vicente, la cual transcribo a continuación a modo de aporte:

    Traducción de Isabel Vicente, Ed. Cátedra, 1996: «No se podía perder ni un momento más. Raskólnikov extrajo del todo el hacha, la enarboló con ambas manos, apenas consciente de lo que hacía, y casi maquinalmente, apenas sin esfuerzo la descargó en la cabeza por el lado de la pala. Estaba como desfallecido; pero, en cuanto descargó el hacha, renacieron sus fuerzas.

    »Como de costumbre, la vieja no llevaba nada a la cabeza. Sus escasos cabellos, rubios y entrecanos, muy untados de grasa, estaban trenzados en una coleta parecida a una cola de ratón y recogidos en la nuca bajo los restos de un peinecillo de concha. El golpe había pegado en lo alto del cráneo debido a su escasa estatura. Lanzó un grito, pero muy débil, y se desplomó de golpe, aunque todavía tuvo tiempo de levantar ambas manos hacia la cabeza. En una de ellas, tenía aún agarrada la “prenda”. Entonces Raskólnikov golpeó una vez más, y otra, siempre con la pala del hacha, siempre en lo alto del cráneo. Brotó la sangre, como de un vaso volcado, y el cuerpo cayó de espaldas. Él retrocedió, dejó que cayera del todo y enseguida se inclinó sobre su cara; ya estaba muerta. Tenía los ojos abultados, como si fueran a salírsele de las órbitas, y la frente y todo el rostro arrugados y contraídos por una convulsión.

    »Raskólnikov dejó el hacha en el suelo, junto a la muerta y procurando no mancharse de sangre, se puso a rebuscar en un bolsillo del lado derecho de donde la vieja había sacado las llaves la vez anterior. Raskólnikov estaba en su sano juicio, no sentía confusión ni vértigo, pero aún le temblaban las manos. Más tarde recordaría que había puesto mucha atención y cuidado, procurando no mancharse… Enseguida sacó las llaves; como entonces, estaban en una anilla de acero, formando un manojo.»

    ¡Saludos!

  14. Mikhail Odinov dijo:

    Dejo también la de Fernández, que tanto mencionan. También tiene una lectura fluida, como las de Vicente y Alemany Zaragoza:

    Traducción de José Fernández Z., Ed. Edaf & Ed. Juventud, : «No había que perder ni un segundo. Sacó el hacha de debajo del abrigo, la levantó con las dos manos y, sin violencia, con un movimiento casi maquinal, la dejó caer sobre la cabeza de la vieja.
    Raskolnikof creyó que las fuerzas le habían abandonado para siempre, pero notó que las recuperaba después de haber dado el hachazo.
    »La vieja, como de costumbre, no llevaba nada en la cabeza. Sus cabellos, grises, ralos, empapados en aceite, se agrupaban en una pequeña trenza que hacía pensar en la cola de una rata, y que un trozo de peine de asta mantenía fija en la nuca. Como era de escasa estatura, el hacha la alcanzó en la parte anterior de la cabeza. La víctima lanzó un débil grito y perdió el equilibrio. Lo único que tuvo tiempo de hacer fue sujetarse la cabeza con las manos. En una de ellas tenía aún el paquetito. Raskolnikof le dio con todas sus fuerzas dos nuevos hachazos en el mismo sitio, y la sangre manó a borbotones, como de un recipiente que se hubiera volcado. El cuerpo de la víctima se desplomó definitivamente. Raskolnikof retrocedió para dejarlo caer. Luego se inclinó sobre la cara de la vieja. Ya no vivía. Sus ojos estaban tan abiertos, que parecían a punto de salírsele de las órbitas. Su frente y todo su rostro estaban rígidos y desfigurados por las convulsiones de la agonía.
    »Raskolnikof dejó el hacha en el suelo, junto al cadáver, y empezó a registrar, procurando no mancharse de sangre, el bolsillo derecho, aquel bolsillo de donde él había visto, en su última visita, que la vieja sacaba las llaves. Conservaba plenamente la lucidez; no estaba aturdido; no sentía vértigos. Más adelante recordó que en aquellos momentos había procedido con gran atención y prudencia, que incluso había sido capaz de poner sus cinco sentidos en evitar mancharse de sangre… Pronto encontró las llaves, agrupadas en aquel llavero de acero que él ya había visto.»

    He quedado sorprendido con lo mal que puede sentar una traducción «a la académica», es decir, cuando son aquellas que se prestan a los adornamientos innecesarios, o que intentan reproducir el texto del idioma original de la manera más directa posible, siendo que de esta forma la lectura se hace engorrosa, ya que los fraseos entre dos idiomas son siempre distintos.
    Es de notar que Dostoievski, en el ruso original, escribía de una forma muy simple, clara, y fácil de leer, ya que consideraba como el deber de la prosa mostrar claramente ante las personas reflexiones profundas acerca del comportamiento humano (hay una mención evidente de esto al principio de una obra suya, «Humillados y ofendidos»); era ésto, y no una florida exposición del dominio ortográfico y gramatical, lo que generaba el verdadero valor artístico en la literatura.
    En todas sus novelas, a su vez, el relator siempre se burla de todos aquellos personajes que escriben cartas de forma demasiado ampulosa, como buscándose los calificativos de «cultos y refinados», cuando terminan por conseguir exactamente lo contrario, al menos ante los ojos de los personajes inteligentes, quienes no necesitan demostrarlo por medios tan poco originales…
    La ironía, al parecer, desconoce el paso del tiempo.

    • Nuria Viver dijo:

      Muchas gracias de nuevo por enriquecer esta entrada.
      Estoy totalmente de acuerdo contigo, la traducción debe reflejar no solo lo que dice el original, sino también su estilo. Si el estilo del original es simple, la traducción debe ser simple; si el original es ampuloso, la traducción también; si el original es aburrido, la traducción también. Creo que esto es lo realmente difícil de la traducción literaria, encontrar el tono y el estilo del original, no caer en el error de “corregir” al autor.
      Un abrazo.

      • Mikhail Odinov dijo:

        Estoy de acuerdo contigo, Nuria.

        A mi modo de ver, son dos formas de abordar una traducción. La primera intenta hacer justicia al autor; la segunda hace del traductor un «segundo autor». Creo que ambas son válidas mientras estén bien hechas, ya que tienen sus méritos: una nos permite entender la obra original como el autor quiso (y por lo tanto no darle menos o más mértios de los que merece), y la otra nos brinda algo nuevo, que si está bien logrado, se transforma en un magnífico aporte a la literatura, y el lector ávido a la investigación literaria tarde o temprano descubrirá que ha sido el traductor a quien debe procurarle las ínfulas.

        Dejo como ejemplo «Memorias del subsuelo», traducido por Mariano Orta Manzano, que a partir de ciertas libertades —muy inteligentes— que decidió tomar, consiguió hacer de la traducción un texto superior al original debido al ritmo vertiginoso que cobró su versión.

  15. Te felicito por esta entrada. Justo estoy buscando una traducción de Crimen y Castigo que me guste, y creo que me decantaré por la de Julián Alemany Zaragoza o la de Sergio Hernández-Ranera, que me parecen menos pretenciosas que las de Assens, y hacen más placentera la lectura de este clásico.
    Desde ya, me tienes como lectora de tu blog 😀

  16. Andrés dijo:

    Hola, ¿Qué les parecen las traducciones que Alianza ha sacado para su colección de bolsillo?
    Tengo pensado comprar Los Demonios de esa colección, con traducción de Juan López-Morillas ¿Alguien que la conozca y me pueda compartir su opinión?

    Saludos!

  17. Mikhail Odinov dijo:

    Andrés, conozco tres traductores de «Los demonios»:

    1. Carlos de Arce, Ed. Bruguera: si bien no se trata de una traducción pobre como las de Rafael Cansinos Assens, realmente no se trata de un esfuerzo memorable; si bien la prosa no es pretensiosa, es demasiado simple y carente de fuerza. Leí un pliego entero y encontré varios fraseos, modismos y palabras que no me convencieron, por lo que decidí probar con la traducción a seguir.

    2. «Desconocido», Ed. Libertador: no figura el nombre del traductor, pero es decididamente mejor que la de Carlos de Arce. Me encuentro leyendo esta traducción actualmente, y puedo recomendarla.

    3. Juan López-Morillas, Ed. Alianza: solo pude hojear las primeras páginas sin poder notar mucha diferencia con la versión de Ed. Libertador; aún así, no puedo decir que me hice de un juicio completo, lamentablemente, por lo que puede ser un tanto mejor —o peor—. Sí leí la traducción de López-Morillas de «El doble», y la recomiendo por sobre la de Julio C. Acerete, quien es el traductor estándar, por así decirlo, de Dostoievski.

    Saludos, y espero que se de ayuda.

  18. Federico Duran dijo:

    Siendo así, cuál sería la mejor edición a adquirir en cuanto a riqueza textual y disfrute de la lectura, además (claro está) de la coherencia y cohesión textual, cuál recomendarías tú? He leído que la edición de Cátedra suelen usarla en las universidades.

    • Nuria Viver dijo:

      Pues es difícil recomendar una traducción, yo no me atrevo, sobre todo porque solo me he leído dos enteras, la de F. Ramón C. Vázquez y la de R. Cansinos Assens. De estas dos, recomendaría la primera, aunque la segunda tampoco está mal. De la demás, solo he analizado el fragmento de este artículo, para que cada uno valore lo que más le gusta. No puedo hacer lo que sería deseable en una traducción, que es comparar con el original ruso, porque no sé ruso. ¡Lástima!
      Muchas gracias por tu comentario, Federico.
      Un abrazo.

  19. Andrés dijo:

    ¿Alguien que haya leído, o tenga algún antecedente de la traducción de Los Hermanos Karamazov, realizada por Alfonso Nadal?
    Según lo que estuve investigando, tradujo las Obras Completas de Dostoievsky, desconozco la fecha exacta, pero tiene que haber sido por los años ’30.

  20. Alberto dijo:

    Muchas gracias por toda esta información. Me ha interesado tanto que llevo varios días buscando alguna de las ediciones que más me han convencido, retrasando así la lectura de una edición bastante mala que compré en una librería de segunda mano (ni siquiera aparece el nombre del traductor): Clásicos Fraile, 1981.

  21. Paco dijo:

    He leído dos veces esta novela, en versión de José López-Morillas (Alianza) y de José Fernández (Juventud). Ya peino canas y el registro del primero me resultó familiar, pero me gustó más la versión más actual de José Fernández Sánchez.

  22. Pingback: Informe: Traducciones de Crimen y Castigo, de Dostoievski – El blog de UniCo

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